12 de junio de 2014 18:13 hs

En estos días hay una cierta esperanza en el empresariado agropecuario argentino de que a partir de 2015, o sea no antes de 2016, aparezca un poco de racionalidad en la política de las carnes y, de esta forma, se pueda ir ordenando lentamente la producción, la industria y las exportaciones.

Durante todos estos años (la década) hemos visto con gran frustración cómo se dilapidó lo invertido durante tantos años de historia en términos de haber construído unamarca que sin duda es una de las más reconocidas del mundo.

La producción aguantó como pudo. Y no fue poco aguantar… para colmo de males al hecho de haber casi cerrado las exportaciones de carne, se pusieron retenciones al maíz, perjudicando de esa manera a todos los productores mixtos, que son la mayoría de los ganaderos.

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La racionalidad debería volver de la mano de una disminución o eliminación de las retenciones a los precios de los cereales y las de la carne.

Dicen los especialistas que no va a ser posible reducir las de la soja… y bueno... todo parece que no será posible. Pero si se eliminaran estas retenciones a los granos y a la carne podríamos ver un círculo virtuoso a gran velocidad: el maíz volverá a tener un precio internacional (no más subsidio para los industriales avícolas y porcinos) y la carne podrá volver lentamente a recuperar sus mercados de exportación.

Inmediatamente que se abran las exportaciones tendremos dos efectos contundentes: mayor oferta de carne vacuna al mercado interno y mayor entrada de divisas. Mejores ingresos para los productores agrícolas y mayor competitividad a la cadena de la carne vacuna.

¿Será un espejismo?

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