Nicolás Gil Lavedra no tenía ninguna experiencia cuando se acercó al teatro donde actuaba Norma Aleandro y le dejó una carta invitándola a actuar en su primer corto. Tampoco tenía mucha experiencia cuando decidió emprender un proyecto personal sobre la vida de Estela de Carlotto, Verdades verdaderas. Siete años despúes de su debut, el director argentino presenta su primera película comercial, Las grietas de Jara, que cuenta con un elenco que incluye a Oscar Martínez, Joaquín Furriel y Soledad Villamil, y que se basa en un libro de la escritora Claudia Piñeiro. Desde Punta del Este, a donde lo llevó la promoción del estreno, Gil Lavedra conversó sobre la autora, la industria en argentina y su posición sobre otra grieta que divide, aparentemente, a la Argentina de hoy: la política.
Es la manera en la que escribe, cómo construye sus personajes. Tienen mucha vida, son muy identificables y hay algo que pasa en sus historias que es muy atrayente. Pasó con Las viudas de los jueves, que fue un boom. Creo que la fueron a ver 700 mil espectadores hace como diez años, o sea que ahora es mucho más. Y después pasó lo mismo con el resto, cada una con su propio recorrido. Claudia escribe en imagen. Y eso hace que a la hora de adaptarlo sea muy fácil y todo fluya mejor.
¿Cómo fue el quiebre entre su primera película, de corte más autoral, y esta que es mucho más comercial?
Fueron seis años para mí. Yo acompañé mucho la película de Estela (de Carlotto) en festivales, me parecía que servía ir a donde la película fuera. Después, en un momento, la dejé ir. Ahí fue que surgió hacer algo que, me parece, desde la producción es mucho más mainstream. Pero en definitiva me preocupo y trabajo por contar historias y eso es lo que me llega y es mi motor. Más allá de si en una película tengo más o menos plata para producir, lo que quiero es contar. No sé si hay un momento donde uno lo decide a eso o si se va dando solo. Es cierto que en este caso, como el libro también era un best seller y por el momento en el que se convocó a los actores, tenía un espíritu mucho más comercial.
¿Cómo se mezcla la política con su cine? Teme que lo encasillen de un lado o del otro de la "grieta"?
El encasillamiento siempre va a suceder. La cultura rioplatense son las antinomias: unitarios y federales, River y Boca, peronistas y radicales. Todo el tiempo nos van a ubicar en un lugar, pero el tema está en dónde se ubica uno personalmente. Yo no siento que esté en ningún lado en cuanto a la llamada "grieta política", me considero bien de centro. Tengo libertad de poder decir y decidir. Igual, creo que todo lo que hacemos es político. La película de Estela es un hecho político, Las grietas de Jara también lo es. El decir y el hablar son hechos políticos, aunque estemos hablando de otra cosa que no sea la política partidaria. Todo lo que hacemos es un hecho político. El tema es ser consientes de eso e intentar usarlo para lo que uno considera que está bien de acuerdo a los valores que quiere representar. Pero siempre hay que tener en cuenta que te van a encasillar.
¿Le llegó a molestar?
Me molestaba antes. Cuando me lo tomaba más en serio y miraba quién y porqué me lo decían. Cuando me ubicaban como kirchnerista o peronista, o por ser hijo de un radical, del lado de los radicales. Ahora ya no, que cada uno diga lo que tenga ganas. Sé quién soy, dónde me ubico, dónde estoy y la gente que me quiere también lo sabe. Recuerdo que hubo un crítico que me atacó por cuestiones partidarias de mi película anterior, y yo le dije que todo lo que decía era mentira. No era una película por encargo, no surgió de un gobierno de turno, fue mi idea. Tenía recién 21 y el
kirchnerismo ni siquiera era lo que era. Estaba buenísimo que él pensara eso, pero no representaba la realidad. Y ahí sí me enojé.
¿Es fácil para un director joven tirarse al agua con un proyecto en Argentina?
Fácil no es nunca. Estamos años armando algo que tal vez en los primeros cuatro días no fue tan exitoso como esperabas y te terminan volando de las salas. La lucha es diaria. Seguridad no tenés, pero si es lo que te gusta lo tenés que hacer para sentirte completo. El primer cortometraje, con Norma Aleandro, lo hice de inconsciente, porque en un arrebato me animé y le dejé una carta en el teatro sin conocerla ni nada. Y así llegue a trabajar con ella y hacer un corto con mis ahorros. Lo mismo con mi primera película. Uno debe estar orgulloso de lo que hizo y salir a defenderlo. Pero a quienes quieren estudiar cine siempre les digo que salgan a producir y después vean qué pueden hacer con eso.
¿Cómo vive los días previos al estreno?
La previa es insoportable. Es mucha angustia, porque son muchos años; hay mucho en juego y todo se define en unas horas, en una sala, en números. Si llegaste a 10 estás una semana más, si llegas a ocho te vuelan de la mitad, y todo es más o menos así. Pero uno debe estar contento con lo que hizo. Uno hace lo que puede con el proceso y el proyecto que tiene, después hay que dejarlo ir.