2 de noviembre de 2012 21:43 hs

¿Qué tanto afectan las posibilidades de Uruguay en el nuevo escenario global, padecer una inflación por encima de 9% y una moneda más apreciada que sus principales socios comerciales?
¿Padecer? Uruguay no padece. Argentina, Venezuela, eso es padecer. Los uruguayos lloriquean como niños pequeños: “¡Mi moneda está muy fuerte!”. Lidien con eso. Estén orgullosos de que todo el mundo quiera venir a Uruguay porque hace 10 años nadie quería hacerlo. Su moneda fuerte es una señal de éxito. Si fuera débil estarían quejándose de lo mal que están y ahí sí estarían en lo cierto.


Usted es optimista respecto al futuro de la economía uruguaya...
Ustedes venden proteínas y siempre van a tener quien pague por eso lo que valen. La demanda va a seguir ahí. La suba del dólar va a hacer más competitiva a la soja uruguaya, los precios del petróleo van a bajar y eso va a reducir los costos energéticos. Pero va a haber volatilidad, es parte de la naturaleza de los negocios. Tenemos miedo al cambio y en la próxima década el mundo va a cambiar más que en el último siglo. Mi mayor consejo para Uruguay es que resuelva cómo lidiar con los cambios mejor y más rápido que cualquier otro.


¿Estamos preparados para eso?
Por supuesto que no. Tampoco EEUU ni Europa. Nadie lo está. El país que mayor éxito tenga será aquel que mejor resuelva cómo lidiar con el cambio. Ese es el secreto de Singapur. Se reconvirtió por completo y a conciencia. La mayor ventaja que tiene Uruguay frente sus vecinos es que son tres millones de habitantes. Todos los líderes pueden sentarse en una mesa, ver los cambios que vienen por delante y pensar cuál es la mejor manera de anticiparse a ellos. Son educados, están creciendo y tienen una moneda fuerte –eso es algo bueno–. Pueden pensar qué va a querer el mundo dentro de 10 años y proveerlo.

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O sea que se trata de una cuestión política, no económica...
Por supuesto. El mercado cambia pero no con una visión a 10 años. Muy pocas empresas pueden darse ese lujo. Para eso se necesita política y cooperación. Es como dispararle a un pato. Si se le apunta al lugar donde está, seguro se va a fallar. Hay que poner la mira en su trayectoria, donde va a estar en el futuro.


¿Cómo ve el panorama en Brasil y Argentina?
Brasil tiene una excelente infraestructura y una buena legislación laboral. Tiene más oportunidades de las que hoy aprovecha. Es un país de enorme potencial. En Argentina, el problema es el gobierno. Piensa que la propiedad de uno le pertenece. Es un mal socio para los negocios, ¿por qué habría de invertir allí si puedo hacer crecer la soja en Uruguay o Paraguay? Argentina es el país más triste de la región, porque tienen tanto potencial, tanta belleza en su país y tanta educación. Es un país maravilloso con un muy mal gobierno. Ahí está Singapur, una isla sin nada pero con un muy buen gobierno, y por lo tanto próspera. ¿Por qué a Singapur le tiene que ir mejor que a Argentina?


La región se desacelera, ¿qué tanto podrá soportar la crisis?
El mundo en desarrollo va a tener problemas. No hay forma de no verse afectado. La buena noticia es que vamos a seguir comiendo. Siempre vamos a necesitar carne, soja y papel.

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