11 de junio 2024
Dólar
Compra 37,90 Venta 40,30
18 de mayo 2024 - 5:00hs

Cuando en la madrugada del jueves 25 de abril la reclusa de 48 años empezó a convulsionar en su celda de la cárcel de mujeres nadie sabía que tenía droga en su cavidad vaginal. A última hora de la tarde anterior había sido imputada por la Justicia de Crimen Organizado pero estaba detenida desde el lunes. En esas 48 horas fue interrogada por la policía, fiscalía, su defensora y la jueza, pero no dijo nada de la droga. Tampoco lo hizo cuando fue revisada por un médico previo a entrar a la cárcel porque había contado que le dolía mucho el hombro por una fractura que había tenido meses atrás.

Una investigación dirigida por el fiscal de Estupefacientes Rodrigo Morosoli, la identificaba como una “mula” reclutada por una organización que se dedica a ingresar droga a las cárceles. Esa misma mujer registraba visitas frecuentes a presos de varios establecimientos. Esa semana previa a ser detenida había estado en Las Rosas en Maldonado, Punta de Rieles y Comcar, según pudo saber El Observador.

La punta de la madeja que había permitido montar un operativo para detenerla la había encontrado el fiscal en la cárcel de Punta de Rieles, a donde había visitado un preso unos días antes. Según mostraban las cámaras había llegado a ese establecimiento en un vehículo acompañada de otras personas y guardó una campera en el locker dispuesto para las visitas. Antes de retirarse las cámaras la mostraban caminando de un lado a otro delante del locker y retirarse sin poder abrirlo y sin el abrigo. Cuando la guardia abrió el mueble al final del día, encontró escondido en el forro de la campera un paquete de prensado paraguayo junto con un documento con su nombre.

Más noticias

Sin embargo, tras el operativo para detenerla ni el escáner ni la exhaustiva revisación de la custodia carcelaria habían permitido encontrar droga. Tampoco tenía un teléfono celular para incautarle y poder llegar a las personas que la contactaban. Era una mujer que vivía en la calle por lo que era muy difícil de ubicar, incluso para los reclutadores de la organización.

Aún así el prensado paraguayo le permitió al fiscal lograr su imputación por el delito de suministro de drogas en grado de tentativa y fue así que terminó en la cárcel de mujeres donde murió. Recién cuando se hizo la autopsia, ordenada por la fiscal Graciela Peraza que indagó la muerte, se verificó que tenía dos paquetes con droga, (uno con cocaína y el otro con marihuana) que contenían en total unos 90 gramos envueltos y que estaban alojados muy profundamente en la cavidad vaginal. Por eso el escáner no lo detectó.

Al romperse el paquete que contenía la cocaína se desencadenó la muerte. Un médico forense del Poder Judicial explicó a El Observador que al entrar en contacto una cantidad de cocaína tan grande con la sangre, debido a que la mucosa del aparato genital absorbe muy rápido cualquier sustancia, pasan dos cosas. A nivel encefálico se generan convulsiones y a nivel cardíaco se desarrolla un paro. La sangre se acumula y sale por la nariz y la boca y eso hace que el corazón deje de latir.

El médico aclaró que si se hubiera roto el paquete de marihuana no pasaba nada pero los componentes de la cocaína al pasar al torrente sanguíneo generan la muerte en minutos.

Las características de los grupos criminales que ingresan droga a las cárceles

Consultado el fiscal Morosoli por El Observador dijo que “hay grupos más o menos organizados que se dedican a introducir sustancias en las cárceles en forma permanente”. Se trata de grupos de "dudosa estabilidad o que son casi familiares" pero recurren a diferentes mecanismos para ingresar drogas a través de mulas, "a veces con connivencia (policial), a veces mediante el engaño o el ocultamiento”.

Si bien el intento de ingresar la droga en el cuerpo está muy extendido, los grupos criminales y las familias de los reclusos se las ingenian hacerlo por medio de otros métodos: se han detectado envoltorios cosidos a las plantillas de los championes, en el relleno de los pañales de bebés, o en otras prendas, en el interior de palos de escoba, en un doble fondo de una carretilla, adentro de jabones, en las paredes de un termo, en un pote de dulce de leche o en el relleno de unas empanadas.

droga carcel.png

Estas organizaciones suelen ser dirigidas por presos que se encargan de comercializar la droga dentro de las cárceles y cuentan con reclutadores que están afuera. Estos intermediarios gestionan la droga y se la entregan acondicionada a los correos humanos para que la ingresen. Los pagos se realizan por transferencias de los familiares de consumidores que están privados de libertad.

Las mulas no siempre reciben un pago por su tarea. A veces sí y ese monto puede rondar entre los $ 500 y los $ 5.000 pero muchas veces se trata de víctimas de violencia que son amenazadas o amedrentadas para que lleven a cabo la tarea sin dinero de por medio.

Según explicó Morosoli el problema es que la droga adentro de las cárceles se cotiza y a un precio superior al del mercado negro local. No está cuantificado el monto pero distintas fuentes consultadas por El Observador señalaron que puede llegar a costar tres o cuatro veces el precio de afuera.

“Como toda organización criminal, las personas que están a la cabeza se mantienen alejadas de la sustancia y la actividad ilícita en sí misma, los mandos medios y los escalafones más bajos son los que están más expuestos a la detención”, indicó y agregó que operan como cualquier empresa criminal que funciona en un mercado ilícito buscando la “mayor ganancia con el menor costo”.

Morosoli planteó también como otra pata del tema la corrupción policial que no le corresponde investigar a la Fiscalía de Estupefacientes sino a sus colegas de Delitos Económicos.

En cuanto al tipo de droga que se comercializa el fiscal señaló que la más frecuente es la pasta base pero también puede ser prensado paraguayo, cocaína, pastillas, fármacos. “Todo”, remarcó.

droga championes.jpeg

Las condiciones de vulnerabilidad de las mulas

El fiscal planteó como un factor preocupante y como efecto colateral del "negocio", "los riesgos que tienen para la integridad física" ingresar la droga en el cuerpo para estas personas que son en mayoría mujeres. "Me interesa destacar el riesgo de muerte de las personas que están ingresando sustancia a la cárcel dentro de sus cuerpos sin ningún tipo de recaudo o aún teniéndolo insuficiente. Realmente es un peligro”, indicó Morosoli.

0024203129.webp
El fiscal de Maldonado Rodrigo Morosoli en el juzgado de Crimen Organizado
El fiscal de Maldonado Rodrigo Morosoli en el juzgado de Crimen Organizado

Otra fiscal de Estupefacientes que prefirió no declarar, también advirtió por “las condiciones de vulnerabilidad de las personas que ofician como mulas” ya que muchas veces son coaccionadas por sus parejas "o tienen un apremio de dinero urgente por necesidades personales".

La defensora pública Mael Rodriguez Nader ratificó que esas mujeres son violentadas, son amenazadas para ingresar la droga pero lamentó que ese hecho es muy difícil de probar por eso lo consideró como "una prueba diabólica". Agregó que la mayoría de las veces los presos que las obligan a cometer el delito se comunican con ellas desde teléfonos tarjeteros de las cárceles y no desde celulares para no dejar rastro de las comunicaciones.

Por su parte el comisionado parlamentario para las cárceles, Juan Miguel Petit, dijo que "no tiene evidencias pero tampoco duda de que existe una explotación de mujeres muy vulnerables" para utilizarlas como mulas.

droga en el cuerpo.jpeg

Desde el punto de vista punitivo este tema se vio agravado con la aprobación de un artículo de la LUC por el cual el delito de intento de ingreso de droga a la cárcel obligaba a los fiscales a pedir prisión preventiva y casi duplicó la población carcelaria femenina. Finalmente, tras amplias discusiones se modificó ese artículo para bajar las penas por el ingreso de drogas a las cárceles de cuatro años a 16 meses. Y el máximo sigue siendo de 15 años.

droga carcel 2.jpeg

Petit también destacó la modificación que se hizo a la LUC aunque señaló que el tema no se resolvió porque no se derogó el artículo.

En ese sentido mencionó unas recomendaciones que formuló su oficina al sistema judicial exhortando a evitar la pena privativa de libertad para la mujeres cuando su vulnerabilidad socio penal y la entidad del delito cometido lo ameriten y procedan a aplicar un régimen de prisión domiciliaria asistida por los organismos competentes para la rehabilitación y reintegración social.

La defensora pública Rosario Silveira, quién asistió a la mujer que murió en abril, explicó que pese a que la ley obliga a los fiscales a pedir prisión, ella siempre intenta discutir la medida de prisión y darle alternativas al juez cuando se trata de una tentativa, pero en ese caso no tuvo demasiada alternativa ya que ella no tenía familiares o amistades a quién llamar para ofrecer una casa en la que cumplir una prisión domiciliaria.

Según datos propocionados a El Observador a enero de 2024 cumplían libertad a prueba 410 mujeres y de ellas 192 tienen entre 18 y 30 años, en tanto 29 estaban bajo el régimen de libertad vigilada. Las privadas de libertad son algo más de 1.000 de los más de 15 mil presos que hay del total.

Temas:

droga cárceles Fiscal Rodrigo Morosoli mulas cárcel de mujeres

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos