23 de agosto de 2013 18:41 hs

Para Mónica Devoto el té trasciende cualquier significado que le den los consumidores comunes. Lo considera un ritual casi religioso. Ejerció solo durante dos años su profesión de escribana y luego se dedicó a trabajar en supermercados Devoto, la empresa de su familia, hasta que fue vendida en el 2000. Hace cinco años decidió formarse como sommelier de té, una carrera atípica en Uruguay que la llevó a Argentina, Francia e India en su afán de investigar más sobre su infusión favorita.
Hoy, a los 52 años, es la pionera de la cata de té en Montevideo, donde ofrece degustaciones y diseña cartas para restaurantes, entre otras actividades.

¿Cómo surgió su pasión por el té?
Mi abuela siempre hacía el té en hebras. Tiene valor sentimental. Trabajé muchos años en Devoto, y ahí tuve la oportunidad de conocer los diferentes tipos de té. Después de que se vendió la empresa, mi esposo siguió trabajando y viajábamos mucho, y en cada viaje buscaba té en hebras porque aquí no conseguía. De a poco fui haciendo degustaciones con amigas, y en el 2008 años la escuela argentina de té abrió una carrera para sommelier y me fui a Rosario a estudiar.

Comenzó su emprendimiento con más de 45 años, ¿qué se siente?
Es un cambio de ciclo. Cuando uno termina una etapa, como yo terminé la del trabajo, es necesario renovarse. Eso ya había quedado atrás, y quería hacer algo diferente. Fue un poco progresivo, se dieron muchas cosas: pude dejar de trabajar, hacía muchos años que estaba en la empresa y siempre fui muy activa.
Me levanto muy temprano y hago mucho deporte y necesitaba encontrar otra cosa para hacer.

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¿Cómo es el público en Montevideo?
Hace poco que se abrió el mercado del té en hebras. Hace cinco años no me podría haber dedicado a esto. La tienda del té en Punta Carretas abrió hace solo tres años. Cuando empecé el curso de sommelier, Mónica Rodríguez, recién empezaba con la tienda y su local era el único local que tenía hebras. Cuando empezaron a abrir otras tiendas se empezó a popularizar y empezaron a surgir diferentes formas de consumirlo, como en tragos alcohólicos o en la cocina gourmet.

¿Cómo logra hacer que el trabajo no mate la pasión?
Puede ser que algunos días esté con mucho trabajo y a lo loco. Pero el té es mi fuente de trabajo y de relajación. Si me estuvieras hablando de otro trabajo puede que sí, pero rodeada de los aromas y el sabor del té no. Cuando llego a casa, tomar una taza de té me relaja. La mujer de hoy vive a mil, así tenga hijos o no, y lo ideal es encontrar un momento en el que poder tranquilizarnos.

¿En qué sentido su trabajo en Devoto influyó en su negocio actual?
Hice notariado por descarte. Me recibí de escribana porque ninguno de los hijos de los fundadores de Devoto podíamos entrar en la empresa si no éramos profesionales, entonces de algo me tenía que recibir.

Antes no había tantas opciones, entonces hice la carrera de notariado y trabajé dos años, pero siempre pensando en que iba a entrar en Devoto.

Empecé a trabajar en el área de compras, y habían tres hombres y yo. Ellos se encargaban de la parte de comestibles y yo de los perfumes y la cosmética, y cuando llegaban productos gourmet me consultaban a mí. El té fue una de las cosas que más me llamó la atención, por la variedad y los aromas. El supermercado me puso en contacto con la mercadería.

¿Cómo es emprender en algo relacionado con el té en Montevideo? ¿Qué servicios ofrece usted?
Doy charlas sobre té y hago degustaciones en distintos eventos o me llaman para diseñar cartas en restaurantes, buscando armar una selección de tés que reflejen la personalidad de cada lugar. También asesoro empresas gastonómicas porque más allá de que el té es milenario, ahora el mundo gourmet lo empezó a incluir en tragos, en comidas. Pero la idea principal es disfrutar el té y pasar un buen rato entre amigos.

¿Algún evento memorable?
En uno de los que hice para una línea de joyas en Magma me pidieron presentar tragos alcohólicos con té. Recibimos a las clientas con té oolong frío en vez de un refresco y después hicimos un trago con un concentrado con frutos rojos y champagne, al que llamamos el trago Daisy. Estuvo bueno porque me fui dando cuenta de que las personas siempre encuentran un espacio donde el té puede formar partes de sus vidas.

¿Dónde se puede formar una persona que quiera ser sommelier de té?
En Uruguay no existen escuelas y para que yo forme una necesitaría varias personas que me apoyen.

Yo me formé en el exterior, primero en la Escuela Argentina de Té, cuando abrió la carrera de sommelier. Era un año y medio y le dije a mi esposo: “bueno, me voy a Rosario a hacer este curso”. Me instalé y me dieron un montón de hebras. El curso en sí era de una semana, y una vez al mes rendíamos prácticas y exámenes teóricos, que consistían en hacer nuestros propios blends y ceremonias.

Más adelante, también en la Escuela Argentina, tomé el curso de protocolo y etiqueta. Después me fui a Lyon, en Francia, e hice un seminario de las ceremonias de té chinas y japonesas.

Y por último, con 20 sommeliers de la escuela vivimos durante casi un mes en una plantación en el Himalaya y convivimos con los recolectores de la zona. Tuvimos la posibilidad de ver cómo vivían y cosechaban.

¿Qué fue lo que la atrajo más del té?
Empecé a ver todos los beneficios para la salud. A partir de ahí empecé a investigar.

Además siempre me gustaron los aromas y los sabores del té, investigar las distintas hebras y mezclas. Tengo una carpeta con todas las hebras que colecciono y les pongo etiquetas.

Pero cuando empecé a viajar y a estudiar me pareció que lo que fui conociendo trasciende por completo la bebida. Estudiar cómo difieren las diferentes ceremonias del té en China, India o Inglaterra es entrar en una cultura distinta y conocer otras formas de vida. Para los japoneses tiene mucho que ver con la cultura zen; los indios lo toman en cualquier momento del día y le ponen especias; por su parte los ingleses tienen el five o’clock tea.

Cuando viví en las plantaciones del Himalaya pude ver todo el proceso del té y cómo detrás de cada hebra hay una familia que vive de ellas. Son experiencias que dan otra perspectiva. Es mucho más que una bebida, es una forma de vida que te hace bien por dentro y por fuera.

¿Qué planes tiene para el futuro?
El mundo del té es algo que no termina nunca. No estar atada a ocho horas de trabajo me da la oportunidad de continuar viajando para seguir conociendo lugares donde hayan plantaciones. Quiero seguir estudiando e investigando hasta que no pueda más.

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