1 de julio de 2015 8:29 hs
En el conjunto de las tendencias que impactan esta década, la economía colaborativa es una de las más importantes. El punto clave en el nuevo modelo es la horizontalidad: hay personas que ponen a disposición de otras su saber, su casa de verano, su auto. Hay intercambio entre pares, en algunos casos sin pasar por una organización que marque las reglas. Hay creadores que deciden que su música o sus libros pueden formar parte de lo colectivo sin la intermediación de empresas que los manejen. Y hay también artistas que han logrado financiarse a través del "crowdfunding", una expresión muy clara de lo colaborativo: cualquier persona puede aportar sumas de dinero para que una obra se produzca. Todos podemos ser "microproductores".

Se parece en algo al antiguo "trueque" ("te doy esto y me llevo aquello"), pero en este modelo el intercambio puede no tener un rédito inmediato, y algunos dicen que para comprenderlo hay que "cambiar la cabeza": la economía colaborativa rompe, en algunos sentidos, con la ley de equivalencia que rige el intercambio económico tal como lo conocemos. En el modelo tradicional una persona aporta una cantidad de dinero que equivale, exactamente, a lo que va a recibir en un producto o servicio. Para entender el modelo colaborativo hay que ampliar la mirada.

El sistema de intercambio de alojamiento es una de las expresiones que más ha crecido. ¿Cuáles son las motivaciones de aquellos que eligen esta opción en vez de la hotelería tradicional? ¿Es sólo la expectativa de gastar menos dinero? Sin duda no. Uno de los principales motivadores que surge en los estudios es la curiosidad que supone salir de lo masivo y lo predecible para vivir una experiencia única, no estandarizada. La idea de ir a una casa particular y transitar un barrio corriente, aporta la sensación de lo "genuino".
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Claramente, quienes eligen este formato tienen un perfil más abierto a lo nuevo y menos temeroso. Al principio, los "adoptadores tempranos" fueron los jóvenes, y en especial las personas con una cuota mayor de apertura a lo nuevo. Hoy, buena parte de los temores se minimizan a través de las fotografías y, más que nada, los foros de usuarios. La confianza se va construyendo a través de los comentarios de quienes han vivido la experiencia. En esto se advierte la importancia de las "redes horizontales" que resultan creíbles simplemente porque no tienen un interés económico visible.

¿Puede esta modalidad afectar los hábitos del público masivo, y por lo tanto los intereses de los actores tradicionales en hotelería? Claramente es posible, pero el movimiento es gradual. Estamos en una etapa de expansión del público viajero, y junto a los que desean la mirada alternativa aparecen quienes buscan un entorno más predecible y conocido, con amplitud de servicios. La segmentación es la clave.

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