24 de diciembre de 2023 5:01 hs

El presidente de China, Xi Jinping, termina 2023 tras haber cumplido 70 años y una década en el poder de la segunda economía del mundo que, tras la pandemia, recuperó un crecimiento económico de su Producto Bruto Interno (PBI) y su inserción en el comercio y las finanzas planetarias.

Tras 10 años de poner en marcha la Nueva Ruta de la Seda y ganar cada vez más peso financiero entre los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), Beijing amplía su influencia global: es el principal financiador para países de ingresos medios y bajos.

Un discurso de Xi Jinping del 7 de septiembre de 2013, en Nursultán, capital de Kazajistán, fue el punto de partida del mayor proyecto de inversión china en el mundo: la Nueva Ruta de la Seda, también conocida como la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

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Aquel día, el líder chino hizo mención a los viajes de Zhang Qian, un emisario del emperador Wu de la dinastía Han, por Asia Central ocurrido 21 siglos atrás. La unificación de China como Imperio se produjo en el año 221 antes de Cristo, en el momento en que terminaban cinco siglos de guerras feudales.

La República Popular de China, fundada por Mao Tse Tung en 1949, retoma muchas de las tradiciones imperiales, buena parte de ellas inspiradas en las tradiciones comerciales de ese extenso y diverso país de 1.400 millones de habitantes.

La Nueva Ruta de la Seda, 10 años después de ese discurso de Xi Jinping, logró acuerdos con más de 150 países en el mundo y un reconocimiento en el escenario internacional no exento de conflictos comerciales como el que mantiene con la Unión Europea.

En efecto, los 27 países del Viejo Continente tienen un multimillonario déficit comercial con China porque los productos asiáticos compiten en calidad con los europeos a costos muchísimos menores. Además, las empresas europeas en los últimos 20 años recibieron inversiones de compañías chinas en puertos, automotrices, farmacéuticas y telecomunicaciones, entre otras.

Las inversiones chinas superan las iniciativas de inversión como el Global Gateway de la Unión Europea o Build Back Better World promovido desde los países del G7. Además, China se expande con más facilidad en el sudeste asiático, África, América latina y el Caribe, además de su impulso en Europa.

A la par del crecimiento de este megaproyecto, China logró la expansión del grupo BRICS, a otros miembros. A partir del 1° de enero de 2024, cinco nuevos miembros se unirán a este grupo de países del sur global: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Egipto y Etiopía.

En la última década, China construyó un nuevo espacio de liderazgo, exitoso en términos diplomáticos y de reconocimiento internacional, como financiador internacional que asume amplios riesgos, como afirma el francés Antoine Bondaz, investigador de la Foundation pour la Recherche Estratégique (fundación para la investigación estratégica) y profesor en París.

Bondaz advierte que ese éxito es parcial, ya que está radicado en ampliar la “interdependencia asimétrica”, hacia la economía china, un fenómeno que tuvieron la mayoría de los países colonialistas en los siglos XIX y XX. Pero con una diferencia: China conquista con dinero, tecnología, infraestructuras y, sobre todo, con financiamiento.

La dificultad que requieren los países de ingresos medios y bajos para obtener un crédito por parte de las organizaciones internacionales financieras como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, abrió cada vez más las puertas al financiamiento chino.

La llegada de China a África, como socio comercial, económico y en materia de seguridad, fue notable en los últimos diez años. El continente africano, viró en la última década hacia nuevos socios, tras la caída de sus viejos dominadores coloniales como Gran Bretaña, Francia, Portugal y Bélgica.

Ahora son China y Rusia los que crecen y se expanden en África. En 2017 China inauguró su primera base fuera de sus fronteras en el norte de este continente, en Yibutí, a apenas 13 kilómetros de otra base militar estadounidense.

Además, la mayor parte del continente africano ya es parte de la Nueva Ruta de la Seda. La deuda de los gobiernos subsaharianos asciende al 53,73% del PBI, según el Fondo Monetario Internacional y, de acuerdo con un informe del periódico español El País, 22 países estarían en riesgo de impagos.

La deuda que China suma con 165 países de economías de medianos y bajos ingresos, según AidData, asciende a U$S 1,3 billones. La dependencia con el gigante asiático es que la mayor parte de esa deuda es de países con dificultades económicas para retornar estos préstamos.

De acuerdo con Brad Parks, director ejecutivo de AidData, China “está encontrando su posición como gestor de crisis internacional y reenfocando su tiempo y dinero” en proyectos de “impacto para el Sur Global”. Algo que los viejos países coloniales no pueden hacer y que el propio Estados Unidos ya no puede cumplir como lo hizo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y tuvo un impulso fuerte tras la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética.

Si bien no participa de conflictos armados, China anunció un aumento del 7% en su gasto militar, enfocado en aumentar las capacidades navales y nucleares.

Según las estimaciones estadounidenses, China cuenta con 500 ojivas nucleares que podrían llegar a aumentar en un 200% para la próxima década, aunque son datos que Beijing no brinda.

La Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación "está alcanzando rápidamente a las fuerzas aéreas occidentales", dice el Departamento de Defensa. Este informe también señala que desde China se lanzó el H-6N, el primer bombardero con capacidad nuclear y reabastecimiento en vuelo.

Este reforzamiento de sus capacidades militares coincide con el conflicto territorial en el mar de la China meridional, a través del que reclamó aguas territoriales de Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunéi.

De esta manera, una década después de la Ruta y Franja de la Seda, un mayor peso financiero en BRICS y un acercamiento, cada vez mayor, China acelera su expansión global y ofrece un modelo de desarrollo económico alternativo a las opciones occidentales.

El único frente donde hace ejercicios navales es un territorio que, para Naciones Unidas, forma parte de China: la isla de Taiwán, ubicada a 120 kilómetros de las costas de China continental.

Las relaciones de Beijing con Taipei dependerán, en gran medida, de las elecciones legislativas y presidenciales del próximo 13 de enero. Si gana el Kuomintang, el partido nacionalista, el acercamiento a Beijing será en los mismos términos que lo fue desde 1949 cuando Mao Tse Tung se garantizó que los nacionalistas, derrotados, tuvieran un territorio donde desarrollarse.

Hoy Taiwán en un desarrollador fundamental de microprocesadores, tanto para China como para Europa y Estados Unidos. Se trata de una industria clave para lo que resta del siglo XXI y que se convirtió en un espacio de disputa no por la tecnología sino por la injerencia del poder de las compañías que requieren de microchips. Prácticamente, todas las industrias de todos los países.

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