Es una pregunta sin respuesta. La muerte del fiscal argentino Alberto Nisman lleva cinco años de investigación judicial, y aún no hay certezas sobre si fue un suicidio o un homicidio. Y en este documental, la respuesta tampoco está. Pero si sirve como una guía para entender un caso que se ramifica, se expande, se enlaza con otras causas y sigue provocando un debate intenso entre quienes sostienen que fue un suicidio y entre quienes creen que a Nisman lo mataron.
La miniserie documental Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía se estrenó el primer día del 2020 en Netflix, y reactivó la discusión sobre las capas de misterio e incertidumbre que rodean su muerte. Pero su longitud (seis episodios de más de una hora) y su complejidad pueden ser intimidantes al momento de decidirse si darle al botón de reproducir. Lo cierto es que es una guía práctica para ordenar los sucesos y entender qué implica la figura de Nisman, manteniendo la objetividad.
Ahí se nota que su responsable no es argentino. Detrás del documental está el inglés Justin Webster, que trabajó en esta serie durante cuatro años, acumulando y seleccionando archivo, realizando entrevistas, y siguiendo de cerca las manifestaciones, investigaciones, denuncias y novedades que se fueron revelando sobre el caso.
Porque para entender la muerte de Nisman no hay que empezar por la noche del 18 de enero de 2015, cuando la madre del fiscal, preocupada porque su hijo no atendía sus llamadas telefónicas, forzó la entrada de servicio de su apartamento en el complejo Torres Le Parc, en el barrio porteño de Puerto Madero, y lo encontró en el baño, con un tiro en la cabeza. Hay que ir hasta el 18 de julio de 1994, cuando una camioneta blanca conducida por un terrorista suicida explotó en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, el centro comunitario judío conocido como AMIA.
Nisman fue invitado en 1997 a sumarse a la investigación de ese atentado, que provocó 85 muertes. El juicio terminó en una debacle, con el juez y los fiscales que acompañaban a Nisman denunciados por encubrimiento. En 2004, el por entonces presidente Néstor Kirchner le asignó a Nisman la misión de liderar una unidad especial de investigación del atentado, en la que se abandonó la teoría de que el ataque había sido orquestado desde Siria y se apuntó a Irán, vinculando al gobierno de ese país y a la organización terrorista Hezbolá, que recibe apoyo iraní.
Ese canal de investigación quedó trunco por la falta de colaboración del gobierno de Irán, a quien se solicitaba la extradición de los imputados, pero en 2015 se inició un segundo juicio, luego de la muerte de Nisman. Unos meses antes, y dos días antes de su muerte, el fiscal había denunciado a la presidenta y a otras figuras de primera línea de su gobierno por abuso de autoridad y violación de sus deberes como funcionarios públicos.
Todo eso es apenas el punto de partida para entender la complejidad del asunto. Y todo se expande cuando se meten en el juego los servicios de inteligencia, tanto argentinos como extranjeros. La investigación sobre la AMIA, por ejemplo, se vincula con el combate al terrorismo islámico de parte de Estados Unidos, una amenaza a la que ese país no había prestado mucha atención hasta que las Torres Gemelas se desplomaron. Ahí, la inteligencia estadounidense pidió asistencia a los argentinos, que desde el año 1994 venían investigando el tema. Nisman tenía vínculo con la inteligencia estadounidense, que lo ayudaba (otros dicen que guiaba) la investigación sobre Irán. Y luego está la SIDE, la inteligencia argentina.
La figura central allí es Antonio “Jaime” Stiuso, uno de los líderes de la SIDE, y una de las figuras más ambiguas del caso. Stiuso colaboró con Nisman en la investigación, y fue su principal fuente en el camino que lo llevó a Irán y Hezbolá, y su presencia en el documental es uno de los grandes atractivos, ya que es la primera vez que habla largo y tendido sobre su vínculo con el fiscal y las causas investigadas, así como su denuncia contra Fernández. De ahí a creerle todo lo que diga, tal como señalan otros entrevistados, es otro paso que el espectador tiene que dar.
Tal como resaltó la actual vicepresidenta argentina, Cristina Fernández en un texto que publicó luego de ver la serie, la ausencia de voces en off e intentos de parte de los documentalistas de “guiar” al espectador es uno de los puntos fuertes del documental, que opta por plantear todos los testimonios y pruebas pero sin saltar a conclusiones propias.
Otro punto fuerte del documental es el nivel de acceso que tuvo a las figuras vinculadas a Nisman y a la investigación de su muerte. El actual presidente Aníbal Fernández, la fiscal Viviana Fein, agentes del FBI y diplomáticos estadounidenses aparecen a lo largo de los episodios compartiendo impresiones o explicando sucesos. Y Stiuso, por supuesto.
Si algo se le puede achacar es que es demasiado largo, un problema frecuente en las producciones de Netflix. Es cierto que la información es mucha y que el caso tiene un desarrollo enrevesado, pero hay momentos en los que se agradecería un ritmo más veloz.
Pero en definitiva, y para el que aún no esté convencido, la serie Nisman vale la pena para el que disfruta del documental true crime. Aunque no busca ni pretende afirmar ninguna de las teorías que rodean la muerte del fiscal, si se encarga de presentarlas y sobre todo, de señalar por qué no fue una muerte más, incluso aunque se tratara de una figura de primera línea del sistema judicial.
Alberto Nisman, el fiscal judío que al abrazar la causa de la AMIA buscaba en parte hacerle un servicio a su colectividad, también se presenta como un tipo que buscaba la fama y el destaque, que tenía una agitada vida nocturna, que era muy bueno en su trabajo, y que luego de su muerte se convirtió tanto en un mártir y en una víctima como en un punto más en las discusiones políticas argentinas, con una carga determinada según uno estuviera de un lado u otro de la dichosa “grieta”, como ilustra un fragmento del programa de Mirtha Legrand citado en el documental, en el que los invitados debaten sobre la muerte del abogado según su afinidad política.
La muerte de Nisman sigue siendo una pregunta sin respuesta. La serie no la da, pero presenta la información y las opiniones, para que cada uno genere la suya.