14 de mayo 2024 - 5:00hs

La dirigencia del Partido Nacional buscará repetir el último fin de semana de noviembre una proeza que hace más de cincuenta años que le resulta esquiva: retener el gobierno y que un blanco –Luis Lacalle Pou – le coloque la banda presidencial a otro de los suyos.

Asumen que la tarea será harto difícil, pero mantienen el optimismo de poder lograrlo, y subrayan en conversaciones informales que viven un momento especial, con buena sintonía entre los sectores a partir de un inédito liderazgo de Luis Lacalle Pou.

Con el afán de ver esa imagen el 1° de marzo de 2025, y buscando dejar sentadas algunas reflexiones, el dirigente herrerista Tomás Teijeiro y el wilsonista Santiago Gutiérrez Silva, publicaron en los últimos días un libro titulado Blancos, razón y corazón, en el que, mediante un diálogo epistolar, recorren todo el ideario nacionalista.

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La razón, la emoción, la épica de la derrota, lo blanco y lo nacionalista –porque no son lo mismo aunque puedan usarse como sinónimos–, el wilsonismo y el herrerismo, ¿el luisismo?, la libertad y el futuro son algunos de los tópicos por los que transita el libro.

Los “ismos” blancos

El trabajo, que debe leerse como una conversación entre dos generaciones, comenzó en almuerzos pero quedó sintetizado en un intercambio de correos prologado por Facundo Ponce de León.

Allí, el filósofo aborda la importancia de tener dos “alas fuertes” a partir de una reflexión del historiador Oscar Padrón Favre. Aunque no lo nombran, los autores se explayan acerca de esos dos “ismos” que atraviesan a los blancos desde hace más de medio siglo y cuestionan que sean señalados como antagónicos cuando en realidad son cooperantes.

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Libro de Santiago Gutiérrez Silva y Tomás Teijeiro

Libro de Santiago Gutiérrez Silva y Tomás Teijeiro

Hablan de una “falsa dicotomía” que termina ubicando al herrerismo como lo negativo mientras el wilsonismo es “ese amigo que querrían tener dentro del adversario”.

“Por eso mismo, pese a los obvios, necesarios y fundamentales matices, herrerismo y wilsonismo son y serán una continuidad más de las que todos los blancos nos sentimos orgullosos”, dice el más joven de los autores en una de sus cartas. Destaca que ambas corrientes “dan vida al entramado blanco” y que “no se puede ser wilsonista sin entender, estudiar y admirar a Herrera”.

“Como no se puede ser herrerista sin haberse encandilado con el liderazgo, el coraje y el intelecto de Wilson. Es sencillamente inviable, deshonesto. Todos somos un poco y un poco”, sentencia.

Aunque concuerda con el planteo, su correligionario se despacha con críticas hacia ese afuera que los sitúa. “Todo es postureo”, dice y agrega que “lo es querer enfrentar a quien temen, y también lo es vender la moto de su empatía con Ferreira”.

“Por eso es relevante ver no solo cómo parece que nos perciben, sino cómo quieren vender que somos. Porque ahí está la trampa en la que no debemos caer”, sentencia Teijeiro.

Lacalle Pou y un liderazgo inédito

Los autores profundizan en el rol de Lacalle Pou y destacan que deben reconocerle un “papel histórico y trascendental” en la “consolidación de lo blanco” y la construcción de “unidad en la diversidad”.

“Siempre, siempre, tendió la mano y construyó puentes que sirvieron no solo para acercar sectores, sino para hacer que las distintas generaciones que convivimos en la coyuntura entendiéramos verdaderamente la naturaleza de nuestro ser: somos idea, la unión nos hará fuerza”, puede leerse en una de las cartas del actual director de la Inspección General del Trabajo.

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El presidente Luis Lacalle Pou busca pasar la página de los casos Astesiano y Marset
El presidente Luis Lacalle Pou busca pasar la página de los casos Astesiano y Marset

Como si fuera una réplica, Ponce de León dice en su prólogo que desde la muerte de Wilson los nacionalistas no tienen una figura con un liderazgo que trascienda las fronteras del partido. “(El Partido Nacional) no había logrado que alguien conectara con la población más allá de los votantes de todas las horas”, señala el filósofo y considera que la conexión es fruto de haber recuperado “el ideal de libertad que está en la génesis de la creación de Uruguay”.

Para Gutiérrez Silva, el liderazgo del hoy presidente vino a “empezar a dar por terminada” la carrera de una generación que dejó un “enorme legado tras luchar por recuperar y cimentar nuestra democracia y encaminar una nueva senda de crecimiento para el país”.

El futuro

Los autores coinciden al destacar que el modelo de gestión de Lacalle Pou logró “abrir la puerta al futuro” aunque el wilsonista plantea una agenda necesaria para los próximos años que es tomada como una “carta a los reyes magos” por el herrerista.

“Como sabrás amigo mío, los reyes son los padres”, escribe Teijeiro tras destacar que “ganaron” la batalla cultural.

A su entender, se sabe hacia “dónde hay que ir” y el problema está en la voluntad de “hacer los sacrificios necesarios”. “Al precio ya alto que debemos pagar, no podemos agregarle otros condimentos como la ceguera ideológica”, señala mientras que Gutiérrez Silva coincide en que no ha habido “ni dos ni tres modelos de país” pero sí “amplios matices” y “vocación y valentía para llevar adelante distintos cambios”.

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