23 de octubre de 2026 5:00 hs

Yamandú Orsi sorprendió la semana pasada al dar a conocer que la empresa española Solaria invertirá US$ 5.700 millones en la construcción de un data center de gran escala y un parque solar.

La negociación había sido realizada con reserva y la firma del memorándum de entendimiento significó para el Poder Ejecutivo un mojón dentro de una estrategia trazada hace meses para captar este tipo de inversiones privadas.

A la espera de conocer mayores datos, la noticia abrió una serie de interrogantes y discusiones similares a las que vienen dándose en otros países con estos proyectos.

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Quienes impulsan estos proyectos suelen señalar que movilizan inversiones millonarias, favorecen el desarrollo de un ecosistema digital y aprovechan terrenos industriales degradados o subutilizados.

Sus críticos, en cambio, ponen el foco en el costo urbano de esa expansión: enormes demandas de electricidad que compiten con otros usos, posibles aumentos de tarifas para hogares e industrias, pocos puestos de trabajo una vez terminada la construcción y grandes superficies ocupadas por edificios cerrados con escasa actividad hacia el entorno.

Entrevistado en la radio de La Diaria, el secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, reconoció que en Estados Unidos ya hay cinco estados que tienen “moratorias para que no se construyan más data centers”, y sostuvo que Uruguay recién está empezando en este proceso “a una escala menor”.

Ante las críticas, Sánchez señaló que Uruguay tiene “suficiente espacio para hacerlo” y que el país no será “un monocultivo de data centers”.

En el caso uruguayo, el eje de preguntas sobre el consumo de energía y agua se acentuó luego que la ministra de Industria, Fernanda Cardona, dijera que será cinco veces más grande que el que está terminando de construir Google por US$ 850 millones en el Parque de las Ciencias. El proyecto de Google es de 60 MW mientras que la primera parte de Solaria será de 200 MW.

Inicialmente Google preveía consumir 7,6 millones de litros de agua por día para refrigerar los procesadores, un volumen equivalente al consumo diario de alrededor de 55.000 personas.

Tras los reclamos, la empresa modificó el proyecto y pasó de un sistema de refrigeración basado en agua a uno basado en aire.

Al informar a la bolsa de España, Solaria detalló que la refrigeración será en “circuito cerrado” para minimizar el consumo de agua, con lo que intentó despejar esa controversia.

En los documentos presentados ante Ambiente a los que accedió El Observador, Google también detalló cuánta energía insumirá y planteó que cuando el emprendimiento alcance su máxima capacidad el consumo será menor a 560 GWh/año.

“Teniendo en cuenta que la última etapa operativa se alcanzará en varios años, el acuerdo inicial realizado con UTE es para proporcionar hasta 420 GWh/año”, dice el trabajo.

El ingeniero Ernesto Elenter, socio de SEG Ingeniería, señaló a El Observador que 560 GWh/año corresponden al consumo de 178.918 hogares, de acuerdo con los datos de UTE del año 2025.

Elenter señaló que el sector residencial –en sus cuatro tarifas– consumió 4.835 GWh el año pasado. Al haber 1.544.766 hogares registrados, el consumo medio para el sector residencial fue de 3.129,92 kWh/año o 261 kWh/mes. Si el máximo son 420 GWh/año, corresponderán al consumo de 134.189 hogares.

El data center de Solaria proyecta un consumo de 1.400 GWh/año, según supo El Observador, algo que obligará a UTE a adelantar algunas inversiones que ya tiene previstas.

A su vez, en el caso de Google, la empresa informó que durante la construcción emplearía un máximo de 800 personas mientras que para “la operación del proyecto estima un requerimiento de 50 personas en la etapa final”.

En el caso de Solaria, Cardona señaló que empleará a 1.500 personas cuando esté operativo, mientras que en la fase de construcción llegará a 3.100 personas.

El ruido y el calor

Si bien el data center de Google aún no comenzó a funcionar –su puesta en marcha se prevé para el verano de 2027– los vecinos de Canelones ya solicitaron frenarlo por ruidos que se registraron durante las pruebas y las modificaciones en el entorno.

Describieron un cambio "de forma permanente" en el "paisaje cotidiano de las familias" por la mera "presencia física del emprendimiento", pero además señalaron que la "iluminación industrial alteró sustancialmente las condiciones nocturnas". También describieron que durante las tareas de construcción, acondicionamiento y prueba "comenzaron a percibirse ruidos antes inexistentes". "Entre otros episodios, se han advertido molestias asociadas a flushing (limpieza de tuberías) nocturno, pruebas de bancos de carga y funcionamiento de generadores y otros equipos", apuntaron.

Más allá de esto, una investigación del medio Amenaza Roboto analizó por primera vez en Uruguay el impacto térmico de estas instalaciones y encontró que el centro de datos de Antel en Pando genera una isla de calor: una zona que permanece más caliente que su entorno.

El análisis se basó en más de 32.000 mediciones de temperatura de superficie tomadas por el satélite Landsat a lo largo de 25 años. A partir de estos datos, se comparó el comportamiento térmico del predio antes y después de la instalación del centro de datos, controlando factores como la vegetación, la urbanización y las variaciones climáticas.

Los resultados mostraron que, tras su puesta en funcionamiento, la temperatura del área aumentó 2,1 °C respecto a sus alrededores. De ese total, 1,9 °C se atribuyó al propio centro de datos: en su mayoría por la transformación del terreno, pero también —en una fracción significativa— por la operación de los servidores y sus sistemas de refrigeración.

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