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(No) arruinar el fútbol

El VAR fomenta la distracción, la pérdida de la continuidad, de la intensidad emotiva

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23 de junio de 2017 a las 04:30

Carlos Benjamín García Gubitosi, Juan Irigoyen, Ruben Carlos DAcosta Cabral, Dardo Gasparre, Héctor Omar González y Abel A, son lectores de esta columna. No los conozco personalmente, pero les agradezco los comentarios sobre el VAR. Con ellos he aprendido, lo cual siempre es bueno, sobre todo cuando las cosas se hacen con cordialidad y respeto a la opinión del otro, aunque estemos en desacuerdo. De rugby no sabía nada, pero luego de los comentarios, algo he aprendido.

La columna referida -Arruinar el fútbol- tuvo como punto de partida a la percepción subjetiva, la mía en este caso, por lo tanto no buscaba dictar cátedra sobre la forma en que debe utilizarse la tecnología en el fútbol, aunque esta incide directamente en la dinámica de un deporte cuya principal característica es la movilidad constante, la cual genera un efecto estético difícil de definir aunque fácil de disfrutar, no en vano, durante los 90 minutos del partido nos olvidamos del mundo, y solo por eso el fútbol es una bendición.

Viendo el partido del domingo pasado entre Chile y Camerún sentí que esa tan peculiar estética lúdica había sido afectada en nombre de lo que algunos consideran justicia. Como en todas las disciplinas artísticas -y el fútbol es una de ellas, tan válida como la música o la poesía- lo que menos debería exigirse es justicia.

¿Fue justo el destino con Don Quijote, con Alyosha Karamazov, con Juan Dahlmann, protagonista del notable cuento de Borges El Sur, al cual leo al menos una vez al año? En el amor, la justicia es limitada, en las artes no la hay, y en el fútbol debería depender del azar de las situaciones, esto es, a veces esa justicia puede expresar a favor de nuestros intereses -un gol validado en que un jugador de nuestro equipo estaba en offside- o en contra, como es perder un partido porque el árbitro dio por bueno un gol en lugar de cobrar offside.

A los estadounidenses ahora les dio por exigir óperas subtituladas, una aberración, tal cual pude verlo, pues la gente no sabe si mirar a la cantante o a la traducción simultánea del italiano, alemán o francés en una pantalla. El VAR se parece a eso: fomenta la distracción, la pérdida de la continuidad, de la intensidad emotiva.
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