14 de abril de 2026 5:00 hs

Aquello de “dato mata relato” parece no correr. La cifra madre es la misma: en el último año hubo en Uruguay 371 homicidios, según el Ministerio del Interior, lo que equivale a 12 fallecidos menos por este delito frente a 2024. Pero, ¿cuánto incide el crimen organizado, y en particular el tráfico de drogas, en entender de qué y por qué se mueren los asesinados? Y ahí empiezan los líos.

El anuario estadístico del propio Ministerio del Interior, publicado este lunes, acomoda el cuerpo ante una discusión que lleva más de dos años y atravesó los cambios gobiernos. En una “vieja tipología” podría estar sobreestimándose la incidencia del crimen organizado: el 57% de los homicidios del último año fue por “ajustes de cuenta”. Es una clasificación que, si se mira a largo plazo, parece seguir al alza.

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Uno de los defensores de esa tipología era el sancionado sociólogo Javier Donnángelo, quien estaba al frente del Observatorio de Criminalidad. Cuando habló “sin autorización” con la prensa para amparar su postura, el entonces ministro Nicolás Martinelli lo sancionó.

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Una “nueva tipología”, la que había querido adaptar la cartera por entonces, y que tiene entre sus autores al hoy coordinador del Plan Nacional de Seguridad, Emiliano Rojido, “podría subestimar dicha asociación, en la medida en que adopta criterios más restrictivos para vincular un homicidio a organizaciones narcotraficantes, lo que puede derivar en una mayor proporción de casos clasificados como indeterminados o encuadrados en categorías no directamente asociadas al narcotráfico”, reconoce el anuario. El peso de los homicidios vinculados a grupos de traficantes o el tráfico de drogas fue de 31%.

Cuando Rojido y otros dos académicos habían hecho su estudio, con datos de 2019, era solo el 11%. Ellos reconocieron que puede que haya otros casos vinculados, pero que no lo podían asegurar. En ese entonces, coincide con aumento de las denuncias de delitos de drogas (y posterior al año récord de asesinatos), lo que generaba ciertas dudas en parte de la academia.

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El anuario oficial admite que una tipología (la vieja) sirve para comparar con años anteriores en que ya había sido usada. “La nueva tipología busca generar evidencia empírica adicional que permita evaluar, en el tiempo, sus ventajas, limitaciones y posibles sesgos en relación con la clasificación de los homicidios”. Por lo cual el área estadística del Ministerio no se casó con ninguna (como parecía empantanada la discusión de los últimos años), publicó ambas para transparentar los datos y pidió ayuda.

El informe lo dice así: “Se ha solicitado formalmente la colaboración de la academia para llevar adelante una evaluación exhaustiva e independiente de ambas tipologías. El objetivo de este proceso es determinar, con solidez científica, criterios empíricamente validados y adecuados al contexto institucional uruguayo, cuál es la herramienta metodológica más robusta para la clasificación de homicidios, considerando tanto la calidad y oportunidad de la información disponible como las necesidades analíticas de la política pública”.

Esas consultas a la academia implican, además decisiones: son contrataciones o consultorías a las que no siempre se accede por concurso, y hasta implican determinar la comparativa internacional.

Siguiendo la vieja tipología, “Uruguay es uno de los países con mayor proporción de homicidios cometidos por el crimen organizado”. Lo había dicho ONU Drogas.

Con la nueva, en cambio, eso se reduce drásticamente, pero igual ya está en valores que muestran un vínculo en al menos un tercio de los homicidios.

¿Qué pasa con el resto? En la nueva tipología adquiere mucha relevancia los conflictos interpersonales (sobre todo entre conocidos). Pero, ¿qué lleva a resolver así el conflicto?

“Algo se quebró”. Algo que la fiscal de Homicidios de Montevideo Mirta Morales había dicho a El Observador que no sabe a ciencia cierta, pero que lo ve entre las centenas de hojas de expedientes de su despacho. Hace poco más de una década, cuando la funcionaria daba sus primero pasos en el Ministerio Público, a los sumo se topaba con un asesinato por turno (semana). Pero “algo se quebró en la sociedad” y ahora “no hay día en que no reciba un caso nuevo”.

¿Qué es ese “algo”? Según la fiscal se mata por “casi nada”. Muchos de esos llamados “ajustes” son venganzas porque “me miró mal” o “le quería demostrar poder” y la manera de resolverlo es por la violencia letal.

Un asesinato por drogas no siempre equivale a una serie de Netflix en que capos de una mafia se matan entre ellos. A veces es una pequeña deuda, una confusión, o hasta el síndrome de abstinencia.

La fiscal Morales también lo ve: “El consumo (de drogas) interfiere en la manera de relacionarse, en cómo resolver los problemas de la manera más violenta aunque no sea por un gran cargamento”.

Mucho más si a ese “quiebre social” se le inyecta el principal vector epidemiológico de los homicidios: las armas de fuego.

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