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6 de julio 2019 - 9:29hs

El doctor en economía y experto en comercio internacional Marcel Vaillant dialogó con El Observador acerca de las repercusiones que puede generar el histórico acuerdo comercial firmado entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur. Para el especialista, la clave de esta concreción está más enfocada en los canales de inversión que se abren que en las oportunidades comerciales en sí mismas. 

¿Qué implicaciones espera de este acuerdo?
El acuerdo hoy es el anuncio del fin de una negociación y eso es bueno precisarlo. Esto implica que en el medio se tengan que disipar un conjunto de riesgos de tipo político de distinto orden para que se ratifique. Lo importante ahora en el período de ratificación, que no creo sea antes de 2020, es lo que ocurra durante la transición. Porque esta noticia va a disparar decisiones en el gobierno y privados.

¿Qué tipo de decisiones?
Se van a tomar en función de las expectativas tanto en el sector privado como en los gobiernos. También en los que no participan. Hay que pensar que la UE ahora podría eventualmente acceder a uno de los mercados más protegidos del planeta en condiciones preferenciales y discriminatorias. El resto de los jugadores no se van a quedar quietos, sobre todo los rivales exportadores de ese bloque. China y Estados Unidos van a empezar a moverse porque la originalidad es que por primera vez la UE tendrá un acuerdo no compartido con Estados Unidos. Todas las zonas de libre comercio de América Latina con Europa fueron primero iniciadas por Estados Unidos. Europa reaccionó luego.

¿Hay una señal política?
En su eje centroestratégico mundial para la UE, generar un eje atlántico siempre fue algo relevante y ahora de algún modo lo está cristalizando por el lado de los gobiernos. Después tenés al sector privado en relación a cómo reacciona en las decisiones de inversión. Si las expectativas van disipando incertidumbres, los movimientos de inversión van a ser anteriores a los de comercio, porque los primeros son los que miran lejos. 

Diego Battiste

¿Cómo está Uruguay para recibir esas inversiones?
No está mal porque en el capítulo de inversiones no hay especificaciones. Y Uruguay, de todos los países de la región, es el que tiene el mejor estado de cosas normativas en relación a la inversión extranjera directa, que lo ponen en una buena posición para promover ese tipo de actividades. 

¿Es más fácil llegar a Uruguay a invertir que a Argentina y Brasil?
La certeza jurídica es completamente distinta y eso vale para los europeos como para países de otras zonas que quieran acceder al mercado europeo con plataforma Mercosur. Ese tipo de miradas, que son dinámicas y tienen que ver con decisiones y comportamientos de los otros, hoy deben ser exploradas y analizadas tanto como esta cuestión un poco más almacenera de que ganamos 99 mil kilos de carne. En realidad, todo lo que tiene que ver con la agricultura, en rigor, es la peor noticia.

¿La peor noticia?
No hemos tenido buen acceso y en parte hemos pervertido o europeizado nuestra política comercial agrícola en un mal sentido. Los europeos tienen cosas fantásticas como el proyecto de integración económica. Pero si mirás la agricultura y su política comercial, es muy distorsiva, llena de cuotas y aranceles específicos. Ahora nosotros que no teníamos cuotas, vamos a ponerlas.

¿Cuál debería ser la estrategia?
Lo que puede implicar una ventaja tiene que ver con la inversión en la cadena agroalimentaria. Tecnología, certificación, estándares y canales de distribución. Ese es el tipo de cosas que podemos absorber de los europeos. Por eso es necesario promover los partnerships empresariales entre nuestras agroindustrias y las europeas. La inserción en Asia en cuanto al acceso al mercado de alimentos sigue siendo un objetivo estratégico para Uruguay y el acuerdo UE-Mercosur no lo resuelve. 

Usar como estímulo lo europeo para mirar hacia Asia.
Exacto. Los productores de alimentos somos nosotros. Europa reacciona de manera totalmente amplificada en relación al proteccionismo agrícola, pero no da más para producir agricultura. Es natural que si Europa es un rival exportador en materia agroalimentaria expanda su inversión hacia lugares donde hay mucho más recursos naturales y capacidades de producción. Hay también muchos acuerdos o formas potenciales, que son decisiones empresariales que se pueden tomar desde ahora. Estas resoluciones y lo que los gobiernos hagan va a influir mucho sobre la verosimilitud de que el acuerdo se ratifique. Vale decir, si nos creemos que se va a ratificar, la posibilidad de que lo haga aumenta. El mundo un poco es como nos lo creemos que es. En esta situación es útil ser optimista.

“No somos Brasil, hay veces que los trabajadores adoptan un discurso que no tiene que ver con nuestros intereses”

Sin embargo, ya hubo algunas voces escépticas. 
Es no entender el patrón de especialización nuestra. No somos Brasil, hay veces que los trabajadores adoptan un discurso que no tiene relación con nuestros intereses. Creo que es por desconocimiento. Abrirse con Argentina y Brasil para una economía con el tamaño de la uruguaya es todo. Y ese ajuste y transformación productiva ya la hicimos. La oportunidad está en la inversión y eso implica usar nuestra pequeñez como ventaja para moverse rápido. Establecer un camino en esa dirección disipando incertidumbres. Uruguay debe posicionarse igual que como se hizo en el acuerdo Mercosur-Israel. Que se ponga operativo y en vigencia lo comercial a partir de ratificaciones bilaterales de cada parlamento. Es clave que no haya que esperar a que lo aprueben los cuatro parlamentos del Mercosur, que es una trampa en la que hemos caído ene veces. Es una forma de evitar quedar atado de manos de las incontingencias de la economía política doméstica de cada uno del resto de los países.

Pero también va a haber perdedores, sobre todo en la industria. 
En general el comercio entre los países de la Unión Europea y Sudamérica es del siglo XIX. Es un comercio muy norte-sur. Mientras vendemos commodities, bienes muy intensivos en recursos naturales y pocas manufacturas –en general materias primas–, lo que se importa desde Europa son bienes de capital e insumos tecnológicos. Hay costos también de estar como estamos. Mantener esta situación implica también el pozo en que están Argentina y Brasil.

¿A qué se debe?
Es producto de tener políticas de industria infante que duran 30 años. Es la lógica de tener políticas de sustitución de importaciones pensando: “Voy a ganar tiempo para ganar productividad y después me voy a abrir”. Y eso nunca pasa. Incluso el período que se da de siete años para la liberalización de la industria automotriz, nada tiene que ver con el ritmo de progreso técnico y de cambios que se dan solos. De repente en diez años ya no existen autos a combustible fósil. Los costos de ajuste domésticos hay que contraponerlo a mantener las cosas como están. Y los costos de eso son sendas de evolución de la productividad y falta de eficiencia en Argentina y Brasil paupérrimas. Esto se traduce en bajas capacidades de crecimiento. 

Temas:

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