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Acusado en crimen de Lola Chomnalez había admitido años atrás haber visto morir a la joven

Los detalles de cómo el hombre se cruzó con la joven de 15 años

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20 de mayo de 2019 a las 22:19

La fiscalía solicitó el procesamiento con prisión por un delito de homicidio muy especialmente agravado en calidad de coautor para un hombre en el marco de la investigación por el homicidio de Lola Chomnalez. Se trata de El Cachila, un vendedor de estampitas radicado en Rivera que fue citado a declarar en abril de 2015 en calidad de indagado, y que entonces había admitido haber visto morir a la joven.

Chomnalez, de 15 años, había llegado junto a su familia al balneario Valizas el 27 de diciembre de 2014. Al otro día salió a caminar en dirección a Aguas Dulces y nunca más regresó a su casa. Dos días después, su cuerpo apareció enterrado entre las dunas.

El juez Juan Manuel Giménez resolverá este martes sobre las 19 horas si hace lugar al pedido del fiscal, Jorge Vaz, quien tomó el caso en febrero de 2019. El relato de los hechos, y la información de las distintas pericias llevadas adelante a lo largo de los últimos cuatro años y medio, permiten, a juicio de la fiscalía, ubicar al hombre en el lugar y momento del crimen, pero no permiten concluir que él haya sido quien asesinó a la joven.

El relato

El domingo 28 de diciembre de 2014, El Cachila, en compañía de otras personas que todavía no fueron identificadas, salieron de Aguas Dulces con destino a Valizas caminando por la playa. Según detalló el fiscal, sobre las 15 horas, cerca de una zona conocida como “Arinos” se encontraron con Lola Chomnalez, una adolescente argentina, quien caminaba en sentido contrario.

El Cachila reconoce ese encuentro, y así lo declaró ante la Justicia: “Me peché con ella. Ella venía por la playa caminando, yo iba para Valizas y ella iba para el otro lado. Yo venía de Aguas Dulces”.  Incluso llegó a dar una descripción de cómo iba vestida la joven. “Venía caminando normal, con la mochila. Tenía un short y una blusita fina”, dijo ante la justicia.

Según dijo el abogado defensor de la familia de la víctima, Jorge Barrera, esa declaración ocurrió al menos hace dos años.

“Hola miga (sic) te ofrezco una estampita”, le dijo El Cachila a Lola, quien se interesó por lo que vendía aquel artesano. En determinado momento, según detalló el fiscal, el hombre y sus acompañantes obligan a la joven a salir de la playa en dirección a un bosque, probablemente con un móvil sexual.

El fiscal continuó su relato en base al informe de un policía de la unidad científica. “Ella no llega de forma voluntaria, la llevan hasta allí con algún tipo de amenazas, los cortes de los brazos pudieron haber sido intimidatorios, y no fue llevada por una sola persona tal vez dos (…) La vieron sola en un lugar bastante aislado, capaz la idea no fue matarla, sino pretender tener algo con ella y derivó a la muerte”, aseguró el policía en su declaración.

La autopsia reveló que Chomnalez tenía dos cortes en el brazo derecho, uno cortante y otro punzante. Aquel forcejeo también se ve expresado en un golpe que la joven presentaba en el lado izquierdo de su frente, lo que a juicio de la fiscalía “es a todas luces contrario a la lógica que saliera de la playa, en forma voluntaria hacia la zona boscosa detrás del médano, con unos desconocidos”.

En su declaración, El Cachila reconoció haber llevado a la joven hacia los árboles, aunque niega que haya sido por la fuerza. Según la declaración que cita la fiscalía en su dictamen, el hombre la acompañó debajo de la sombra de un árbol porque se sentía mal, “lo cual es a todas luces ilógico y contrario, no solo a la evidencia que surge del cuerpo de la víctima, sino de la situación en sí”, señaló Vaz.

"¿Nos preguntamos, es lógico y acorde a las reglas de experiencia que Chomnalez hubiera ingresado 140 metros adentro del médano, hacia una zona boscosa, para reponerse, si se sentía mareada? ¿Acompañada de un extraño? ¿En una zona recóndita y totalmente desconocida para ella? Definitivamente no”, argumentó el fiscal en su dictamen.

A juicio de Vaz “la precisión con que (el Cachila) describe el lugar adonde estaba el cuerpo (de Chomnalez) es sorprendente”. “Estábamos sentados abajo de un árbol, en un pasto no en tierra (…) lugar era donde la encontraron debajo de unos árboles”, relató el hombre ante la Justicia.

El Cachila describió el lugar como una especie de “cueva” natural formada por arbustos del lugar contra la duna de arena, un lugar en el que había pasto y donde resaltaba un árbol de acacia. También describe caballos a pocos metros del lugar, que según pudo probar la fiscalía, estaban pastoreando en los alrededores el día del crimen.

El hombre no había sido llevado al lugar del crimen, sino más tarde de brindar aquella declaración, con el objetivo de hacer la reconstrucción del hecho.

El único detenido por el homicidio de Chomnalez también describió la mochila que llevaba la joven, la botella de agua sin gas con la que se había provisto para hacer la larga caminata que le esperaba.

La declaración clave

El Cachila no solamente describió el lugar donde fue encontrado el cuerpo, sino también la muerte de la joven. En determinado momento, el hombre relató que, ya estando bajo un árbol, Chomnalez empezó a sentirse cada vez peor. “Yo le pregunté que tenía y me dijo que se sentía mareada. Ahí se sentó y cayó de rodilla”, señaló.

La pericia forense había determinado que la joven había caído de rodillas.

“Yo le tomé el pulso (a Chomnalez) y me asusté, salí y me tomé el ómnibus para Montevideo”, declaró el hombre y agregó: “Yo di una vuelta y vine, le toqué el pulso pero ella no tenía pulso”.

La vida después del crimen y la sospecha

El relato del fiscal también ahonda en la vida de El Cachila tras el crimen. La pareja del hombre declaró que en febrero de 2015, cuando volvió a verlo, lo encontró “raro”. “No habla, antes conversaba conmigo, salíamos, ahora no quiere salir. Se queda pensativo, raro. Pensé que él estaba fumando algo, porque no era normal. Está más quieto, no se junta con nadie. Antes el no era así. (…) El antes era violento, ahora está muy diferente. Cuando él estaba violento empezaba a gritar, y nos golpeábamos mutuamente”, dijo la pareja.

De hecho, fue su comportamiento tras el crimen lo que lo convirtió en un sospechoso. Según consta en una denuncia anónima realizada al 0800 5000 en el mes de diciembre de 2014 El Cachila había llegado a su domicilio en Barros Blancos, Canelones, y según los dichos del denunciante, arribó a la vivienda, en forma desesperada, rompiendo la puerta donde vivía y "vendió todas sus cosas rápido”. Asimismo, le decía a otro hombre que andaba en su compañía “que se tenía que ir porque tuvo un problema grave en el departamento de Rocha con una muchacha y que tenía que desaparecer, borrarse, que no lo encuentren”. Fue en ese momento que se mudó a Rivera, de donde fue trasladado este lunes rumbo a Rocha para declarar como presunto coautor del crimen.

La pericia semiológica

El Cachila fue citado por la Justicia este lunes con el objetivo que se le realice una pericia semiológica a fin de ver si sus expresiones faciales dejaban ver algo que no estaba dispuesto a admitir. El fiscal detalla que las conclusiones del perito señalan que el hombre en todas las preguntas sobre el homicidio “no fue veraz” en la forma de responder, aunque sí lo fue a la hora de responder sobre preguntas “banales”.

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