Parirás sin dolor: por tercer año consecutivo nacen más niños por cesáreas que por parto vaginal y siguen al alza las operaciones innecesarias
Los datos preliminares del MSP muestran una inefectividad en las estrategias a escala país en los últimos años, pero también “un aumento en las cesáreas por solicitud materna y sin indicación médica” para “no sufrir”
Eva comió el fruto prohibido. Dios la castigó y en su sentencia, siguiendo siempre la interpretación que se le dio al primero de los libros que componen el Antiguo Testamento, a partir de entonces el parto es con dolor.
Uruguay es el país más ateo y agnóstico de la región. Pero pareciera que aquella sentencia es una creencia cada vez más arraigada en el imaginario de muchas embarazadas que piden una cesárea sin indicación médica. Porque quieren que su bebé nazca en determinada fecha justa, para planificar su licencia y, sobre todo, para “no sufrir”.
Ese aumento de las solicitudes consta en un documento que la unidad académica Ginecotológica B, del Hospital de Clínicas, publicó en la reciente edición de los Anales de Medicina.
Pero también —sin decirlo tan explícito— lo reflejan los datos preliminares del Ministerio de Salud Pública (MSP). Como viene sucediendo por tercer año consecutivo, en Uruguay nacen más niños por cesárea que por parto vaginal. La cifra no deja de aumentar. Cuadruplica la tasa que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Duplica el porcentaje de países con los que debiera compararse. Y en algunos prestadores de salud —más bien del ámbito privado— la cesárea es más la norma que la excepción (con niveles que rozan ocho de cada diez partos).
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Para el año que está en curso y el que le sigue, el MSP estableció una meta asistencial que, si bien es más bien cualitativa, incentiva mediante paga la baja de las cesáreas innecesarias. No es un capricho de gente sentada en el escritorio, sino que lo dice la evidencia científica: las cesáreas cuando no se justifican implican "mayores costos (para el sistema) y el incremento de morbimortalidad materna y perinatal”. Es, al contrario del imaginario de “parirás sin dolor”, un método menos seguro aunque parte de la sociedad no lo percibe así, consta en el documento académico de los Anales de Medicina.
“Hay múltiples procesos judiciales por ‘no hacer cesárea’, bajo la idea de que la cesárea es el método más seguro de nacer y es un contribuyente mayor a estos índices tan altos”, explica el trabajo científico.
El profesor Claudio Sosa, que proviene de otra de las tres unidades académicas, lo cuenta con anécdotas: “Hay pacientes que no tuvieron hijos antes, que van teniendo una buena gestación, sin complicaciones, y mucho antes de llegar a la fecha de término ya programan una cesárea porque entienden que es un derecho. Uno le explica las complicaciones asociadas, pero pareciera que hay un miedo a sufrir cuando, incluso, los analgésicos o anestesias en el espacio epidural son más seguros que ir a una cesárea innecesaria”.
Ese miedo al sufrimiento, el intento de acortar y esquivar los duelos, son parte de características modernas de la sociedad uruguaya que se están reflejando en encuestas como las realizadas por el equipo que lidera el sociólogo Pablo Hein. Él mismo investigó las cesáreas en una mutualista puntual hace más de 30 años. Ahora se dedica al estudio del suicidio, cómo es percibida la muerte y encuentra puntos en común: “El sufrimiento, por definición, está vinculado a algo que ya sucedió. Sin embargo, ahora empieza a asociarse a algo que todavía no aconteció, como un miedo a golpearse en el futuro”. Y lo lleva a tomas de decisiones del estilo: “No juego al fútbol porque me puedo quebrar, cuando quizás no sufrió nunca una quebradura; no intento un parto vaginal porque pienso que la cesárea me evita lo que todavía ni siquiera pasé”.
La sociedad no solo está cambiando en eso. En los datos preliminares del MSP consta que la edad del primer hijo se tiene a edades cada vez más adultas, hay más embarazadas con sobrepeso u obesidad e incremento de la diabetes gestacional. Factores que pueden hacer crecer el riesgo de ir a una cesárea necesaria. Pero, como contrapartida, cayó la prematurez, hay más controles del embarazo, al haber menos nacimientos hay más personal a disposición, se incrementan las parteras, las salas de nacer per cápita y hay más (y mejor) tecnología para monitorear un proceso de parto. Factores que deberían reducir las chances de una cesárea.
La unidad académica Ginecotológica B hizo una estrategia y, en sus usuarias del Clínicas, bajó de 49% a 37% el porcentaje de cesáreas desde 2022 a 2024. Si bien la investigación va a un público concreto y aclara que tiene sus limitaciones, da cuenta de una medida de efectividad al comprobar la caída de la tasa de cesáreas en dos grupos que, en la mayoría de casos, debieran acabar en parto vaginal: las mujeres que van a tener su primer hijo, a término, en las que el bebé está bien posicionado para salir (de cabeza) y que inician el parto espontáneo (el proceso “natural” que marca la reproducción de la especie humana).
El segundo grupo es similar al anterior, solo que el parto es inducido (utiliza métodos farmacológicos o físicos para iniciar las contracciones uterinas y el trabajo de parto antes de que comience de forma natural) o bien son cesáreas programadas (como esa que firmó el consentimiento que quiere sí o sí la operación).
La baja de estos dos grupos —entre los 10 que se divide la clasificación de Robson— son “indicadores internacionales de efectividad”.
El ginecólogo Sosa, en otro trabajo que realizó para un congreso de la temática y en la que junta datos de Uruguay a más largo plazo, encuentra un fenómeno “preocupante”: en menos de 15 años, el grupo 2 (ese de las pacientes a las que se induce el parto o tienen cesárea programada) superaron en porcentaje al primer grupo (el del parto espontáneo), notándose allí un nudo crítico.
Las cifras del MSP a las que accedió El Observador, aunque son preliminares, van hasta 2025 completo y muestran que ese grupo de cesáreas programadas o tratar de acelerar el proceso natural cuando no necesariamente se justifica, sigue al alza.
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Esa clasificación Robson es parte de lo que los prestadores de salud tienen que hacer para que el MSP les pague parte de la meta asistencial. Pues hay un núcleo duro, como las mujeres que tuvieron cesáreas previas y el bebé está acostado, en la que es difícil evitar la cesárea.
También es difícil hacerlo cuando está “de nalgas”, aunque se ha visto que si llega a término, a partir de la semana 37 puede hacerse con masajes y monitoreo una “corrección” para que el bebé se posicione de cabeza para salir.
Aunque la preocupación central, siempre a escala país y no tanto viendo cada maternidad por separado, es tratar de no apurar procesos naturales o generar fallas en inducciones. Parece fácil, pero implica una estrategia más amplia, contar con un equipo completo (incluyendo anestesista de guardia que no sucede en algunas maternidades grandes incluso cuando lo exige la norma), o disponer y dar sin costo analgésicos para que el parir sin dolor sea posible sin pasar por el bisturí cuando es innecesario. O, como dice el documento en los Anales de Medicina: “La fragmentación del trabajo de los profesionales de la salud, que en muchas maternidades del país utiliza la institución como un mero servicio de internación, resulta incompatible con la estrategia”.