16 de noviembre 2024 - 5:00hs

Paulinho Moska se remanga y arrima su brazo izquierdo a la cámara de su teléfono. Ahí, en su piel, en tinta negra, está el Palacio Salvo. El símbolo montevideano por excelencia, que a su vez, simboliza a la ciudad y el lugar que Montevideo tiene en la vida y la carrera del músico carioca.

Moska llegó a Montevideo por primera vez hace exactamente veinte años, para tocar como invitado de Jorge Drexler en la presentación del disco Eco en el Teatro Solís, y le cambió la vida. Encontró en la ciudad un eco de otro tipo: un lugar con el que conectó emocionalmente, que le demostró que ser melancólico también significaba ser libre, y que le permitió abrir un camino de dos direcciones entre Brasil y el resto de Latinoamérica, un vínculo que pese a la vecindad no siempre es fluido.

Y por eso, el Salvo. El edificio que es el resumen de la ciudad y también su alojamiento predilecto desde aquella primera visita. Un edificio en el que tiene un apartamento bautizado con su nombre. “Me quedé algunas veces y los dueños, una pareja que tiene como seis apartamentos diferentes, le pusieron ‘apartamento Paulinho Moska’, hay una plaquita en la puerta. Esta vez me quedo en uno más alto, casi en la cúpula, porque ese está alquilado. Siempre les digo en broma que desde que le pusieron mi nombre todos se quieren quedar ahí y lo ocupan”, cuenta con una carcajada.

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El “esta vez” se refiere a su próxima visita, que será el 29 de noviembre en el mismo lugar donde debutó ante los uruguayos hace 20 años, en el Solís. La visita será para festejar esas dos décadas de fraternidad, y además, sus treinta años de carrera. Por otro lado, la Intendencia de Montevideo le dará el reconocimiento de Visitante ilustre.

Así que con ese regreso por delante, Moska, coleccionista empedernido desde la infancia, habla rodeado de muñecos y figuras de acción desde Río de Janeiro con El Observador. Habla sobre su relación con Montevideo y la música uruguaya, sobre las canciones de amor y las canciones del futuro.

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¿Qué significa para vos este reconocimiento que te hace Montevideo al darte el título de Visitante ilustre?

Hace 20 años fui por primera vez y volví casi todos los años. Creo que Montevideo es una de las ciudades donde hice más conciertos fuera de mi propia ciudad, Río de Janeiro, y de San Pablo, que es nuestra meca cultural, donde hay mucho trabajo para todos. Creo que fui más a Montevideo que a Fortaleza, Porto Alegre o Brasilia, entonces es una relación verdadera y no una solamente del escenario y de shows. Tengo amigos allí, Pablo Casacuberta es un gran parceiro. Hicimos una cantidad enorme de proyectos juntos, desde mis propios DVD de música hasta series de televisión como Zoombido, de la que hicimos 276 episodios. Hicimos también una serie por Latinoamérica, Tu casa es mi casa, por 12 países. O sea, creo que nadie en este mundo estuvo tan cerca de mi propia creatividad como Pablo. Él me estimuló a hacer muchas cosas, fue la representación humana e intelectual montevideana en mi vida. Él me introdujo a la gente, a los lugares, a la importancia de las cosas. La primera vez que fui a Montevideo, él tenía un apartamento al lado de la cúpula del Palacio Salvo, donde escribía. Y me dijo que me podía quedar ahí. Imaginate un tipo que llega después de cantar con Drexler para 4.000 personas en el Solís, durante cuatro noches increíbles, y después de conocer a gente increíble, ve este palacio, que parece diseñado por Moebius, no lo podía creer. Y a partir de ese día nunca más me quedé en un hotel. Siempre me quedo en el Salvo. Lo tengo tatuado en mi brazo (lo muestra). Entonces, creo que si yo fuera una institución, le daría a Montevideo el título de ciudad ilustre de mi vida.

Embed - Paulinho Moska e Fernando Cabrera - Zoombido - El Tiempo Está Después

Te llevo a aquellos primeros shows en Montevideo. ¿Qué recordás de ellos?

Era por el disco Eco de Drexler, un disco que es de lo más importantes en mi vida. Después de conocernos Jorge grabó Eco, y generosamente me lo dedicó, porque antes de que grabara lo invité a Río y tocamos mucho la guitarra en casa, le mostré muchos acordes de la bossa nova que él no conocía, algunos intervalos, que después usó en canciones de Eco. Ahí empieza toda mi relación poética con Jorge, con Montevideo, con Uruguay y con América Latina después. Entonces, esa noche del primer show es mágica, porque imaginate que nadie me conocía y acá en Brasil yo tenía muchos amigos, mucha gente conocida, mucha historia. Tenía pasado. Ahí en Montevideo era un hombre sin pasado. Entonces fue un verdadero test artístico que me fortaleció la idea que no estaba totalmente confirmada de que yo podría vivir de esto. Yo ya había editado tres álbumes, ya sonaba en la radio, en la tele, pero yo no tenía un éxito. Yo no hacía muchos conciertos, ni para mucha gente. Eran pocos en teatros pequeños. Entonces, llegar ahí con esta imponencia, magnitud y lujo del Solís después de su reapertura, con un artista conocido, con un público donde había periodistas, gente del arte, fue mágico. Ese día conocí también a Fernando Cabrera, que también se hizo uno de mis amigos, tocamos muchas veces juntos. Cabrera me dijo ese día, antes de salir a escena, “tu canto es retrasado, todos los brasileños cantan retrasados, por la influencia de João Gilberto. Y João Gilberto cantaba retrasado en cuanto al ritmo”. A un brasileño que ya hacía música, que escuchaba música brasileña, que tocaba la guitarra, que conocía muchas cosas, un uruguayo le ayudó a comprender el canto brasileño.

¿Alguna vez encontraste explicación a por qué se generó ese amor mutuo con Uruguay?

Sí, 20 años son tiempo suficiente para pensar en todo (risas). Creo que soy un carioca melancólico, que es una especie de paradoja. Entonces yo llegué con mi melancolía, con mucha culpa por ser un carioca melancólico. Yo tenía que esconder mi melancolía, porque tenía que estar en la playa jugando al fútbol y tomando cerveza, tocando samba y no, yo estaba con mis colecciones, siempre encerrado con la guitarra, componiendo cositas, escribiendo, leyendo cómics filosóficos y cosas así. Entonces cuando llegué a Montevideo conocí una especie de “melancolibertad”. En Uruguay encontré una liberación a través de la melancolía. Toda la gente era como yo. Tenía un lado sombrío y de este lado sombrío sacaba una luz poética. Drexler es así, un tipo que se le ve la melancolía en su rostro, en su voz, la manera minimalista en cómo trata las cosas. Todos los minimalistas y detallistas son melancólicos. Todos los que conocí ahí me revelaron la normalidad de la melancolía y la libertad y abrió la puerta también a ese vínculo entre Brasil y el resto de Latinoamérica que no siempre es tan fluido.

Embed - Paulinho Moska part. Jorge Drexler – Dos Colores Blanco Y Negro (+ Novo De Novo) [Vídeo Oficial]

Están al lado pero no nos miramos mucho.

Sí, acá me dicen embajador, pero Brasil es muy diverso. Y la gente acá se queda con esta diversidad. Mira a Estados Unidos y a Europa, pero está de espalda a lo que lo que pasa en el resto de Latinoamérica. Somos pocos los que nos interesamos por Latinoamérica. No conozco a mucha gente que abrazó a Latinoamérica como yo, pienso por ejemplo en Paralamas. Entonces, es un shock ver que es tan diversa, tan feliz, tan colorida y tan disfrutable como nosotros. Yo tengo una frase que es medio un mantra para mí, “el otro me mejora”. El otro es el mejor espejo que existe. Nos revela mucho más que este vidrio que está en los baños. Ese no revela nada. A mí me gusta siempre hacer proyectos de encuentro, porque el otro me interesa como personaje. Yo quiero ser un poco el otro cuando estoy con él, para que cuando vuelva a mí mismo sea mejor, con sus defectos y ventajas, porque los defectos también nos mejoran.

Como alguien que ha hecho bastantes, ¿Qué tiene que tener una buena canción de amor?

Primero, originalidad. Puede ser en la melodía, una melodía extraña que quedó bien con aquel acorde, y ahí ya puede tener una letra sin mucha novedad. A veces es un juego de palabras nuevo, como me pasó cuando escribí Lágrimas de diamantes. Es muy difícil ser totalmente original, tener una armonía nueva, una melodía nueva, una letra increíble. Pero busco partir de algo que tenga algo fresco. No me interesa hacer una canción que se parezca a las que ya compuse. Incluso cada vez logro componer menos, voy subiendo la exigencia. Empiezo una canción, y a veces digo,”ya dije eso de esa forma”. Es difícil. Por eso también necesito al otro.

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¿Qué lugar te parece que tienen las canciones en el mundo en el que estamos viviendo ahora? ¿Siguen teniendo importancia?

Sí, lo que cambió fue la idea de canción, cómo se hace, de lo que hablan. Y creo que la función cambió también. Así como la fotografía ya tuvo su fase de revelar un instante verdadero, o las películas documentales de registrar la realidad, hoy vivimos lo opuesto, todas las fotos son editadas, todas las películas son hechas con computadoras, entonces ya no hay más verdad, cualquiera puede producir en su casa un vídeo falso. Ahora la inteligencia artificial va a cambiar totalmente nuestra subjetividad en relación a lo que llamamos verdad. Y la canción hace tiempo ya que es un producto. Pero también los artistas se aprovecharon de eso para, a través de este sistema, ponerle ideas. Pero eso ahora es muy difícil.

Hoy la nueva música pop es más rápida, no tiene puente, ya empieza con el estribillo. No es solamente música, es audiovisual. Si no tiene imagen, no tiene oportunidad. Está muy vinculada a las redes sociales, a los números, todo se hace por un número de seguidores. Acá en Brasil, que es un país con tradición de series de televisión, ahora eligen para los elencos a figuras que no son actores, son personas de las redes, por su cantidad de seguidores, con la idea de que si tiene 15 millones de seguidores, con que uno mire mi película o mi serie, ya es un éxito comercial. Entonces, es un poco lamentable, pero no me gusta reclamar mucho.

Hay una historia de Paul McCartney, que recordó en una entrevista que cuando era niño le mostró a su tía el primer rock que grabaron los Beatles, y ella le dijo: “es divertida, pero no tiene armonía, no tiene melodía, es solo ritmo, entonces no es música. Y él le dijo ‘tía, no entendés nada’. Años después, va con uno de sus hijos en el auto, y le muestran una de las primeras canciones de rap. Entonces Paul le dice al hijo, “no tiene armonía, no tiene melodía, es solo ritmo, no es música”. Y eso me hizo pensar que nosotros no debemos criticar lo nuevo, porque a veces un movimiento que nos parece no ser música nos lleva a algo enorme, enorme y nuevo. Y yo siempre creo que los artistas, los verdaderos artistas, van a encontrar un camino para usarlos. Yo no quiero hacer un baile de TikTok, no quiero hacer cosas que no me gustan, pero quiero saber cómo funciona, y creyendo siempre que voy a ser sorprendido por un genio que va a utilizar este formato para decirnos algo nuevo e increíble y que nos haga creer de nuevo.

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Foto: Karyme Franca

Foto: Karyme Franca

¿Cómo te imaginás entonces tus canciones del futuro?

Creo que voy a continuar haciendo mis canciones. Paul McCartney hace 90% de su concierto con Beatles y Wings. Un concierto de Caetano Veloso es 80% de sus clásicos. Y uno con 30 años de carrera celebra también sus propios clásicos. Voy a intentar hacer buena música para mí. Siempre intenté hacer eso. Pero no voy a intentar ser algo más de lo que soy. No voy a hacer lo que me es difícil, porque lo fácil ya me lleva mucho trabajo. Digo “fácil” porque sé tocar la guitarra, sé escribir una letra, sé cantar. Entonces es fácil en ese sentido. Ya estoy acostumbrado, pero me lleva mucho trabajo y cada vez soy más exigente. Entonces no quiero cambiar eso y no disfrutar, todo para alcanzar algo que yo ya alcancé cuando tenía 21 años. Yo tuve una banda de mucho éxito, una banda de humor que se llamaba Inimigos do Rei. Una banda de humor con actores. Y fue un éxito total, agradó mucho a los adolescentes. Y eso me libró completamente del deseo de tener éxito comercial. Me ayudó a generar una carrera de la manera que yo pensaba, sin eso como un objeto de seducción. A mi lado había amigos mejores que yo, que tocaban mejor, que cantaban mejor, que escribían mejor, mucha gente talentosa, que no logró tener una carrera, Justamente porque sacrificó su propio placer para tener éxito. Y no lo tuvieron, entonces ellos desistieron, o continuaron pero insatisfechos con su propia vida. Entonces, el privilegio de tener tenido éxito comercial muy joven, para mí fue ese. Pude mirar a mi propio futuro y tener una carrera haciendo la música que me gusta, de la manera que quiero. Si puedo vivir de estas cancioncitas que quiero hacer, y abrazar a este público que ya me abrazó, ya está.

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Paulinho Moska teatro Solís Jorge Drexler

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