Tras adentrarse en el Hollywood clásico con su última película, Mank, David Fincher regresa al thriller que le aupó a la gloria en los 90 con El asesino (The Killer), en la que convierte a Michael Fassbender en un asesino infalible de inspiración zen que un buen día se deja llevar por la sed de venganza.
La trama arranca en París a punto de llevar a cabo una misión más, pero algo sale mal y comienza un periplo de República Dominicana a Nueva Orleans y de Florida a Nueva York y Chicago, para tratar de arreglar las cosas.
"Lo interesante para mí es preguntarnos, cuando interceptas los pensamientos de un personaje, ¿cómo sabés que está diciendo la verdad?; mucha gente se miente a sí misma y me gustaba idea de un asesino que tiene que crearse un código para funcionar pero luego lo desmantela por necesidad", ha explicado Fincher. Ese código, que el asesino se repite incesantemente a sí mismo, le invita a mantenerse fiel a su plan, a no improvisar, no confiar en nadie y, sobre todo, no mostrar la más mínima empatía, pero se viene abajo cuando ve amenazado lo que más le importa.
"La brecha entre su mantra y su comportamiento real, que se ve forzado a adaptar, es el motivo por el que la película y el personaje existen", ha dicho Fincher, que nunca imaginó a nadie mejor que Fassbender para el personaje.
"Tiene unas habilidades y un control excelentes, lo que sabíamos del personaje era muy limitado pero él tiene tantas herramientas que puede darte cualquier cosa que le pidas", ha asegurado y ha descrito su rostro como "un híbrido entre Charlton Heston y Lawrence Olivier".
EFE
David Fincher en Venecia
Fincher y Fassbender despojan a este asesino de cualquier tipo de parafernalia o glamour para dejarlo en un tipo que no llama la atención por la calle, extremadamente disciplinado, que duerme en hoteles baratos, compra lo que necesita a través del comercio online y escucha a The Smiths para evitar distracciones.
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El guion, adaptado por Fincher junto al coautor de Pecados capitales Andrew Kevin Walker, contiene una crítica al sistema y una invitación a la rebelión, aunque al mismo tiempo el director ha asegurado que la empatía hacia el asesino es "lo último" que tenía en la cabeza.
Preguntado por la huelga de guionistas y de actores en Hollywood, que ha impedido la asistencia al Lido de Fassbender y Tilda Swinton —también en el reparto—, Fincher ha dicho sentirse "triste" por estar "en medio de ambas partes".
"Esta película se rodó durante la pandemia y no quiero tener que volver a hacer nunca más una película a través de un visor, pero dicho esto (...), entendiendo a ambas partes y creo que lo único que puedo hacer es animarles a dialogar", ha agregado.
Y en cuanto a la continuidad de su serie para Netflix Mindhunter, sobre dos agentes del FBI que entrevistan a asesinos en serie, ha descartado que vaya a haber una tercera temporada.
EFE