18 de octubre de 2012 15:22 hs

Cómo llegamos a este punto? ¿Cómo es posible que pendamos de un hilo –el precio de los commodities– para evitar caernos de nuevo en aquel barro en el que vivimos todo el siglo pasado?

Prácticamente estábamos convencidos que el subdesarrollo era un destino cuando encontramos el espejo de Alicia para pasar al país de las maravillas y fuimos invitados a entrar por él hacia el primer mundo.

La puerta lleva casi ocho años abierta gracias al precio de nuestros productos que permitió aumentar la recaudación, la inversión y el poder adquisitivo de la gente.

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También tuvimos la oportunidad de resolver definitivamente nuestro futuro con la opción de entregar nuestro modelo 60 en materia de educación y sacar un cero kilómetro.

En lugar de aceptar la invitación se inició el período con una gran suelta de presos para estrenar una etapa que se recordará como el segundo batllismo. Para eso hemos refundado la nación reformando todas las leyes sociales, aceptando las ocupaciones de los lugares de trabajo, regularizando la legislación para el casamiento homosexual, el aborto, la marihuana, cuotificando el parlamento con cuanta minoría se pueda y otra serie de medidas que pudiendo ser importantes no eran ni por asomo las más urgentes para cambiar de una vez y para siempre el destino de la gente.

Otra parte de la energía, fue gastada en la venganza contra los militares, contra la derecha, contra las AFAP, contra los banqueros, contra los latifundistas y contra el pachequismo. En ese contexto aprovechamos a doblarle el brazo al pueblo con la derogación de una ley de caducidad plebiscitada dos veces y borramos con el codo lo escrito con la mano en una ley que aplica impuestos a las extensiones de tierra.
También fueron tiempos propicios para que renacieran el Frigorífico Nacional, el Instituto Nacional de Colonización y Calnu que tenían partida de defunción pendiente.

Mientras desde la puerta abierta nos hacían señas para subir, decidimos hacer algunos cambios en nuestro círculo de amistades. En lugar de Inglaterra, Estados Unidos o Canadá, le hicimos nuestra propuesta de amor a la Argentina, Venezuela, Irán y Palestina para mostrar que en la vida el dinero no lo es todo.

En este período la recaudación del Estado se multiplicó varias veces, sin embargo para este consumidor de pasta base estatal siempre fue poco dinero en relación a lo que necesitaba para sueldos y privilegios de los empleados del Estado.

Siendo así, nunca tuvimos un superávit en las cuentas del estado y con ello nos cortamos las manos frente a la inflación que alimentamos. Llegamos al día en que la inflación se arrima peligrosamente al guarismo de dos dígitos y con los brazos cortados lo que podemos hacer es aumentar las tasas de interés encareciendo el crédito y generando un atraso cambiario jamás conocido antes. Con ello por supuesto la producción que se exporta y sostiene al país pierde competitividad un día sí y otro también y para muestra del estado terminal, acabamos de perder competitividad con el único país a quien podíamos exportar sin problemas: Brasil. Este hizo todo lo contrario, y hoy puede bajar las tasas, dejar subir el dólar y estar en el mercado tan campante y sin inflación.

En el corral de ramas en el que entramos tenemos que presenciar con incredulidad la apelación última del gobierno a la congelación de precios y servicios, buque insignia de la política económica de don Jorge Pacheco Areco. Lamentablemente tengo la edad para decir que vi la película y su final cuando atendiendo a los síntomas y no a las causas de la inflación se termina con una bomba que explota en la cara.

Por último todo podría seguir bien si los commodities continuaran subiendo y si los BRIC no se caen del todo, pero cómo saber si ello ocurrirá cuando vemos los primeros síntomas del entornado de la puerta. Tuvimos todo para estar discutiendo hoy los modelos de desarrollo para los próximos 50 años, para jugar en las grandes ligas, en la Libertadores de América. Sin embargo, tal como arenga la hinchada del Centro Atlético Fenix, nosotros gritamos muy felices que ¡el Uruguay no baja! ¿Cómo llegamos a este punto?

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