AFP
La posibilidad más cercana que tuvo Uruguay de presidir la Conmebol desde 1959, elegido por los 10 países, finalmente se desvanece.
Los responsables: Argentina, que finalmente le da la espalda a la AUF, y Brasil que ya había movido las piezas con su delfín, para extender la continuidad de un paraguayo en el poder.
Desde hace 60 años, un uruguayo no preside en un mandato formal la Conmebol, y a juzgar por la telaraña política que tejieron Argentina, que ahora cayó en desgracia, y Brasil, con Paraguay como títere y con el peso de la sede en Luque, parece muy difícil que lo pueda conseguir.
El poder en manos de un uruguayo se transforma en una amenaza para Brasil y Argentina.
¿Por qué es una amenaza? De acuerdo a información que recogió Referí, con Uruguay al frente de Conmebol, con su peso histórico (es el más ganador a nivel de selecciones con 15 Copa América y tiene seis Copa Libertadores de clubes) y el exitoso presente futbolístico hará temblar los cimientos de ese búnker que silenciosamente argentinos y brasileños construyeron durante el reinado de Nicolás Leoz.
La autoflagelación de la AUF
El presidente de la AUF asumió el 11 de diciembre de 2015 en Conmebol. Tenía el terreno despejado para transformarse en la renovación de una casta de dirigentes paraguayos que habían quedado manchados por la corrupción. Leoz detenido en Paraguay y Napout en Estados Unidos.
Sin embargo, la intervención de Juan Pedro Damiani, en ese momento presidente de Peñarol impulsando una liga de clubes que quería pulsear con Conmebol, comprometió las posibilidades del uruguayo.
Quienes vivieron ese proceso junto a Valdez, explicaron a Referí que hubo cuatro elementos que impidieron que Uruguay llegara a la presidencia en enero 2016: 1) el eje de poder Brasil-Paraguay que Conmebol tiene atado desde la época de Leoz y que siempre mantuvo a un paraguayo y a un brasileño en los dos cargos más importantes, la presidencia de Conmebol y la dirección del arbitraje (Leoz-Abilio D’Almeida, Domínguez-Simón); 2) a último momento, Argentina, con una lucha intestina que lo había fracturado tras la muerte de Grondona, le dio el apoyo a Paraguay (si Tinelli ganaba las elecciones el voto de AFA era para Uruguay). 3) Las expresiones de Damiani, quien impulsaba la creación de una Liga Sudamericana de Clubes desprestigiaba las credenciales de Valdez (¿quién iba a apoyar a un uruguayo, si desde Uruguay, Peñarol, uno de los dos grandes de la AUF y del continente, le quitaba el respaldo?); 4) cualquier dirigente uruguayo dijeron a Referí que pueda desembarcar en Conmebol, excepto Eduardo Ache, es visto como un representante del empresario Francisco Casal (aunque en los hechos no sea así) y automáticamente le cierran las puertas en Luque.
Diego Battiste
Fue así como entre diciembre de 2015 y enero de 2016, se alejó la mejor oportunidad que tuvo la AUF de tener un presidente.
De todas formas, según explicaron a Referí, pusieron en marcha el plan B: una vicepresidencia en Conmebol y un lugar en el ejecutivo de FIFA, que hasta 2018 ocupó Valdez. El expresidente se había ganado un lugar en el mundo del fútbol internacional.
Desde noviembre de 2019, Ignacio Alonso recuperó para Uruguay el cargo en FIFA.
¿El rol de Figueredo?
Durante toda su carrera política, Figueredo estuvo bajo el ala de los históricos de Conmebol y FIFA: Havelange, Grondona y Leoz.
Según manifestaron a Referí quienes lo acompañaron en Conmebol, cuando lo atacaban desde la AUF, decía que no fue electo por Uruguay, que su cargo era independiente. Los hechos lo confirman: en el Mundial de Brasil 2014 a Luis Suárez le aplicaron una sanción sin precedentes en la historia de FIFA.
Figueredo llegó a la presidencia porque Leoz se bajó y le permitieron presidir Conmebol como un premio a tantos años acompañado a Argentina, Brasil y Paraguay. Sin embargo, le duró poco porque la muerte de Grondona desarticuló aquellos vínculos, y Napout se encargó de sacarlo del medio. Le quitó la presidencia. Le otorgó transitoriamente un cargo en FIFA, como vicepresidente, con fecha de caducidad, y finalmente fue arrastrado por el tsunami del FIFAgate.
¿Por qué no aceptó Bauzá?
El expresidente de la AUF, Sebastián Bauzá, actual secretario Nacional del Deporte, dijo a Referí que nunca aspiró a un cargo en Conmebol y “mucho menos a la presidencia”.
Bauzá, el único de los integrantes del ejecutivo de Conmebol que salió ileso del FIFAgate, pudo pelear el sillón en Luque a Napout, pero, primero, no quiso, y segundo, las luchas internas en la AUF y el enfrentamiento con el empresario Francisco Casal, lo terminaron sacando del lugar desde el que podía saltar a presidir Conmebol.
El control de Brasil
Tras la muerte de Grondona, Argentina perdió poder en Conmebol y FIFA.
La lucha intestina de AFA, le pasa factura a nivel político internacional.
Argentina perdió su cargo en FIFA, que Conmebol le dio a Uruguay (Alonso), y cada vez se aleja más del pedestal en el que quedó Brasil.
Eso también se refleja en resultados: en los últimos 30 años, Brasil ganó seis Copa América, de las ocho que tiene en su poder. Maneja el arbitraje, y tiene un representante en todas las comisiones menos en Finanzas y Apelaciones.
Argentina solo tiene representantes en cuatro de las ocho, y Uruguay solo en dos con Alejandro Balbi y Horacio Pintos.
El poder de Brasil, también se refleja en los cupos que tiene en las copas: Brasil comenzó con ocho clubes en la Libertadores 2020, Argentina seis y el resto de los países cuatro. Lo mismo sucede en la Sudamericana.
La idea de un uruguayo
Crear Conmebol fue idea de un uruguayo, Héctor Rivadavia Gómez, quien la presidió desde su fundación en 1916 hasta 1926. Luego, hubo un solo presidente de la AUF electo, Fermín Sorhueta (1959-1961). Los otros dos dirigentes que llegaron a través de cargos heredados y en actuaciones transitorias: Eugenio Figueredo (abril de 2013 agosto 2014) y Valdez (11 de noviembre de 2015 al 26 de enero de 2016).
En los 104 años de Conmebol, Paraguay la presidió 34 años (los últimos 32 fueron de un paraguayo, Leoz y Domínguez), Perú (Teófilo Salinas desde 1966 a 1986) estuvo 20 años, Argentina y Chile 18, Uruguay 13 y Brasil dos.
Los uruguayos fueron Rivadavia Gómez (1916-1926), Sorhueta (1959-1961), Figueredo (2013-2014) y Valdez (diciembre 2015-enero 2016).
El poder paraguayo
Desde que Conmebol instaló su sede en Luque, Paraguay terminó de plantar bandera en la presidencia. Leoz, Napout y Domínguez (desde 2016), ocuparon el sillón presidencial.
También se arrogaron un lugar en la organización del Mundial de 2030, que en todo caso es un privilegio que tiene Uruguay por todo lo que hizo hace 100 para poner en marcha la primera Copa del Mundo, y Argentina, finalista en aquella edición y promotor del desarrollo del fútbol con tinental.
Paraguay se coló en la organización y quiere formar parte de un evento en el que solo puede participar porque preside Conmebol, porque Domínguez es quien tiene línea directa con Infantino y tiene un lugar de privilegio en FIFA, como antes tenía Grondona, y que tanto rédito le dio a AFA a nivel internacional.
Ahora bien, de acuerdo a los nuevos estatutos de FIFA el mandato de Domínguez no podrá extenderse más allá de ocho años. En 2026 deberá abandonar Conmebol.
El continuismo histórico dice que Robert Harrison, quien sucedió a Domínguez en la Asociación Paraguaya de Fútbol, debería ser el heredero de la Conmebol, pero, ¿no habrá llegado el momento que Uruguay comience a construir una alianza con el debilitado Argentina para establecer un nuevo orden? ¿El peso político de Uruguay-Argentina podrá equilibrar la fuerza que tienen Brasil-Paraguay, y quebrar esa hegemonía que tanto le quita al verdadero lugar que le corresponde a la AUF, por historia y presente, en Conmebol? ¿Hasta dónde Argentina aceptará que Brasil tenga el dominio de Conmebol? ¿AFA seguirá permitiendo que la CBF tenga mayor protagonismo?
Con el Mundial 2030 a la vista, Paraguay colado como coorganizador, el fútbol sudamericano puede comenzar a construir un nuevo futuro desde las cenizas políticas de Argentina, y Uruguay tiene la oportunidad histórica, como cuando en 1916 fundó la Conmebol.
URUGUAYOS EN LA CONMEBOL
La AUF tiene solamente dos representantes en los 35 lugares de las comisiones de Conmebol, según la información publicada en su página web. En caso de que el reparto fuera equitativo, debería tener 3,5.
Los dos son Horacio Pintos en Cámara de Apelaciones (lo propuso Pedro Bordaberry en 2018) y Alejandro Balbi en Gobernanza y Transparencia (Wilmar Valdez en 2016). Además, Ignacio Alonso integra el comité ejecutivo, como todos los presidentes de asociaciones. Solo es miembro.
Además, en la última década, integraron comisiones en Conmebol Adrián Leiza (lo propuso Sebastián Bauzá en 2013) y Leonardo Goicoechea (Valdez en 2016).
Leiza integró la comisión disciplinaria entre 2013 y enero 2016. Renunció porque no compartió la primera decisión de Domínguez como presidente, cuando propuso una amnistía, que no tenía respaldo jurídico y que se trató de un gesto político para despejar caminos, y redujo sanciones a todos los clubes. El principal beneficiado fue Boca, que había sido castigado por el caso del gas pimienta en el clásico con River Plate.
El gesto de Domínguez solo fue uno más de los que solían desarrollar sus antecesores, Leoz y Napout, en la vieja estructura de la Conmebol.
Goicochea integró la comisión de apelaciones y renunció en agosto 2018, cuando FIFA intervino la AUF.