Son las 12 del mediodía del lunes y Enrique Antía ha estado hablando con la prensa desde la 8 de la mañana. Radios, canales de televisión, diarios: todos querían su palabra. Había dormido solo tres horas, luego de una madrugada de festejos y después del afloje de una tensión contenida que produjo la definición del domingo, la elección más emocionante en Maldonado desde el regreso de la democracia por lo cambiante de sus alternativas. El exintendente y actual intendente electo conversó ayer con El Observador. Su voz se notaba cansada. El último año y medio lo tuvo muy activo dentro del largo proceso electoral. Desde su renuncia al directorio de UTE hasta su postulación a las internas, las nacionales y las departamentales en más de 450 reuniones en hogares de las ciudades de Maldonado y San Carlos, y en actos en el resto del departamento. A lo largo del proceso varios lo dieron por muerto. Se habló del término “cadáver político”. Su diputación fue muy peleada y se confirmó varios días después del domingo 31 de octubre. En la interna partidaria, Rodrigo Blás, candidato oficial de Luis Lacalle Pou, era un rival que podía ganarle. A pesar de todo esto, y luego de una campaña “austera y constante”, el domingo fue él quien alzó los puños a la noche y a un dron que filmó los festejos de los blancos.
Hay algunos actores políticos en Maldonado que dicen que usted renació de las cenizas…
Yo estuve a punto de no hacer más política. Luego de que perdimos la segunda elección (con Óscar de los Santos, en 2010 y por más de 10 puntos de diferencia) fueron instancias muy duras, de agravios, de mentiras y difamación que intentaron llevar adelante hacia mi persona. Fue un tiempo de denuncias y de investigaciones judiciales que terminaron como tenían que terminar: con un archivo total de todo. Fue una mentira que inventó un sector del Frente Amplio (el de De los Santos, Alianza Progresista), porque sabían que yo era un contendedor difícil. Ese sector tuvo ideólogos de la política del enchastre, como Esteban Valenti. Intentaron destruir la persona. Mi familia no quería que yo siguiera en política. Pero mis amigos íntimos me llamaron para sacarlos (al FA) de Maldonado, y el tiempo me dio la razón.
La ciudadanía de Maldonado ratificó dos veces a ese sector del FA.
Sí, es cierto. Pero gobernaron 10 años, prometieron mucho y no hicieron nada. Perdieron porque demostraron que no sabían gobernar Maldonado. Tuvieron viento de popa, con una inversión extraordinaria y dejaron a Maldonado pelado. Recaudaron US$ 1.050 millones en el último quinquenio. Hoy están dejando la intendencia destruida, con una deuda inmensa y con políticas que están afectando a los vecinos.
En esta campaña priorizó las reuniones en casas de familia, ¿por qué?
Cuando la gente va a un acto o a un comité, va a escuchar a hablar al político. Pero para saber qué piensa la gente hay que escuchar. Tomando un mate, comiendo una torta frita, la gente se suelta y opina. Y también propone y da buenas ideas. Eso lo hicimos en Maldonado y San Carlos y votamos muy bien en ambos lugares. Incluso la alcaldía de la ciudad de Maldonado ahora es blanca.
Usted fue intendente entre 2000 y 2005. Han pasado 15 años. ¿En qué ha cambiado usted?
Fui abuelo, tengo cinco nietos y otra perspectiva de la vida. Uno aprende trabajando. Aprendí mucho en la vereda, formándome. Pero la vida te enseña mucho más. Como gobernante, se aprende ganando y también se aprende perdiendo. La segunda vez fue muy duro. Fue un golpe fuerte y dejamos en libertad de acción a los dirigentes. Pero hay que sacar lo mejor de todo. Uno de los motivos por los que me enganché de vuelta es que mi familia viva y trabaje en Maldonado.
¿Cómo ve el futuro?
Estoy proyectando hacia el futuro.
¿En los cinco años de su gobierno o en más?
No, no. No pienso en mí, sino en formar un grupo de personas y de dirigentes que sean capaces de mantener fuerte a la agrupación política que conduzco. Gente de familia, gente de valores. l