Camisa arremangada, tonos tenues, mochila al hombro y corbata roja son algunos de los elementos que permiten identificar a los precandidatos que compiten en la incipiente campaña electoral. La vestimenta y la imagen personal de los políticos uruguayos no es algo que quede librado al azar. Quizás el reflejo más reciente de esto último sea la frase que, en tono de broma, le espetó Luis Lacalle Pou a Daniel Martínez, previo a una actividad en la Expoactiva Nacional, cuando le dijo: “Te queda bien el blanco”, en alusión a uno de los colores que identifica al Partido Nacional.
El recambio generacional en el menú electoral trajo consigo algunos cambios en el código de vestimenta y el contraste quedó evidenciado en la figura del precandidato colorado Julio María Sanguinetti, quien mantiene una formalidad que ninguno de los demás ostenta, salvo para ocasiones especiales. Producto de la cuestión generacional, así como por su calidad de dos veces presidente de la República (1985-1990 y 1995-2000), Sanguinetti es el único político que sigue usando la corbata, en su caso una roja, vaya adonde vaya.
Los actos más institucionales y las apariciones públicas de los precandidatos marcan una “continuidad” en términos de imagen de las figuras ya conocidas de la política uruguaya, mientras que la novedad radica en la aparición de Juan Sartori, el más joven de los competidores, con 38 años, explicó en diálogo con El Observador el especialista en comunicación, semiología y lingüística, Richard Danta.
Sanguinetti es el caso más notorio y aquel que si apareciera de jean y remera rompería las expectativas de quienes lo conocen. “Creo que a todo el mundo le chirraría si apareciera informalmente porque sería arriesgar la coherencia de una imagen y rompería con las expectativas que tenemos todos”, afirmó Danta.
El perfil académico de otros, como el caso del economista Ernesto Talvi, también queda reflejado. Con su mochila al hombro y un vestuario informal, el precandidato colorado y exdirector del centro de estudios Ceres marcó su impronta. “Está tratando de lograr una propuesta de equilibrio entre la formalidad que se espera de un político uruguayo pero, por otro lado, tratando de explotar la bohemia que en el imaginario se relaciona con los académicos”, señaló Danta. En la misma línea se expresó Javier Mazza, licenciado en Filosofía del Departamento de Humanidades de la Universidad Católica, quien afirmó a El Observador que la mochila de Talvi es “consecuencia” de su perfil académico. “Termina siendo por consecuencia un distintivo de esa impronta académica que tiene un tipo que está en ese trabajo intelectual. Le da una cosa muy de trabajador”, agregó.
Prensa Ciudadanos
En el caso de los nacionalistas es notoria la elección por camisas en tonos celestes, así como blancos, tanto para la cartelería política como para los actos. Además de los colores, en los precandidatos hay una apuesta por la informalidad, aunque prolija y cuidada. “Tanto (Luis) Lacalle Pou como (Jorge) Larrañaga siempre se han permitido un poco más de informalidad también por aquello del vínculo con las actividades del campo y el aire libre”, expresó Danta. “Lograron construir una imagen mucho menos formal pero creíble -más allá de los sentimientos de adhesión de la ciudadanía- en tanto ese aspecto no cuestiona su elegibilidad, su credibilidad como político”, agregó.
Para Mazza ha sido un “logro semiótico” de los nacionalistas el asociar la vestimenta celeste o blanca a los políticos de esa agrupación. Según expresó, llama la atención cuando el frenteamplista Daniel Martínez o Talvi optan por esos colores. “Cuando los otros candidatos incurren en el celeste llama mucho la atención, como en el caso de Martínez y de Talvi. Los he visto mucho de celeste y, no es que choque, pero te hace una interferencia. Porque ves a un político de camisa celeste y lo asociás al PN. Es un logro semiótico de los blancos”, explicó. Por contrapartida, consideró que también fue un logro lo que consiguieron Sanguinetti y el expresidente Jorge Batlle cuando “marcaron muchísimo la punta” con la emblemática corbata roja.
Diego Battiste
En el caso de Sartori a los especialistas les llamó la atención dos aspectos de su imagen: la elección por el blanco y la formalidad, sobre todo aquella que ostentó en los actos institucionales, como la presentación de diciembre de 2018 y el lanzamiento de campaña del pasado 19 de marzo en el Palacio Peñarol. “Hay un juego interesante (en Sartori) se presenta de traje pero si uno ve las movidas que son parte de la gira promocional está buscando una línea de informalidad, sin abandonar demasiado ciertas formalidades y no está jugando una carta que él, por una cuestión biológica, podría jugar, que es la de un aspecto más desenfadado, un poco menos rígido”, precisó Danta.
“Me llamó muchísimo la atención la opción de Sartori por el blanco como una forma de desmarcarse del celeste tradicional. En alguna instancia lo vi de celeste pero si cierro los ojos, lo pienso y lo veo de blanco”, afirmó, por su parte, Mazza. Aunque Sartori es la figura más nueva, joven y aquella que tiene “menos que perder”, es la que “menos arriesga” en términos de imagen y vestuario, apuntó Danta. Para el experto cabe hacer una reflexión sobre este sentido. “¿No se arriesga porque no está en su sensibilidad personal o no se arriesga más porque cree o necesita ser legitimado como posible candidato?”, se preguntó y agregó: “Capaz que es el que menos se puede dar permisos que, tal vez, otros sí se pueden dar”.
Leonardo Carreño
En las filas del Frente Amplio (FA) también hay una inclinación hacia la informalidad. El extremo entre los oficialistas es el de Oscar Andrade, con una extensa trayectoria sindical. “Él (Andrade) aparece siempre muy prolijo, pero no se puede permitir aparecer de traje, porque es un sindicalista. Como sindicalista que estuvo en la palestra pública durante mucho tiempo y construido visualmente desde una propuesta vestimentaria no puede cambiar y asumir la formalidad de un político porque eso desdibuja la imagen y se pierde la credibilidad”, afirmó Danta. Quedará en el recuerdo el día en el que Andrade se presentó en los Premios Iris con un buzo negro, un jean y un par de championes entre invitados que lucieron de gala con trajes y vestidos de alta costura. “Tiene que respetar, conservar y proteger lo que la gente tiene en su imaginario que es: ‘sos sindicalista, no podés aparecer de traje’. Porque visualmente se desdibuja y aparece como un empresario”, explicó Danta.
Las mujeres: Carolina Cosse y Verónica Alonso
La aparición de mujeres en la gama de precandidatos, como la senadora nacionalista Verónica Alonso y la exministra de Industria, Carolina Cosse, también permite hacer algunas lecturas particulares.
“Hay una tendencia generalizada en la mayoría de los candidatos hombres a deformalizar la política, aparecer con un aspecto y una imagen bastante más desacartonada e informal. Sin embargo, en las mujeres que están pujando por tener carta de ciudadanía en la políticas de las altas esferas hay como un reclamo de formalidad para poder entrar en ese club”, señaló Mazza.
Leonardo Carreño
Danta, en tanto, fue un paso más allá y se preguntó si la ciudadanía uruguaya “visualiza claramente” a una mujer en el poder. “Las mujeres que aspiran al poder se presentan de una manera que -no digo que sea masculinizada- tiene más que ver con los códigos vestimentarios de la formalidad masculina que de la femenina”, afirmó. A diferencia de lo que sucede en otros países, como en Estados Unidos, donde las mujeres políticas tuvieron un impulso importante en los últimos años, en Uruguay pareciera que las mujeres tienen que “sacrificar una estética femenina”. “Hay una cuestión más social que de la candidata”, agregó.
La informalidad y la aparente "cercanía"
El sastre Luis Muto, propietario de Studio Muto, afirmó a El Observador que existe un "preconcepto equivocado" de que la cercanía con la ciudadanía de un político pasa por la forma en la que se viste. "La cercanía no pasa por ahí sino por los hechos que tenga después. La gente por ahí no lo interpreta de esa manera. Esa es otra de las confusiones: la gente piensa que el que va de musculosa es mejor tipo que el que va de traje y bien vestido. Es un preconcepto que para mí está bastante equivocado", explicó Muto. El sastre -defensor de la corbata, que según él es "mal llamada" accesorio- señaló que la vestimenta es, "lamentablemente", un "rubro que siempre va al final". En lo poco que va de la campaña electoral, con algunos lanzamientos que ya tuvieron lugar, Muto ha visto a los políticos "bien vestidos para la carrera que están jugando", ya que, en definitiva, está en juego la "investidura del presidente".