Muchas veces hemos escuchado al ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, decir que en este país y en materia agropecuaria no hay que inventar nada porque ya está todo inventado. Y que basta leer los trabajos publicados por Jaime Rovira para saber lo que hay que hacer. El propio Aguerre ha señalado –una y otra vez– que Uruguay puede ponerle un segundo piso a la producción agropecuaria mediante la utilización del riego. Pero esta semana hemos escuchado una anécdota que nos dejó pensando acerca del futuro de Uruguay.
José García Rosas, uno de los fundadores de la Federación Uruguaya de grupos CREA (Fucrea) y segundo presidente de la institución que acaba de ser galardonada con un Premio Morosoli por su aporte a la cultura uruguaya, contó que el técnico neozelandés Mc Meekan dijo en la década de 1960 que “Uruguay puede llegar a tener tres pisos, pero los uruguayos se empeñan en estar en el sótano”.
Contó que esas palabras, dichas durante una disertación en el Paraninfo, fue “como una cachetada” para los jóvenes productores agropecuarios que la escucharon, entre ello el propio García Rosas. Sin embargo, hubo una reacción de un grupo de pioneros –Alberto Gallinal, el ingeniero Hill y otros, recordó–, que viajaron a Nueva Zelanda y comenzaron a fertilizar los campos y plantar praderas.
Lamentablemente, las estadísticas demuestran la constante caída del área de praderas en el país, lo que vuelve a sumergir al agro uruguayo en el sótano, a la espera de otra cachetada.