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15 de junio 2024 - 12:24hs

Bastante por encima de las masas que empujaban contra las barreras policiales, Joe Brumm miraba la suelta de globos desde la ventana del quinto piso de un edificio de oficinas en Nueva York. Era el Desfile del Día de Acción de Gracias de Macy´s de 2022, y podía verse a Pikachu montado sobre un trineo; a un Yoda bebé cubierto por un pesado sobretodo; a Papá Pitufo, y a Snoopy vestido con traje de astronauta.

Luego, en algún momento, Brumm divisó una enorme perra inflable de la altura de un edificio de cuatro pisos, decorado con decenas de litros de pintura azul. Le había dedicado mucho tiempo a definir sus orejas punteagudas, las peludas cejas blancas, los ojos como platos, el hocico amarillo, su sonrisa un poco vergonzosa, esforzándose para que todo quedara bien. Ahora, allí estaba Bluey, la creación de Brumm, navegando por la Avenida de las Américas. Superada por la emoción, su esposa Suzy se echó a llorar. Brumm solo se quedó de pie. Nada podía haber sido más extraño que ver pasar a Bluey por el centro de Manhattan junto con Snoopy. "Charlie Brown Significó tanto para mí de chico", contóluego al recordar aquel momento.

Para esta generación de niños existe Bluey, el programa de TV de Brumm sobre una familia de perros pastores australianos azules y antropomórficos. Fue un éxito apenas debutó en su país en 2018. Al año siguiente, lo tomó Walt Disney Co. y luego pasó a su servicio de streaming, Disney+, donde se convirtió en un fenómeno internacional. En Estados Unidos, Bluey no sólo fue el programa infantil más visto en 2023, según Nielsen. También fue el programa con más descargas del año detrás de Suits, la serie de abogados de USA Network que está disponible en Netflix y Peacock, de Comcast.

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De Bluey sólo hay tres temporadas con unos 50 episodios cada una, pero cada episodio dura apenas siete minutos. Por lo general se refieren a Bluey, de siete años, y a su hermana Bingo, de cinco, junto con Bandit, el padre exuberante, y Chilli, la madre más aplacada. Una familia que, por ejemplo, se divierte jugando a golpear un globo para que en ningún momento toque el suelo.

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Aun así, los norteamericanos vieron 731 millones de horas de Bluey en 2023, más que NCIS, Grey's Anatomy, Gilmore Girls o esa constante de las eras de la televisión de aire, del cable y del streaming, Friends. En China, la tercera temporada de Bluey fue vista unas 100 millones de veces desde que apareció en iQiyi, el Netflix del país.

Los chicos ven casi cualquier cosa en TV, pero eso no alcanza a explicar la popularidad de Bluey. Es uno de los programas infantiles más extraños, concebido por un autor genuino, en el molde de Atlanta de Donald Glover o Succession, de Jesse Armstrong. En una era de padres ansiosos y opciones infinitas en streaming, Brumm creó una emisión que es a la vez divertida y hondamente emotiva en el retrato de cómo los niños aceptan el mundo jugando, con la ayuda de los padres, sin importar lo delirantes que sean. Al igual que los niños, los adultos de Bluey son personajes bien definidos, que abordan las dificultades propias de la paternidad, el matrimonio o la infertilidad.

El resultado es un programa con fanáticos adultos que llegan a apasionarse más que los niñitos de guardería a los que apunta. "Es como The Office hace diez años -opina Christine Alcántara, madre de un niño de cuatro años en Scarsdale, Nueva York-. Todos los padres estamos viendo Bluey". Para algunos llega a ser casi como una obsesión. Véanse los grupos de Facebook como "Bandits: el grupo de Bluey para padres", con 85.000 miembros que piden consejos sobre cómo manejar a sus propias Blueys o Bingos, por no hablar de cómo mantener conformes a sus Chillis. O los "Fans adultos de Bluey", un grupo con 450.000 miembros a los que alientan a exhibir sus tatuajes referidos al programa.

Bluey les gusta a los adolescentes, a los estudiantes universitarios y a los adultos sin hijos, que dicen encontrar calma en la serie. En TikTok hay videos de personas que ponen a sus perros reales frente al televisor y juran que Bluey los hipnotiza. El programa de Brumm también sedujo a los críticos. El New York Times consideró que Sleepytime fue uno de los mejores episodios televisivos de 2020. Rolling Stone incluyó a Bluey en la lista de las 100 mejores comedias de todos los tiempos. El año pasado un redactor de The Guardian apenas pudo contener su entusiasmo ante la llegada de nuevos episodios del programa, al que calificó de "posiblemente la mejor serie de televisión del mundo". Ahora existen peluches de Bluey, pijamas, accesorios, galletas, jugos, una línea de libros con 20 millones de ejemplares impresos en EE.UU. y dos álbumes con la banda de sonido que generaron 350 millones de descargas en el país, según la agencia de datos musicales Luminate. También hay un programa en vivo, Bluey's Big Play, que se vio en 149 ciudades estadounidenses y 65 australianas, y que a fines de año llegará a Francia, Abu Dhabi y Singapur.

Toda la adulación de la crítica, las horas de descarga, las entradas compradas, los aperitivos devorados, la montaña de productos vendida a todo el mundo se tradujo en una impresionante cantidad de dinero.

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Richard Haigh, director gerente de Brand Finance, calcula que Bluey tiene un valor de US$ 2000 millones y lo compara con Peppa Pig, el otro favorito de los peques, cuya casa matriz, Entertainment One, fue vendida a Hasbro por US$ 4000 millones en 2019. ¿Quién se queda entonces con semejante botín? El programa es dirigido y producido por Ludo Studio, una pequeña firma de Brisbane, Australia, que obtuvo varios premios Emmy pero que antes de Bluey no era conocida internacionalmente. La Australian Broadcasting Corp. aportó buena parte del financiamiento y la estrenó en TV y streaming. Pero la ABC no se queda con las ganancias. No tenía dinero suficiente para sostener el programa por su cuenta. Por eso Ludo ideó un acuerdo por el que el programa también sería financiado por entidades públicas locales y, de manera notable, por BBC Studios, el brazo comercial del BBC Group del Reino Unido.

La BBC consiguió los derechos de distribución de Bluey en todo el mundo, salvo Australia, junto con la titularidad planetaria de su licencia. Ello significó un arreglo fenomenalmente lucrativo para BBC Studios. En julio pasado, la firma informó que, en el año fiscal 2023, por primera vez, había tenido ingresos anuales por encima de los 2000 millones de libras (US$ 2500 millones), en parte gracias a la venta de los productos de consumo de Bluey.

Ahora confía en el crecimiento del programa para cumplir con el ambicioso plan de duplicar su negocio en 2028. Disney también se queda con parte del dinero del merchandising. Y Bluey tiene un papel importante en su negocio de streaming, que hasta ahora ha perdido dinero y colocó a la empresa como blanco de una publicitada campaña de inversores activistas. El director ejecutivo de Disney afirma que terminará con las pérdidas a fines de este año, y contar con más episodios de Bluey para distribuir -o incluso adquirir directamente el programa- ciertamente ayudará a la compañía. Excluyendo a las películas, en el cuarto trimestre de 2023 Bluey aportó el 29% de todas las vistas de TV en Disney+, indica la firma de investigaciones de mercado Circana.

Aun así, el futuro de este gigante del entretenimiento infantil no está tan definido como les gustaría a sus fans, a Disney y a la BBC. La tercera temporada culminó el 14 de abril con un episodio de 28 minutos -el más largo de todos- titulado El cartel. Hasta esa fecha ni la ABC ni BBC Studios se habían pronunciado sobre una cuarta temporada. Grupos de admiradores fanáticos de Bluey como el r/bluey en Reddit, que el año pasado tuvo dos millones de visitantes, rebosaban de comentarios que sospechaban que el cartel era un cartel de mudanza, y que la familia de perros se despediría tanto de su casa como de su audiencia.

En entrevistas previas Brumm hizo poco por disipar las sospechas de que la tercera temporada de Bluey podría ser la última, y no dio seguridad en nuestra conversación. Le preocupaban más las voces de los niños en el programa. Ya había tenido que hacer ajustes porque algunos de los actores estaban creciendo. En cierto momento podría tener que reemplazar a los miembros del elenco, algo que no le agrada. "Buscaría cualquier otra alternativa -aclaró-. No es que no haya precedentes, pero los chicos se acostumbran a las voces, por eso creo que perderíamos algo". Mientras tanto, sus hijas también van creciendo y ya no puede apelar tanto como antes a sus experiencias compartidas para volcarlas en el programa.

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Los fundadores de Ludo tampoco eran claros. Aspinwall y Pearson insisten en que El cartel no va a ser el final de Bluey, pero tampoco saben la forma que tendrá luego el programa. "Ahora que llegó a los 28 minutos. ¿Será otra temporada? ¿Será otra cosa, algo más?", inquiere Pearson. "Siempre quisimos que Bluey nos sorprendiera y le diera a la audiencia algo que ellos no sabían que querían. En eso pensamos. ¿Cuál es esa cosa? ¿Cuál es el vehículo que le espera a Bluey?". "No tenemos un plan maestro -confirma su socio, Aspinwall-. Creo que eso es lo que trata de decir Daley". Tampoco era muy franca Davis, de Disney. "De verdad no puedo hacer comentarios sobre el futuro de Bluey -advirtió-. Pero se trata de una porción importante de nuestra compañía. Adoramos a Bluey y Bingo, y queremos que sigan en sus cosas".

Gente al tanto de los acuerdos de Disney con Bluey, que también pidieron el anonimato, dicen que Brumm procura decidir si estará cómodo permitiendo que otros escriban el programa. Eso facilitaría la permanencia en el aire de Bluey y posiblemente allanaría el camino para la adquisición por parte de Disney. Después de todo, ¿por qué invertiría miles de millones de dólares con sólo tres temporadas? Brumm comentó por mail que ya ha escrito episodios en colaboración y que en último caso no le corresponde a él decidir quién escribe Bluey, ya que no es su dueño. Pero al mismo tiempo parece que todo el mundo espera que Brumm se decida.

Ha confesado su temor a repetirse, y lo importante que es sentir que los episodios en los que trabaja ahora son mejores en general que los anteriores. Tal vez se pregunta si podrá superar a El cartel. "Creo que es un episodio mágico -dijo-. Aunque suene tonto. Es que resume todo lo que hemos tratado de hacer con Bluey en los últimos años". A menos que todo esto sea parte del proceso para Brumm. Tampoco había querido hacer una segunda temporada, y al final la hizo. Ahora existe Sleepytime. No quería escribir el guión de Bluey's Big Play, y ahora está de gira por el mundo. Dudaba de hacer El cartel, y ahora dice como en sueños que es el mejor de todos los episodios.

En el programa todo era un sueño, pero en la realidad Bluey está por todas partes estos días, flotando por encima de las calles de Manhattan, en libros infantiles para colorear y en bolsitas de regalos, infiltrándose en las conversaciones de Brooklyn a Brisbane. Olvídense de La ley de los audaces. Bluey es la que vale.

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