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25 años de una obra maestra: La lista de Schindler, de Steven Spielberg, vuelve al cine

Uruguay se suma a los festejos del cuarto de siglo de la icónica película del director con dos funciones en dos cines locales; Spielberg quedó marcado a fuego tras su realización

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24 de enero de 2019 a las 05:03

El teléfono era su gran amigo en 1993. Desde la distante y gris Polonia, diariamente se ponía en contacto con Industrial Light & Magic –empresa de efectos especiales de Los Ángeles– para saber en qué andaban sus dinosaurios. El T-Rex, la estrella de la película, estaba causando más dolores de cabeza de lo esperado y él, desde lejos, tenía que seguir supervisando todo. Con frío y lejos de su casa, esas llamadas precipitadas y a horas insanas no le hacían nada bien; lo mantenían hundido en la vorágine de dos proyectos enormes y simultáneos, y le impedían distender los músculos agarrotados por el estrés de su trabajo. 

Pero una vez por semana, el teléfono sonaba diferente. Del otro lado, una voz conocida lo ametrallaba con chistes y anécdotas del star-system hollywoodense, del que ambos formaban parte. Gracias a las estupideces que Robin Williams le decía desde EEUU, Steven Spielberg salía por un rato de la oscuridad de La lista de Schindler. La comunicación la cortaba siempre Williams; lo hacía sin despedirse, en el momento en que su amigo, desde Polonia, largaba la carcajada más estridente. 

La anécdota –contada por el propio Spielberg en una retrospectiva que se realizó el año pasado en Tribeca, Nueva York– parece estar hecha para combinar con la película: así como los chistes de Williams eran un alivio para la tormenta que Spielberg sufría por el rodaje en Polonia, Oskar Schindler fue un rayo de luz en medio de la oscuridad del Holocausto.

El año pasado, La lista de Schindler cumplió 25 años. En Uruguay se proyectó recién el 11  de marzo de 1994, por lo que aún estamos a las puertas del aniversario del cuarto de siglo. Justamente por eso, la película volverá a los cines locales este jueves en dos funciones especiales –por ahora están confirmadas una 19.45 en Life Alfabeta, y otra 21.25 en Movie Montevideo–. 

La película volverá a los cines locales este jueves en dos funciones especiales –por ahora están confirmadas una 19.45 en Life Alfabeta, y otra 21.25 en Movie Montevideo–. 

Es una buena excusa, entonces, para repasar la historia y los entretelones de esta producción que fue una obra cumbre dentro de la filmografía de Spielberg, que le dio sus dos primeros Oscar y que fue, a la vez, una de las grandes películas de la última década del siglo XX. Vale la pena, también, porque La lista de Schindler sigue siendo un ejemplo ideal de cómo el arte puede estremecer, denunciar y portar un mensaje que incluso hoy sigue vigente. Quizá, todavía más que cuando apareció en todas las pantallas del mundo.

La vida sin luz

Spielberg no logró conectar con el libro de Thomas Keneally, titulado El arca de Schindler. El texto se lo había alcanzado la gente de Universal, que quería que el cineasta lo filmara. Para Spielberg, la historia de Oskar Schindler que relataba Keneally tenía potencial, pero era imposible de filmar por la cantidad de datos y cifras que tenía. Estuvo, entonces, dando vuelta durante años con el proyecto –en el medio se lo ofrecieron a Martin Scorsese–, hasta que le ofrecieron el guion terminado. Y lo convencieron. El director lo leyó en una noche, terminó llorando y aceptó enseguida. Poco le importó tener que trasladarse a Polonia y superponer el rodaje con el de Jurassic Park, que era un proyecto enorme y personal. Viajó y se puso a filmar.

La historia era dura de antemano –un empresario alemán que, al contratar deliberadamente a cientos de judíos para sus fábricas, los salva de los hornos de Hitler–, pero en Spielberg caló hondo. Sus raíces judías afloraron en medio de aquellos campos de concentración recreados para la película y sintió el peso del Holocausto en sus hombros. Pasó, en aquel rodaje, varias noches sin dormir y prefería evitar estar durante los rodajes de ciertas escenas. Hablar con Robin Williams por teléfono era lo único que le levantaba el ánimo.

Amon Göth y Oskar Schindler, frente a frente

Según contó en esa misma retrospectiva en Tribeca, la escena en que varias mujeres entran a una cámara de gas asustadas, para darse cuenta luego de que son solo duchas, fue una de las cosas más traumáticas que vivió en su vida. Muchas de las actrices –incluida una que había nacido en un campo de concentración– tuvieron crisis de ansiedad allí dentro.

Rodada enteramente en blanco y negro –a excepción del comienzo, el final y el ya icónico abrigo rojo de la niña en el gueto de Varsovia–, La lista de Schindler fue un éxito increíble. Consolidó a Spielberg como uno de los cineastas más versátiles y audaces del cine y lo sacó del estereotipo de “director de blockbusters” en el que se había metido tras los éxitos de Tiburón y E.T. el extraterrestre. También, mostró el horror del nazismo como pocas veces se había visto, dejó dos antagonistas para el recuerdo –el Amon Göth de Ralph Fiennes y el Oskar Schindler de Liam Neeson– y representó la lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, con una fuerza visual y narrativa impresionante. Varias de sus escenas, aun vistas decenas de veces, siguen siendo estremecedoras.

Ralph Finnes estuvo nominado al Oscar por su papel como el general de las SS Amon Göth

Después de 25 años, el discurso de La lista de Schindler sigue –o tendría que seguir– presente. La película recuerda el poder del odio y el racismo y cómo ambos se retroalimentan y potencian cuando el ser humano lo permite, pero también de cómo en los agujeros más oscuros de la historia humana siempre hubo, al menos, un pequeño destello de luz que permitió imaginar una posible esperanza. Para los judíos a los que salvó Schindler –y que aparecen al final de la película sobre su tumba–, el empresario alemán lo fue. Para el cine y el arte, Spielberg todavía lo es. 

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