La derrota 2-1 de Peñarol ante Platense de este jueves a la noche en el Estadio Campeón del Siglo no es solo un resultado adverso; es un golpe de realidad que expone las costuras de un proceso que parece haber perdido la brújula, al menos, momentáneamente.
Que el equipo argentino haya logrado su primer triunfo internacional de la historia en suelo uruguayo agrava una herida que ya supuraba en un mes que no le sale nada a los dirigidos por Diego Aguirre.
Peñarol no solo perdió tres puntos, perdió la identidad y la seguridad bajo el mando de Diego Aguirre, algo que es totalmente inusual.
Los cinco puntos que condenan a Diego Aguirre
Nadie puede sostener la trascendencia que tiene y ha tenido Diego Aguirre en Peñarol a lo largo de su historia, primero como futbolista y luego como técnico.
No obstante, también, como en cualquier proceso, se atraviesan vaivenes y este es un presente de muchos altibajos.
A continuación, los puntos clave que explican este colapso:
1. Con la lesión de Leonardo Fernández se quedó sin Plan B
Luego de que se conoció la lesión de Leonardo Fernández, (más allá de que aún no está confirmada 100% de qué se trata por parte del club), Peñarol quedó desnudo. El equipo se quedó sin su generador de juego y, lo que es peor, sin una alternativa válida para suplantarlo. Ante la falta del "10", el equipo carece de sorpresa y de juego asociado en ofensiva. La circulación de pelota se vuelve lenta, previsible y lateralizada, convirtiendo el ataque en un cúmulo de voluntades individuales sin un hilo conductor que conecte las líneas.
2. La soledad de Matías Arezo
El aislamiento de Matías Arezo en el área rival es alarmante. El delantero vive en una isla; no le llega una sola pelota bien jugada y debe rebuscarse solo para generar peligro, bajando excesivos metros para tomar contacto con el balón. Al no tener un sistema que lo abastezca con ventaja, el goleador se desgasta en luchas físicas estériles lejos del arco, perdiendo la eficacia que lo caracteriza por la simple falta de suministros.
3. Cambios tardíos y un DT bloqueado
La lectura de los partidos por parte de Diego Aguirre ha sido deficiente. En los últimos encuentros, los cambios han llegado tarde y, cuando se realizan, no logran variar en absoluto el flujo del juego. Se percibe a un entrenador bloqueado al costado de la cancha, sin capacidad de reacción ante la adversidad. Las modificaciones parecen hechas por inercia y no por una necesidad táctica real, lo que deja al equipo a la deriva en los momentos de quiebre.
4. Los problemas defensivos alarmantes que siguen costando goles
Los problemas en el fondo son alarmantes y siguen costando puntos vitales. La falta de firmeza, especialmente en el juego aéreo, es un pecado capital que Platense supo explotar, como lo han hecho los últimos rivales aurinegros en lo local e internacional. Peñarol sufre cada pelota cruzada y muestra una descoordinación impropia de un equipo con pretensiones internacionales. Esta vulnerabilidad defensiva obliga al equipo a remar siempre desde atrás, minando la confianza de todo el bloque.
5. Un plantel que quedó corto
Más allá de la racha de lesiones que ha sufrido el equipo, hay una responsabilidad de gestión. Aguirre incorporó a futbolistas, pero no reforzó el plantel. Se sumaron nombres que hoy no marcan la diferencia ni ofrecen soluciones de calidad cuando los titulares faltan. El plantel quedó corto en jerarquía y en nombres, evidenciando que la cantidad no siempre se traduce en variantes reales para una doble competencia exigente.