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20 de junio 2024 - 5:00hs

La guardia militar esperaba en una de las esquinas de la plaza cuando uno de los integrantes de la seguridad divisó la camioneta Toyota Tacoma negra y transmitió que el presidente estaba por llegar.

Decenas de personas se acercaron, y uno de ellos, ni bien Luis Lacalle Pou puso los pies en el suelo –sin poder llegar a cerrar la puerta– le estiró la mano con su celular para saludarlo y pedirle una selfie.

Una maestra le pidió la segunda y el mandatario le dijo a un hombre que la acompañaba que “pasaba seguido” por la esquina de su casa en la ruta y que algún día tenía que entrar.

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Entre besos, recuerdos y fotos, todavía tenía el saco en la mano por lo que se tomó un segundo para ponérselo y enseguida siguió con un ritual que arrastra desde la campaña y que ha mantenido en la Presidencia.

Cruzar a la mitad de la plaza –donde realizó una ofrenda floral a José Artigas– le llevó 34 minutos. Llegó a las 13.35 y recién a las 14.09 pudo formarse junto a las autoridades, que lo esperaron pacientemente.

En el trayecto, se sacó 116 selfies, según contó El Observador. Una de ellas tuvo como fotógrafo al propio Metediera, mientras que en otra se coló Rafael Villanueva, el popular conductor televisivo que lo invitó a salir a andar en moto.

“Ahora que usted es de mi equipo y es motoquero, tenemos que salir", le dijo –micrófono en mano– el dueño de La Jessy. "Siempre fui", le aclaró el presidente y aceptó el planteo tras preguntar si tenía “casco autorizado”.

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Cumplida la ofrenda, saludó a varios militantes blancos que con pancartas lo vitorearon al grito de “¡presidente-presidente! y ¡vamo’ arriba Luis!”, y se sacó una foto con un grupo de la lista 40. Antes, había bromeado con legisladores y autoridades del oficialismo que son oriundos de Canelones.

La caminata hasta el palco oficial –a menos de cincuenta metros– le llevó otros veinte minutos. Se sacó 68 fotos más hasta que un hombre le pidió si podía apurarse porque lo esperaban para arrancar el desfile y los niños habían sido citados a las diez, hacía ya varias horas. Le contestó que apuraba el tranco pero que tampoco podía negarse porque sino lo trataban de “botón”.

Antes de subir, se cruzó con el candidato colorado Gabriel Gurméndez y el ministro de Ambiente, Robert Bouvier, elegido por el gobierno para dar el discurso oficial. Entre risas, el jerarca reconoció que se había asustado al recibir un mensaje del presidente el domingo a las ocho de la noche y que suspiró al ver que era una convocatoria.

El primero en hablar fue el alcalde de Sauce, el nacionalista Rubens Ottonello, que aprovechó el discurso para defender al gobierno y destacar la descentralización y una serie de obras.

Luego, fue el turno de Marcelo Metediera –intendente frenteamplista de Canelones– que también incluyó palabras sobre la coyuntura aunque con algunas críticas. Tras un breve murmullo, debió interrumpir brevemente su discurso ante algunos silbidos y abucheos cuando hablaba de la seguridad.

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El jerarca pidió que el tema no fuera tomado como un “botín electoral” y solicitó a los partidos políticos –incluido el suyo– que lo aborden de forma “seria y responsable”. “Nuestra historia, nuestro presente y nuestro futuro nos obligan a involucrarnos de inmediato, a ser efectivos y a dar respuesta a la sociedad, a nuestra gente, porque una vez más la causa de los pueblos no admite la menor demora”, cerró citando al prócer.

Un rato después, al subir al palco oficial tras el discurso de Bouvier en representación del Poder Ejecutivo, Metediera dialogaría con Lacalle Pou acerca del suceso. El presidente le diría que estuvo “perfecto”, que fue correcto y que no se “calentara” por lo que había ocurrido.

Para ese entonces, el desfile militar, policial y social ya había comenzado, y varias personas –24– se acercarían a la tribuna oficial para pedir sus fotos. Una de ellas incluso le regalaría una bolsa de pastelitos, que el mandatario gentilmente distribuyó entre las autoridades presentes –como la presidenta de la Cámara de Diputados, Ana Olivera o el ministro de Defensa, Armando Castaingdebat–.

Tras el desfile, con el sol ya bajando y los Buitres aprontándose para tocar en otra de las esquinas, Lacalle Pou comenzaría lentamente a retirarse aunque la breve caminata le llevaría otra media hora. Se sacaría 179 selfies más –para llevar la cuenta hasta 387– y diría que gustoso volverá en 2025 –si lo invitan– ya no como presidente sino como ciudadano.

Popularidad similar a Mujica

A nueve meses de dejar el mandato, el presidente sostiene una alta popularidad, similar a la que tuvo José Mujica en 2014.

Esta semana, Cifra señaló que un 46% de los uruguayos aprueban su gestión, mientras que Opción informó que un 50% evaluaba favorablemente su labor.

“Se configura un saldo evaluativo positivo de +22. Los guarismos de aprobación se parecen mucho más a la gestión encabezada por José Mujica que a la segunda gestión de Tabaré Vázquez”, dice el informe de la consultora encabezada por Rafael Porzecanski.

Los analistas consideran que una de las claves de la alta simpatía está en ese vínculo cercano que ha mantenido con la población, y que se arrastra desde la campaña, cuando era el “último” en irse de los actos, ya que disponía de una gran cantidad de tiempo para sacarse fotos con los militantes y charlar con ellos.

Con restricciones por la pandemia, mantuvo esa práctica en el gobierno e incluso en un momento tuvo que hacer cuarentena por sacarse una foto con una persona que luego dio positivo a coronavirus. En ese entonces –en abril de 2021– señaló que si había uruguayos que lo querían saludar, criticar, entregarle una carta o sacarse una foto, no lo iba a frenar. “Yo no tengo una custodia en el medio, no la voy a tener nunca", explicitó.

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