Creamos un monstruo”. El representante demócrata Charles Rangel definió de esta manera el camino que llevó a que Estados Unidos estuviera al borde de una recesión, una situación que fue sorteada al borde de la cornisa el martes por la noche y que mantuvo en vilo al país y al mundo. De todos modos, no despeja las dudas sobre las finanzas de la nación. El acuerdo entre republicanos y demócratas aumentará los ingresos del Estado, pero aplaza las decisiones más difíciles sobre la reducción del gasto público y la deuda.
En agosto de 2011, el Congreso creó el “abismo fiscal” para resolver una disputa bipartidista, con un plazo autoestablecido, con el propósito de lograr un consenso para elevar el tope de la deuda pública. Los recortes presupuestarios catastróficos, alineados para coincidir con un incremento de impuestos a los ingresos, finalmente iban a producir una reducción significativa en el déficit federal luego del 31 de diciembre de 2012.
El Congreso atemorizó a todos menos a sus miembros que, al reducir los impuestos para la mayoría de los ciudadanos y elevarlos para unos pocos, no pretendía lograr progreso alguno en la disminución del déficit. Pero esto no funcionará. Se viene una nueva disputa.
Los expertos coinciden en que el próximo enfrentamiento comenzará a tomar forma unas semanas antes de que apremie nuevamente la necesidad de elevar el tope de endeudamiento público desde el actual nivel de US$ 16 billones, en el tercer mes del año. Al igual que en agosto de 2011, el gobierno federal se arriesga a una cesación de pagos si no se produce un acuerdo.
Los republicanos en el Congreso, muchos de los cuales reconocen públicamente que salieron perdiendo ante el presidente Barack Obama en la disputa, prometen buscar con mayor vigor los recortes de gastos e impuestos como condición para aprobar un aumento al límite de deuda en la cámara baja. Históricamente, cada confrontación entre los partidos sobre el gasto ha tendido a hacer más amarga la contienda posterior.
El gasto
En un comunicado posterior a la votación en la cámara baja, presidente de la cámara, John Boehner –quien votó a favor del compromiso– advirtió que el centro de atención cambiaba ahora al gasto.
“El pueblo estadounidense reeligió una mayoría republicana en la cámara, y la usaremos en 2013 para hacer que el presidente responda por el enfoque ‘equilibrado’ que prometió, lo cual significa reducciones significativas al gasto y reformas a los programas sociales que están endeudando más y más a nuestro país”, dijo. Los republicanos realizaron su mejor esfuerzo para minimizar las alzas fiscales en la iniciativa votada el martes, de la misma forma en que abandonaron su exigencia hecha anteriormente para agregar recortes al gasto en el paquete. Ellos también se jugaban una parada importante desde el punto de vista político.
La iniciativa también impedirá que expiren las prorrogadas prestaciones por desempleo para unos dos millones de personas sin trabajo; evitará un recorte de 27% en las tarifas de los médicos que atienden a pacientes del sistema Medicare para ancianos, suspenderá un aumento salarial de US$ 900 a los legisladores que empezaría en marzo y conjuraría la amenaza de un incremento en el precio de la leche.
Además, anulará los recortes generalizados del gasto porUS$ 24.000 millones que entrarían en vigencia en los dos próximos meses, aunque solo aproximadamente la mitad de ese total sería compensado con ahorros en otras secciones del presupuesto. Lo que estaba en juego tanto en la economía como en la política era considerable.
Diversos economistas advirtieron que, sin la actuación del Congreso, los aumentos fiscales y las reducciones al gasto que técnicamente entraban en vigencia con el nuevo año podrían sumir a la economía en la recesión. Incluso con la promulgación de la iniciativa, los impuestos van a aumentar para millones de personas.
Una reducción temporal de dos puntos porcentuales en el impuesto a la nómina de la seguridad social, implementada hace dos años para estimular la economía, expiró junto con 2012. Ni Obama ni los republicanos efectuaron gestiones significativas para prorrogar esa disminución.
La Oficina del Presupuesto, un organismo apartidista del Congreso, dijo que el proyecto añadiría casi US$ 4 billones en una década al déficit federal, un cálculo que asumió que de otra forma los impuestos habrían subido para los contribuyentes de todos los niveles de ingreso.
Debido a que se espera que el Tesoro necesite una expansión en la capacidad de contratación de préstamos para el segundo trimestre, al tiempo que la facultad de financiar la mayoría de los programas gubernamentales expiraría a finales de marzo, los republicanos han dejado en claro que desean aprovechar esos aspectos como palanca con el gobierno para conseguir ahorros en programas sociales gubernamentales.
Una victoria política
El acuerdo del martes indicó que por primera vez en 20 años, el Congreso estadounidense autorizó, con el apoyo de ambos partidos, una suba de impuestos para los más ricos (el 2%). Al mismo tiempo, convirtió en permanentes, para la inmensa mayoría de los estadounidenses, las rebajas fiscales introducidas hace una década por el presidente republicano George W. Bush.
El resultado supone una victoria política indiscutible para Obama, quien hizo de la protección de la clase media su banderín de enganche durante la campaña electoral. Después de un largo culebrón, la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, aprobó el proyecto destinado a cancelar los efectos del llamado “abismo fiscal” en el que permaneció el país, al menos técnicamente, durante un día.
Entre otras medidas, la ley aprobada convierte en permanente el nivel actual de las tasas de impuestos para 98% de las familias y 97% de los pequeños negocios. Eleva, por el contrario, el impuesto para las parejas con rentas anuales superiores a los US$ 450 mil, que volverán a contribuir con una tasa de 39,6%, como hace dos décadas, en lugar del 35% actual. El acuerdo no prorroga, sin embargo, la rebaja temporal de las retenciones sobre los salarios que aprobó el gobierno de Obama dentro de las medidas de estímulo a la economía, por lo que los estadounidenses sí notarán una reducción de sus salarios netos.
Mediante esa combinación de subas de tasas y reducción de ciertas deducciones para los más adinerados, el gobierno espera recaudar US$ 620.000 millones en la próxima década. La ley prorroga, además, por un año el subsidio de emergencia por desempleo que beneficia a 2 millones de personas.
(En base a agencias)