14 de septiembre de 2012 20:46 hs

Cuatro amigos deciden hacer una pequeña fiesta privada un viernes. “Si uno no puede tomarse una copa un viernes de noche, ¿cuándo?” dice uno de ellos. Y es lo que hacen. Beben hasta emborracharse completamente. No pasa mucho más en la obra. Hablan del pasado, de abandonos y falta de trabajo. Y de su ídolo, Elvis.

Son obreros en Londres en plena época de Margaret Thatcher y viven al borde de transformarse en desocupados. Su único contacto con el mundo es el bar que frecuentan todas las noches, la televisión y el trabajo de 10 horas diarias, cuando lo tienen. Sus metas no alcanzan más que mirar televisión o dormir hasta tarde los domingos. Y emborracharse para no percibir la realidad”.

Así sintetiza Jorge Denevi, Éxtasis, la obra que llevará a escena hoy en el teatro El Galpón. La pieza del británico Mike Leigh se estrenó por primera vez en 1979 en el teatro Hampstead y fue reestrenada por el propio autor el año pasado, convirtiéndose en un éxito de la temporada teatral de ese país.

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¿Qué lo atrajo de Éxtasis?
Me interesó porque, en esta obra, Mike Leigh aborda un aspecto que no es muy frecuente en la dramaturgia y en el cine inglés: los temas de la clase obrera o la clase media baja. Me pareció interesante la perspectiva desde la cual aborda problemas como la desocupación, la lucha por la vida y la necesidad de encontrarle un sentido. Un poco en broma, pero bastante en serio, yo les decía a los actores mientras los dirigía que Mike Leigh es como un Ingmar Bergman de la clase obrera. Me interesó porque habla sobre todo lo que me inquieta en este momento.

¿La problemática del alcohol, por ejemplo?
No, el alcohol es la forma de escape que encuentran los personajes. Me refiero a cómo todos los estímulos culturales llegan a un mínimo sector de la población mundial y cómo es casi imposible revertir este proceso. El buen cine, la buena música, el buen teatro, es visto cada vez por menos personas, mientras que un programa televisivo de nivel paupérrimo es visto por la mayoría.

¿Y de qué manera esta temática se refleja en la obra?
En la mirada que Mike Leigh le da a los personajes. Él, que nació en la clase obrera y fue críado en esta sociedad, los muestra con una tremenda piedad. Al mostrarlos, de alguna manera los rescata. En su texto hay un fuerte cuestionamiento al mundo en el que vivimos.

¿Éxtasis es la primera obra del autor que llevará a las tablas?
Exacto, pero no la última. Desde mi punto de vista existe una gran correspondencia de esta pieza con otra que escribió el autor en 1977, que seguramente lleve a escena el año próximo. Pero hasta que no adquiera los derechos no quiero adelantar nada.

¿Tuvo oportunidad de ver algo de la versión inglesa de la obra estrenada en 2011?
Nunca veo absolutamente nada de lo quiero dirigir. Ver otras versiones me influye de manera negativa. Limita mi capacidad creativa. Yo me tengo que poner en la posición soberbia, de creer que puedo dirigir una pieza mejor que nadie en el mundo. Algo que subjetivamente no es verdad, pero debo creer en ese juego.

¿Qué hace después que elige un texto para dirigir?
Cuando yo dirijo una obra me sumerjo totalmente en el mundo en el que estoy dirigiendo. Si escucho música tengo que estar escuchando a los autores que le gusten a los personajes o que correspondan a la época en la que viven. En este caso, por ejemplo, escuché mucho a Elvis Presley, ya que los personajes son fanáticos. Inclusive, conseguí la versión original del disco que Leigh menciona en el texto. Para mí esas cosas muy importantes: hacen que el actor esté metido en la cuestión.

¿Es una puesta realista?
Es más que eso. Es ultrarrealista. Traté de que no parecieran actores haciendo de personajes sino que fueran esos mismos tipos. Cuando dicen que toman té caliente, en verdad lo están haciendo. Y lo mismo cuando toman cerveza o escuchan el disco de Elvis.

En 2010 y 2011 estrenó un promedio de seis obras por año pero ahora hacía casi un año que no estrenaba. ¿Por qué?
Mi último estreno fue El inspector con la Comedia Nacional.
En realidad hace mucho tiempo que vengo amenazando con no dirigir más. Un amigo me dice que soy como la Mirtha Legrand uruguaya que amenaza todo el tiempo con su retirada. Pero de pronto me cayó esta obra. Uno se mueve por estímulos. Ahora incluso ya estoy programando la siguiente.

Luego de 25 años se lo vio actuar nuevamente en El ingeniero, la tercera película de Diego Arsuaga ¿Qué le provocó la vuelta a ese rol?
No fue más que aplicar lo que siempre le digo a los actores que dirijo y a mis alumnos a mi propio trabajo. Tenía muchas ganas de hacerlo y justo apareció esta película cuyo guión me gustó mucho y el personaje también.

¿Le dieron ganas de volver a experimentar en otros roles que suele dejar en un segundo plano, como la dramaturgia?
Es que no soy bueno escribiendo. Escribo solo por inquietudes determinadas, cuando no encuentro a nadie que diga las cosas de las que tengo ganas de hablar. En este caso, por ejemplo, no era necesario. Mike Leigh lo hace mucho mejor que yo. Entonces, ¿para qué voy a hacerlo? Me siento mucho más cómodo ayudándolo a decir lo que tiene que decir, que en definitiva es el rol del director.

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