8 de marzo de 2013 20:18 hs

Es lunes y faltan unos minutos para las 10 de la mañana cuando Julio Bocca sale de la clase de ballet del Sodre. Llega puntual, saluda, se disculpa por el sudor y tras higienizarse recibe a El Observador en su pequeña oficina. Sobre la mesa tiene un mate pronto y un cronograma de las funciones de La Sílfide, la obra que el Ballet Nacional estrenará el 14 de marzo. En la computadora se ve su casilla de correos electrónicos y la web de un diario. Le comenta a su secretaria de dos compromisos que tienen que agendar y se dispone a comenzar la entrevista, a la que le dedica más tiempo del pautado. Cuando conversa es ameno y seguro, mira fijamente los ojos de su interlocutor y mueve ampliamente los brazos, como si su baile lo acompañara incluso al conversar. A juzgar por su vigor, nadie diría que lleva cuatro décadas de profesión. Pero aunque la tranquilidad de Uruguay le sienta bien a Julio Bocca, se lo ve tan incansable como siempre.

Con cuatro años comenzó a bailar siguiendo los pasos de su madre. A los 10 se iba solo de su casa en el conurbano bonaerense a la Escuela Nacional de Danza en la Capital Federal. A los 14 se fue a bailar a Venezuela, cuatro años después ganó la medalla de oro en el certamen internacional de ballet en Moscú y Mikhail Barychnikov lo convocó como primer bailarín para el American Ballet, donde estuvo 20 años. Poseedor de una vastísima carrera que lo llevó por todo el mundo y en la que creó el Ballet Argentino, tras su retiro decidió asentarse en Montevideo en 2009 y revitalizar la danza local poniéndose al frente de la Compañía del Sodre. Desde su ingreso, esta no solo se ha ido consolidando a nivel internacional sino que Bocca ha cumplido con el propósito que caracterizó toda su carrera: popularizar el ballet.

¿En qué lugar se ubica la compañía internacionalmente?

Más noticias

A nivel mundial está posicionada, pero nos queda mucho para trabajar. A escala regional puede competir con la Compañía Municipal de Chile, que es una de las más fuertes y estables, y también con la de Río de Janeiro o el Teatro Colón. La compañía no solo creció técnicamente sino también artísticamente. Lleva tiempo formar un buen cuerpo de baile, pero la gente ya se conoce más. De todos modos, se siguen buscando solistas. Por suerte este año María Ricetto tomó la decisión de quedarse.

¿Son pocos los bailarines o no tienen suficiente nivel?

Acá el 60% de los bailarines son uruguayos. Tienen condiciones y hay buenos maestros, pero no hubo una buena gestión para que todo esto se una.

¿Cómo ve la situación laboral de los bailarines en Uruguay?

En este momento están muy bien, tienen las mismas condiciones que en Santiago de Chile. Aunque es imposible competir con los sueldos; en un país de tres millones hay una determinada recaudación. Pero el bailarín tiene dos salas, funciones, sale de gira, se traen maestros, dispone de un teatro, algo que el American Ballet no tiene. Además el público apoya. No siempre todas las compañías tienen sala llena.

¿Cuánto se ha avanzado en el proyecto de una escuela educativa de arte?

El consejo del Sodre está trabajando en el cambio. Hortensia Campanella es la directora administrativa de las tres escuelas de danza, folclórica, lírica, que ya tienen nuevos directores. También hay un proyecto para poder tener las tres escuelas en una nueva sede.

¿Hay otros ejemplos en la región de este tipo?

La más cercana es la escuela del Bólshoi, en Brasil. La idea es tener algo así en Uruguay, pero con un seguimiento de la Ópera de París.

¿Sigue lidiando en el ballet los problemas de tipo burocrático y con los sindicatos?

Eso fue en el 2010, así que dejémoslo ahí.

¿Cómo son los bailarines de hoy en comparación a cómo eran 20 años atrás? ¿Se está perdiendo la disciplina?

Hace 20 años no podías hablar ni hacer nada. Ahora tenés que buscar otra forma para que no se aburran, y estar siempre incentivándolos. No está mal, es otra forma. Pero sí, esta carrera es disciplina y esfuerzo.

¿Qué cosas le quedan por hacer en lo personal o lo profesional?

En mi vida personal he hecho todo. Sí me gustaría poder apoyar el proceso de esta escuela y también hacerlo en Argentina. Creo que eso sería un cierre total de mi vida, de lo que uno pasa por acá para hacer. No me puedo quejar, tengo una familia maravillosa, mi pareja, vivo en un país lindo y tranquilo, tengo un trabajo que me gusta.

¿Extenderá su contrato después de 2015?

Estamos armando para 2016 y 2017, hablando con coreógrafos. Voy a seguir programando hasta que alguien me diga “pará”. Estoy muy bien acá.

¿Le gustaría dirigir el American Ballet?

No voy a negar que me tienta un poco la idea de irme a vivir a Nueva York, no sé si a dirigir, quizá sí a trabajar.

¿Extraña bailar?

No, estoy muy feliz. Está bueno como director poder traer grandes coreógrafos y ver a los bailarines que disfrutan y que crecen. Mi relación con la danza sigue siendo lo más importante. Es un arte único.

¿Por qué no es popular?

Porque es muy duro y es un arte que si no se le ofrece a la gente nunca lo va a ser. Acá, por suerte, se está popularizando. El año pasado veías que venía gente más joven, más variedad, es como que se instaló dentro de la grilla de espectáculos.

¿Cree que los concursos televisivos de danza sirven para popularizar el ballet?

Si están llevados a mostrar la danza es maravilloso. Lo importante es que mantengan la calidad, que no sean vulgares.

¿Aceptaría la propuesta de un programa como el de Tinelli?

Me han ofrecido y por ahora no. Tendría que tener mucho cuidado. Estuve en un programa de México, pero era una competencia de bailarines clásicos.

¿Qué cosas le gustan y cuáles no de vivir en Uruguay?

Estoy cómodo, la gente conmigo sigue siendo maravillosa. Me gusta caminar por la rambla, aunque quisiera que todo estuviera un poco más limpio, que no hubiera tanta inseguridad. En un país chico y con poca gente, me resulta difícil entender cómo no se puede conseguir.

¿En cuántas ocasiones le robaron?

Tres veces. Siempre en casa, pero nunca estuve, se ve que me tenían marcado.

¿Cómo es un día suyo?

Me despierto 6.30. A las 8.00 vengo. Nos reunimos para ver lo de las giras y cuando puedo hago clases. A las 11.00 empezamos los ensayos, reuniones, salir a buscar espónsors, hasta las 16.30, y luego me voy a casa. Me fascina estar en casa, disfrutar de la tranquilidad. El fin de semana fui a hacer una publicidad a Buenos Aires, era sábado y el tráfico que había no podía ser. Iba por la 9 de Julio a paso de hombre. Con esas cosas ya no puedo.

¿Cómo ve la situación sociopolítica de Argentina?

Si estuviera allá podría hablar. Aparte, la política no es lo mío.

¿Qué le pasa por la cabeza cuando vuelve a Buenos Aires?

Me pregunto cómo la gente puede vivir de esa forma. La capital es un loquero. Sigue siendo maravillosa, pero te tiene que gustar. Ya no podría vivir ahí.

¿Y si le ofrecieran ser el director del Teatro Colón?

No sé, pediría un helicóptero (se ríe). Me gustaría en un futuro, pero no sé. En Buenos Aires nunca viví un año entero. El 8 de octubre vamos a actuar. Va a ser difícil. Va a ser la primera vez en la historia que se presenta el Ballet Nacional.

¿Es un público más difícil?

Uno va con la cabeza que todos van a estar ahí mirando lo que ha hecho.

¿Sentía que la gente era muy invasiva en Buenos Aires?

Es uno más que nada, yo no salía tranquilo, sentía que todos me estaban mirando. Acá me pasa, pero menos. Voy al shopping, al supermercado. Igual siempre voy los domingos a las 8 o 9 de la mañana. Hay alguna que otra persona mayor (se ríe). Me gusta mucho la mañana, hay una tranquilidad y un silencio que es maravilloso.

¿Qué pasó con el sueño de ir a la Antártida?

Estoy esperando que terminen de arreglar el barco. Justo cuando íbamos a ir se incendió el rompehielos Irízar. Me fascinaba la idea de estar en un lugar donde no hubiera nada.

Uruguay es lo más cercano a eso…

(Se ríe) Y no hace tanto frío. Aparte dicen que allá ves el horizonte todo redondo.

¿Se ve envejeciendo en Uruguay?

A veces busco para comprar por Punta Ballena, Las Cumbres, Los Sauces, pero es más barato comprarte un departamento en Nueva York. Uruguay es un lugar que me gusta, donde todo está cerca. Pero en la vida nunca se sabe.

La sílfide

Funciones: de martes a sábados. Del 14 al 27 de marzo, a la hora 20. 00, a excepción de los domingos, a la hora 17.00.

Lugar: Auditorio Adela Reta.

Localidades: entre $ 120 y $ 720.

Reponedor: Frank Andersen.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos