Que el calendario Occidental fije el 31 de diciembre como el último día del año se debe a una guerra iniciada por Roma 154 años antes de Cristo contra los belos, “la etnia celtíbera que dominaba una amplia extensión geográfica del nordeste peninsular y que tenía un poderoso centro social y administrativo en Segeda —actual provincia de Zaragoza_”, dice una nota del diario ABC.
Veinticinco años después de una acuerdo de paz, Roma avanzó sobre los belos con una impresionante movilización militar y para dirigirla hacía falta un cónsul, cuya elección estaba fijada para el 15 de marzo.
“Así que para ganar tiempo, tomó la rotunda decisión de cambiar el calendario político-administrativo que había regido hasta entonces” y los fijó el 31 de diciembre. “Ahí está la razón de que la Nochevieja caiga el 31 de diciembre— el año administrativo en los dominios de Roma acababa el 14 de marzo; y lo que hoy es el día de Añonuevo tocaba el 15 de marzo, jornada en la que arrancaba el calendario y en la que se elegían a los cónsules”, dice la nota.