7 de octubre de 2026 5:00 hs

El viernes anterior al clásico, el padre de Renzo imaginó en voz alta el cumpleaños perfecto para su hijo. El juvenil acababa de recibir la citación para entrenar con la selección uruguaya Sub 20 y dos días después iría al Campeón del Siglo a ver el duelo entre Peñarol y Nacional por la cuarta fecha del Torneo Clausura. “Pah, Renzo... mirá, un fin de semana y un cumpleaños que puede ser redondito. Imaginate que Peñarol gana el clásico el domingo, que el lunes vas a entrenar con la selección... ¿Qué mejor cumpleaños?”, le dijo entre risas.

Poco más de un mes después, aquella conversación todavía le da vueltas en la cabeza. “Increíblemente, se hizo todo al revés”, dice ahora.

Renzo nunca llegó al entrenamiento con Uruguay. Después del clásico del 30 de agosto recibió el impacto de una munición no letal en la cabeza y el lunes, en lugar de presentarse a practicar con la selección, cumplió 18 años en una emergencia. Desde entonces sufrió convulsiones, pasó por sucesivas internaciones, comenzó a tomar medicación y debió someterse a controles neurológicos. La lesión dejó una cicatriz en el cerebro y los médicos todavía estudian si tendrá consecuencias a largo plazo.

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Dispositivo de seguridad en las afueras del Campeón del Siglo.

Dispositivo de seguridad en las afueras del Campeón del Siglo.

Según denunció anteriormente su abogado, Rodrigo Rey, el disparo fue realizado por un efectivo policial cuando el futbolista estaba junto a un grupo de personas que esperaba para abandonar el estadio, lejos de los incidentes. Su padre vuelve una y otra vez sobre ese punto cuando habla con El Observador: “Renzo fue a un partido de fútbol, no fue a una guerra”.

Ahora el caso llegó formalmente a Fiscalía. El 25 de setiembre, Renzo presentó una denuncia penal por las lesiones sufridas, pidió que se investigue la actuación policial y reclamó la preservación urgente de las cámaras del estadio, los registros del Ministerio del Interior y las cámaras corporales de los efectivos para intentar determinar quién efectuó el disparo

Una llamada que cambió el cumpleaños

La entrada había sido un regalo. El padre se la compró el jueves y al día siguiente llegó la citación a la selección. Renzo incluso dudó si ir al clásico. Finalmente decidió aprovechar el regalo y volver temprano porque el lunes tenía que entrenar con Uruguay.

En su casa tampoco sobra el dinero. “Somos trabajadores”, explica el padre al recordar por qué su hijo terminó yendo pese a aquella duda. Nada hacía pensar que mirar un partido de fútbol pudiera interferir con la oportunidad deportiva que acababa de recibir.

Después del clásico, mientras el padre estaba en su casa, sonó el teléfono. Era Bruno, su hijo mayor. Solo con ver su nombre en la pantalla sintió que algo había ocurrido. “A Renzo le pegaron un tiro con una bala de goma en la cabeza, está acá sangrando”, le dijo su hijo.

La herida que sufrió el juvenil

La herida que sufrió el juvenil

La madre de Renzo estaba trabajando en una emergencia. Cuando recibió la noticia dejó todo y salió hacia el Campeón del Siglo. El padre consiguió que lo llevaran hasta el estadio y encontró a Renzo en una ambulancia. Según relata, inicialmente le indicaron que podía llevarlo a su casa y observarlo, pero cuando lo bajó el joven se tambaleaba y necesitaba ayuda para caminar. La familia decidió trasladarlo a la Médica Uruguaya.

Hasta entonces todavía podían pensar que se trataba de un golpe fuerte. Había sangre y estaba la marca del impacto, pero lo peor no podía verse. La primera tomografía cambió todo: los médicos les informaron que Renzo tenía una contusión y una herida cerebral.

“Fue una cosa que nos arruinó en el momento”, recuerda su padre. Desde afuera, dice, hubo quienes intentaron tranquilizarlos porque el joven estaba consciente y podía hablar. Para ellos la realidad era bastante más difícil: “Uno escucha a la gente decir ‘por lo menos está bien’, pero no es que esté bien”.

Las convulsiones y una incertidumbre que todavía sigue

Los días siguientes fueron una sucesión de entradas y salidas del hospital. Renzo recibió el alta un martes y el miércoles tuvieron que internarlo nuevamente. Volvió a su casa el jueves por la noche y el sábado debió regresar al centro asistencial. Allí sufrió una convulsión.

Comenzó entonces otro proceso: neurocirujano, neurólogo, resonancias, controles y medicación. Los médicos determinaron, según relata su padre, que la herida dejó una cicatriz en el cerebro. Ahora deben establecer si esa marca quedará solamente como el rastro físico de lo sucedido o si puede generar nuevas consecuencias.

La posibilidad que más inquieta a la familia es que Renzo desarrolle epilepsia. “Hoy por hoy la moneda está en el aire”, dice su padre. Los especialistas todavía deben realizar estudios y el joven continúa medicado para prevenir convulsiones. Antes del clásico no tenía ese problema.

Esa incertidumbre modificó la vida cotidiana de toda la familia. Sus padres se turnaron entre las internaciones y el cuidado de sus otros hijos. Buena parte de sus familiares vive en el interior y durante los días más difíciles prácticamente no querían separarse de Renzo. Su madre pasó noches casi sin dormir, permanentemente pendiente de él.

Pero mientras sus padres miran los estudios médicos y piensan principalmente en las posibles secuelas, Renzo mira todo lo que está ocurriendo afuera del hospital.

El fútbol que siguió sin él

Para su padre es imposible explicar lo que significó perder aquella citación sin contar primero cómo vive Renzo desde hace años. El fútbol no ocupa una parte de su rutina: prácticamente la organiza.

Entrena y vuelve a su casa. Sale poco. Al día siguiente vuelve a entrenar. “Llueva, truene, puede haber una tormenta que él va”, dice su padre.

Por eso la convocatoria a la selección había sido vivida como una recompensa a años de esfuerzo. No solo perdió aquel entrenamiento. La lesión terminó dejándolo afuera de los Juegos Odesur de Santa Fe 2026 y también frenó su actividad en Racing cuando comenzaba a mirar hacia Primera División. “Él tenía la aspiración del año que viene, por qué no subir a primera o estar más en primera. Y bueno, esto le corta todo”, lamenta su padre.

Durante los últimos días Renzo empezó a regresar al lugar donde se siente más cómodo. Volvió a los entrenamientos, aunque solamente para acompañar a sus compañeros. No podía correr ni hacer los ejercicios. Simplemente estaba ahí. Para su padre fue suficiente para advertir un cambio enorme: le volvió a ver otro ánimo.

Por eso Renzo llegó a una de sus últimas consultas médicas convencido de que quizás finalmente recibiría el alta para entrenar. Cuando supo que todavía debía esperar, el golpe anímico volvió a sentirse.

“Se está perdiendo la posibilidad de jugar en primera o de por lo menos estar ahí, ser parte del plantel, estar cerca. Y no está pudiendo pelear esa chance. Él ha soñado desde siempre con eso y ha trabajado desde siempre con eso”, cuenta.

“Fue a ver un partido de fútbol, no fue a una guerra”

A las consecuencias médicas y deportivas se agregó algo que la familia tampoco esperaba. Cuando el caso se hizo público, Renzo leyó comentarios en redes sociales que cuestionaban qué hacía un jugador juvenil y citado a la selección en la tribuna de un clásico.

Le afectaron. Llegó a decirle a su padre que sentía que había quedado “quemado en todos lados”. Él intentó convencerlo de que quienes realmente importaban eran quienes lo conocían. En esas semanas recibió mensajes de personas con las que hacía tiempo no hablaba y que conocían a Renzo desde niño. Todos, dice, le hablaban de lo injusto de lo ocurrido.

La hinchada de Peñarol durante el clásico por la cuarta fecha del Clausura

La hinchada de Peñarol durante el clásico por la cuarta fecha del Clausura

Por eso rechaza que la discusión se centre en la presencia de su hijo en el estadio. Para él hay algo mucho más sencillo detrás: un joven de 17 años había ido a mirar un partido y esperaba regresar a su casa. “Fue a ver un partido de fútbol, no fue a una guerra. Es un derecho, es algo que lo hace cualquiera y la idea era que volviera sano a casa”, afirma.

La idea de Renzo, de hecho, era salir rápido del Campeón del Siglo, llegar temprano, descansar y prepararse para su primera práctica con la selección. En lugar de eso, aquella noche terminó en una emergencia y allí recibió los 18 años.

Renzo presentó una denuncia penal y pidió identificar al policía que disparó

Mientras continúa con los controles médicos y espera poder volver a jugar, el caso también comenzó a transitar por la vía judicial. Renzo presentó el 25 de setiembre una denuncia penal ante Fiscalía por las lesiones que sufrió a la salida del clásico, según el escrito al que accedió El Observador.

Con el patrocinio de su abogado, Rodrigo Rey, el futbolista pidió que se investigue lo ocurrido y que se determine quién o quiénes fueron responsables del disparo que lo alcanzó en la cabeza.

“No son admisibles las especulaciones de que cualquier demora en estas actuaciones estaban asociadas a incidencias a nivel de la justicia deportiva, son fueros independientes, autónomos, distintos y existe en este tipo de delito un plazo de hasta 180 días para formular una instancia formal ante las autoridades, es natural que se tenga cautela y precaución, porque la fenomenología de las lesiones implica un monitoreo y evolución, y precipitarse no es una actitud técnica responsable por parte de la representación de una defensa”, afirmó Rey.

Además, enfatizó en que "no responsabiliza a Alfredo Clavijo por estos hechos que obedecen seguramente a una acción autónoma, en el marco de una respuesta desproporcionada".

En la denuncia, Renzo reconstruye lo sucedido una vez terminado el partido. Señala que parte de la parcialidad protagonizó incidentes con los policías encargados de la seguridad, pero sostiene que él no participó de esos enfrentamientos.

“Yo no participé en ninguno de esos hechos. Me encontraba junto a un numeroso grupo de personas que aguardaba en forma pacífica, en la zona de una de las puertas del estadio, el momento de retirarse, en un sector donde no se produjo incidente alguno”, afirma en el escrito.

Según su denuncia, mientras permanecía allí fue alcanzado en el lado derecho del cráneo por un proyectil de munición no letal disparado, “según los elementos de que dispongo, por un efectivo policial integrante del operativo”. Allí agrega un dato que también atraviesa el relato de su familia: perdió el conocimiento, fue asistido y terminó internado en Médica Uruguaya, donde al día siguiente cumplió 18 años.

La denuncia plantea que las lesiones podrían ser graves

El escrito sostiene que los hechos podrían encuadrar, en principio, en el delito de lesiones graves, previsto en el artículo 317 del Código Penal. La defensa fundamenta ese planteo en el traumatismo encéfalo craneano, la pérdida de conocimiento, los focos contusivos hemorrágicos y el período durante el cual Renzo quedó impedido de desarrollar su actividad habitual como futbolista.

La denuncia también plantea que, si se confirma que el disparo fue efectuado por un funcionario policial durante el operativo, deberá analizarse si el uso de la fuerza cumplió con los principios de necesidad, racionalidad y proporcionalidad establecidos por la normativa.

“La presente no persigue deslegitimar la actuación policial ni el uso racional de la fuerza frente a quienes incurrieron en conductas violentas. Su objeto se limita a esclarecer por qué una persona que aguardaba pacíficamente para retirarse, en un sector donde no se producían incidentes, resultó gravemente herida”, señala el escrito.

Uno de los principales pedidos de la denuncia apunta a reconstruir exactamente desde dónde y en qué circunstancias se produjo el disparo. La defensa solicitó a Fiscalía preservar y obtener todos los registros audiovisuales posteriores a la finalización del clásico, al advertir que algunas grabaciones podrían quedar expuestas a ser sobrescritas.

El pedido incluye las cámaras del Campeón del Siglo, los registros del sistema de videovigilancia del Ministerio del Interior, las cámaras corporales de los policías que participaron del operativo y las eventuales filmaciones aéreas.

La hinchada mirasol durante el encuentro

La hinchada mirasol durante el encuentro

Además, pidió que la secretaría de Estado entregue la orden de operaciones, la nómina de policías desplegados y la identificación de aquellos que portaron y utilizaron armamento con munición no letal. También reclama los registros de la munición asignada y consumida y los partes correspondientes al procedimiento.

La denuncia incorpora como prueba los registros de la asistencia médica recibida desde aquella noche y solicita una pericia médico-legal del Instituto Técnico Forense (ITF) para establecer la naturaleza y el mecanismo de la lesión, el período de incapacidad y si existen secuelas permanentes.

En el escrito, Renzo también deja planteada una consecuencia que trasciende la lesión médica: explica que juega en Racing e integra el proceso de la selección uruguaya Sub 20 y afirma que, como consecuencia directa de lo ocurrido, no pudo participar de los Juegos Odesur Santa Fe 2026 ni volver a entrenar y competir.

La presentación solicita finalmente que Renzo sea reconocido formalmente como víctima en el proceso, que se realicen las diligencias requeridas con carácter urgente y que, una vez esclarecidos los hechos, Fiscalía promueva la acción penal contra quien o quienes resulten responsables.

“¿Por qué compré esa maldita entrada?”

Renzo volvió estos días a la cancha. No para entrenar, sino para estar. Se cambia, acompaña a sus compañeros y mira desde afuera una rutina que hasta hace un mes era la suya. Su padre notó enseguida que con eso alcanzaba para que regresara a casa con otro ánimo.

El lunes fue al neurólogo esperando escuchar las palabras que más quería: que ya podía volver. No llegaron. Todavía tiene que esperar, seguir con la medicación y hacerse los estudios que determinarán si aquella cicatriz en el cerebro quedará solamente como una marca o traerá consecuencias.

Mientras tanto, Racing sigue jugando, sus compañeros siguen entrenando y la selección que lo había citado también siguió su camino. Renzo espera. Hace un mes tenía 17 años, una entrada para el clásico y un mensaje en el teléfono que le decía que debía presentarse a entrenar con Uruguay. Hoy tiene 18 y su objetivo inmediato ya no es ganarse un lugar en la selección ni acercarse a Primera. Es volver a ponerse los botines.

En su casa también aprendieron a medir el futuro de otra manera. El padre que aquel viernes imaginaba un cumpleaños “redondito” ahora espera que llegue un día en que pueda ver a su hijo salir a entrenar, cerrar la puerta detrás de él y no pensar en convulsiones, resonancias o posibles secuelas.

Entonces, quizás, aquella pregunta que todavía lo persigue —“¿por qué compré esa maldita entrada?”— empiece a quedar atrás. Por ahora se aferra a eso, a la "ilusión de que esto el día de mañana sea simplemente una anécdota”.

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