Matilde Olivero tiene muy claro el mundo del emprendedurismo, en parte gracias a su trabajo en la creación del programa para jóvenes Emprecrea. También tiene claro que el Mercado Agrícola de Montevideo (MAM) que hoy gerencia es un emprendimiento muy especial, ya que vincula lo público con lo privado. Casi cuatro meses después de la reapertura de una “locomotora para el barrio”, como le gusta llamar al MAM, con una propuesta renovada y diferente, Olivero reconoce que no se prepararon para el “éxito rotundo”de recibir el triple de visitantes que habían estimado en el plan director.
¿Cómo manejaron ese éxito?
Los operadores tuvieron que reforzarse, tener más stock del previsto inicialmente. Nosotros también tuvimos que contratar más personal. Lo más importante fue la respuesta rápida de todo el equipo. Ahora, con este éxito que no esperábamos tan rápidamente, tenemos que ver cómo podemos mejorar la atención al cliente.Pretendemos una atención al público de venta asistida, de acompañar, de enseñarle a la persona que viene a comprar. Que el vendedor llegue un momento que conozca al cliente, lo llame por el nombre.
Una cosa muy buena que tenemos que cuidar es la unidad como grupo de trabajo. Siempre le decimos a los operadores que son nuestros socios. Estamos logrando sinergia. Por ejemplo para la primavera hicimos un concurso donde la gente votaba la decoración de los locales comerciales. La mayoría fueron decorados. En los centros comerciales, no se da mucho tanta participación de los comercios.
Se ha generado un compromiso...
El compromiso mutuo de generar acciones por nuestro lado, proponer ideas, y ellos adherirse a eso. Esto tiene mucho que ver con nuestro eslogan, con lo que queremos que sea el mercado. Siempre les decimos que el mercado tiene que ser un paseo que da gusto, pero entrar a cada comercio también tiene que serlo.
¿Cómo son los emprendedores que están instalados en el MAM?
Hay muchas historias. Tenemos operadores que trabajaban anteriormente en el mercado en una situación bastante precaria comparado con lo que es hoy, que han quintuplicado las ventas, y más todavía. Realmente les está cambiando la vida. También tenemos gente que no tenía un negocio de venta al público. Es su primer emprendimiento instalado en un local y están felices. Es algo muy atípico lo que nos pasó. Ninguno pensó que la gente iba a responder tan bien. También el operador se planteaba si valía la pena la inversión.
¿Les brindaron a los emprendedores algún tipo de apoyo?
Con los que estaban en el mercado hicimos una capacitación en la parte de gestión del negocio. Ellos son los empresarios, lo importante es que tengan claro lo que quieren. Muchas veces lo que pasa es que les cuesta plasmar eso, llevarlo a un papel o a un dibujo. Por ejemplo tenemos un negocio que quería destacar que era familiar. Le ayudamos a diseñar el local, la marca, el logo con ese enfoque. Después el operador tiene que poner toda su fuerza para que funcione.
Previa a la apertura, nos reunimos con todos los operadores, para transmitirles que la idea era que los visitantes disfrutaran, que fuera una "compra paseo", asistida. Le mostramos la campaña, el eslogan y todas las actividades planeadas de flashmob, que forma parte de ese sentir que uno venga al Mercado y se encuentre con una sorpresa. Un día encontras a dos tenores cantando, otro día son unos mimos que juegan con los niños. Es un trabajo vinculado con lo que queremos ser: siempre estar sorprendiendo.
Hay un tema muy importante: lo que cada operador no haga por sí mismo nadie más lo va a hacer. No podemos sustituir al esfuerzo que tiene que hacer el operador. Hay cosas que el empresario las tiene que tener de antes. Eso tratamos de evaluarlo en las entrevistas que hicimos. Nos interesaba ver qué capacidades tenían para llevar adelante su empresa, y para adaptarse para formar parte de un negocio. Porque están bajo una marca paraguas que también implica determinados compromisos, que no son legales solamente.
¿Cómo fue su conexión con el mundo del emprendedurismo?
Estuve bastante vinculada a programas de apoyo a emprendedores. En 2005 empecé el programa Emprecrea, del Instituto Kolping. No es fácil encontrar emprendedores y que esos emprendimientos chiquitos funcionen. Aprendí mucho. Trabajar con jóvenes tiene cosas positivas: el jóven tiene mucho más empuje, es más soñador, tiene más fuerza –no más voluntad, porque eso a veces se da más con la edad-, más motivación para llevar adelante una idea. Lo que tiene que saber es que en la etapa de la implementación se juega todo.
(Ese período) fue realmente muy lindo, me dio muchas satisfacciones. A través de ese proyecto me vinculé a muchos programas de emprendedores. Trabajábamos mucho en red, también con otros países. Comparabamos los indicadores de distintos países. En Uruguay una persona que fracasa queda crucificada. Tenemos una cultura en la que cuesta mucho procesar el fracaso, sobretodo a nivel social. En otros países forma parte de lo que viene después. Eso es muy sano. Nadie es perfecto, todos podemos fracasar. No por eso tiene que sentirse fracasado en lo personal. Lo mismo que los éxitos, porque también puede pasar al revés. Uno puede tener mucho éxito y pensar que le va a ir bien siempre, en todos los emprendimientos. Tampoco es así. Tanto de una situación como de otra uno tiene que ver qué puede aprender, que puede mejorar, o hacer de distinta manera.