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#Metoo: El hashtag hecho bandera contra el acoso sexual

La movida empezó con los acosadores de Hollywood pero se esparció el resto de la cultura estadounidense y a la política

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01 de enero de 2018 a las 05:00

Todo comenzó con una serie de incontables acusaciones de acoso contra Harvey Weinstein, el poderoso productor de Hollywood que disparó a estrellas como Quentin Tarantino. Pero rápidamente se convirtió en algo mucho más grande; un sismo dentro de la principal fábrica de construcción de sentido estadounidense, que se derramó hacia otros estamentos de la vida social del país, incluido el ámbito privado.

Tiene especial relevancia que el proceso haya comenzado de este modo, y que desde el ámbito de las artes se haya originado una discusión y una cadena de sucesos que probablemente defina a uno de los cambios sociales más significativos de nuestra era: el final de la época de la normalización del abuso a las mujeres en todos los ámbitos. La pata virtual del movimiento comenzó con un llamamiento de la actriz Alyssa Milano, una de las voces más críticas contra Weinstein, al mundo en general: "si todas las mujeres que sufrieron acoso sexual escribieran #MeToo (en español "yo también"), como status, quizá le daríamos a la gente una noción de la magnitud del problema".

Los últimos números hablan de más de 68.000 respuestas al tuit de Milano, pero el hashtag ha sido utilizado más de un millón de veces solo en la red social Twitter. En apenas 24 horas después del llamado de Milano, Facebook registró unos 4.7 millones de conversaciones relacionadas al tema, que por supuesto trascendió a Weinstein y ahora hace caer altos mandos y una creciente lista de políticos y personalidades que van desde el chef Mario Batali hasta el senador demócrata Al Franken, pasando por periodistas salientes del ambiente como Glenn Thrush (reportero estrella del New York Times a cargo de la administración de Donald Trump) y Ryan Lizza (periodista político de The New Yorker).


El nombre del movimiento no es nuevo: al día siguiente de su tuit, Milano supo que Tarana Burke lo había creado años antes de que siquiera Twitter existiera.

Semana a semana, Estados Unidos se sorprende con una nueva revelación acerca de algún personaje público envuelto en acusaciones similares que en la mayoría de los casos, asienten. Uno de los señalados más recientes es el reconocido actor Dustin Hoffman, quien fue duramente increpado por el presentador John Oliver en su programa de TV durante una entrevista y que ha debido hacer frente a nuevas acusaciones que van apareciendo, provenientes de años anteriores.

"Creo que lo que #MeToo representa es que es algo que le ha pasado a prácticamente todas las mujeres que conociste. Creo que es realmente importante que no permitamos que esto se convierta en la historia sobre esta persona que hizo todas estas cosas terribles porque es un monstruo, y dejar en claro que en realidad no son solo monstruos... pasa en todos los países y todos los días, y lo cometen amigos, colegas, ´buena gente´, que se preocupa por el medio ambiente y los niños e incluso el feminismo, supuestamente", explicó al diario The Guardian Caroline Criado-Pérez, creadora del sitio dedicado a mostrar la baja representatividad de las mujeres en los medios llamado The Women´s Room.

La democratización del feminismo a través de las redes sociales es uno de los impactos de estas plataformas que no admite discusión, con antecedentes como #BringBackOurGirls, difundido tras el secuestro de 300 mujeres en Nigeria, o #NiUnaMenos, activado para denunciar el femicidio en Argentina, también de alcance continental.
342 mil dólares pagó el Congreso de Estados Unidos entre 2008 y 2012 para zanjar demandas por discriminación laboral, de género, y acoso sexual, según datos de la Oficina de Certificación de Cumplimiento del congreso divulgados ahora.
El movimiento escaló de tal forma que la revista Time terminó señalando como "persona del año" a todas aquellas mujeres que rompieron el silencio. Y es que si bien los ecos de este movimiento digital resonaron en diferentes partes del mundo, el epicentro de todo sigue siendo Estados Unidos, donde además se discuten las dimensiones raciales del asunto: "¿Puede el #yotambién finalmente quitar a los hombres negros la etiqueta exclusiva de abusadores seriales?", se pregunta Dahleen Glanton en una columna de opinión para el Chicago Tribune.

Y si bien muchas de estas cuestiones están en discusión, ya hay efectos claros y tangibles: la elección especial en el estado de Alabama, para la que partía como favorito el republicano Roy Moore, tuvo a las mujeres como factor importante en su derrota, salpicada por innumerables acusaciones de acoso sexual. De todos modos, los números señalan que aunque un 57% de mujeres votó por el demócrata Doug Jones, un 63% de mujeres blancas votó de todos modos por Moore.

No escapa tampoco al efecto #MeToo el propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ha visto a las mujeres que lo han acusado de abusos en el pasado volver a por él. Hace solo algunas semanas, Jessica Leeds, Samantha Howley y Rachel Crooks detallaron sus acusaciones a la presentadora Meghyn Kelly en su show para la cadena NBC. Incluso una exconcursante del programa The Apprentice, que devolvió a Trump a la fama y lo activó dentro de la política, demandó al actual presidente. Trump podría ser llamado a declarar, pero su abogado pelea para que se le conceda la inmunidad bajo el argumento de que un juicio entorpecería su gestión al frente del gobierno de los Estados Unidos.


A lo largo de la campaña política, unas 16 mujeres han acusado al presidenciable de acoso sexual. Sin embargo, tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, el peso de sus dichos, por increíble que parezca, se diluyó. Con marchas multitudinarias en casi todas las ciudades importantes del país bajo en hashtag #MeToo, estas mujeres volvieron a tener una plataforma para contar su historia.

"Las buenas chicas"

En la década de 1970, la periodista Lynn Povich se unió con sus colegas de la revista Newsweek para reclamar por la falta de ascensos en su ambiente de trabajo. El movimiento, que está retratado en el libro "La revuelta de las buenas chicas" fue de algún modo antecedente de reclamos de mujeres dentro del ambiente laboral ante una cultura machista dominante. "Se siente muy diferente en el sentido de que las mujeres ahora están decididas a ir al frente y contar esas tremendas historias sobre lo que les pasó", dijo Povich consultada sobre #Metoo por la radio pública nacional de Estados Unidos (NPR).

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