Para la mayoría de los dirigentes blancos, Azucena Arbeleche era, hasta hace pocos días, una compañera desconocida. Su perfil técnico es evidente. De hecho nunca pisó un comité ni figuró en una lista, aunque en su casa se pregonaron las ideas del Partido Nacional. Trabajó en el Ministerio de Economía desde 2001 hasta hace pocas semanas, con colorados y frenteamplistas. El candidato Luis Lacalle Pou la eligió para ser su ministra de Economía si llega al gobierno. Esta economista de 43 años (“cumplo en setiembre”) recibió a El Observador en su casa del barrio Carrasco y se dispuso a responder preguntas con algunas condiciones. “No sé cómo quedan redactadas luego las preguntas. Una de las cosas que me han obligado a hacer es grabar las entrevistas porque muchas veces quedan las respuestas pero las preguntas cambian”, advirtió. Y tampoco permitió que le tomaran fotos.
En caso de ganar el Partido Nacional y que usted acceda al Ministerio de Economía, primero el gobierno deberá construir mayorías parlamentarias, en un año donde se debe negociar y presentar el Presupuesto. Los sindicatos anuncian grandes movilizaciones. ¿Cómo se imagina en un escenario de ese tipo? ¿Cómo se ve en el rol de negociadora con sindicatos, cámaras y legisladores?
La duda que está detrás de tu pregunta es sobre alguien que no tiene un perfil político, cómo se va a manejar en un escenario de ese tipo. Yo creo que lo importante es cuál es el rol que veo para mi función: armonizar el conocimiento de un equipo económico que estaría liderado por mí con lo que es políticamente posible. El rol que yo visualizo para un ministro de Economía es armonizar el conocimiento de un equipo con lo políticamente posible. Claramente las políticas económicas se generan y se implementan en un proceso político, eso es así. No hay ninguna duda. Las capacidades para negociar no solo un político las tiene. La capacidad para negociar está en que cada uno ponga lo mejor para que todas las partes ganen. En ese esquema el apoyo político es fundamental, y el esquema que tenemos en mente, y esto lo hablamos con Luis (Lacalle Pou), en el presidente es donde se focaliza el poder político.
En ese escenario hipotético de gobierno puede haber mucha frustración entre el plan y lo que se puede llegar a hacer.
Totalmente. Tenés claro el concepto de lo “políticamente posible”. Nadie piensa que el Presupuesto que se diseña es el que finalmente… el Presupuesto que desde el punto de vista técnico puede ser el mejor, no finalmente es el que termina siendo. Hay que tener en cuenta la demanda que surge desde el aparato político. Es importante un ministerio escuchando cuáles son las demandas de los ciudadanos, y a partir de ahí ver qué es lo que se puede hacer. Tampoco quiere decir que si no es de esta manera va a haber una frustración.
En las jornadas de economía del Banco Central, Javier de Haedo y Gabriel Oddone coincidían en que los primeros 100 días de gobierno son clave, y que por un tema de economía política será difícil lograr un consenso para aplicar un ajuste fiscal o corrección fiscal, que varía entre 0,5 y 1,5 del PIB. ¿Es necesario o posible?
Mencionaste la palabra “ajuste”, y no nos gusta la palabra ajuste. No estamos pensando en un ajuste. Pensamos en que el gasto siga creciendo. Esos 100 días son fundamentales, pero el foco del programa está en los ahorros que se generen por una mayor eficiencia del gasto. No estamos pensando en el recorte de ninguna de las partidas que está en el Presupuesto. Entonces esa palabra “ajuste” no es lo que estamos pensando. El gasto va a continuar creciendo, pero si sigue creciendo a la velocidad que creció en los últimos años, terminamos con una trayectoria fiscal que no es sostenible. No es políticamente responsable. Esto es político, y de vuelta: no es políticamente responsable que el nivel de déficit continúe en el tiempo. Porque terminamos con una deuda que las futuras generaciones –que hoy no tendrán problema–, no van a poder pagar. Y cada vez más los contribuyentes tendremos que pagar más impuestos.
¿Está convencida de que sus pretensiones se condicen con lo políticamente posible?
Nosotros entendemos que sí. Al país le va mejor, y todos tenemos que ir mejor. Esa es la idea detrás de que los incrementos en gasto real, por encima de la inflación, estén relacionados con el crecimiento de la economía. Aquí no se puede hacer magia. Entonces, en la medida en que se entienda, si hay crecimiento podemos tener mayor incremento del gasto y de los salarios, se puede consensuar ese camino. Me parece que estamos todos en el mismo partido, en el mismo juego. Y cuando hablamos de negociación, cada uno tiene que especificar su objetivo para dialogar.
Pero no todo es en abstracto. Cada uno negocia de acuerdo a su conveniencia política. Un partido puede pedir algo que no esté dentro de sus planes, y quizá haya una frustración.
Tú has mencionado varias veces la palabra “frustración”. La frustración es un sentimiento, cómo uno se pueda quedar. Cómo pueda quedar yo o mi equipo es un tema aparte. Tenemos que tener claro que las distintas partes se tienen que sentar a negociar, y ello es dar y ceder para llegar a determinado camino.
¿Cómo hará para manejarse con la prioridad expresada por Lacalle Pou en cuanto a la educación? ¿Se van a necesitar más recursos?
El resultado fiscal debe converger a niveles de un punto porcentual por debajo de lo que está hoy. Esa trayectoria tiene que ser de forma gradual. Los gastos tienen que crecer menos en términos reales que el producto. Por otro lado, lo central en la propuesta de política fiscal es mejorar la eficiencia del gasto. Los ahorros que se pueden generar por reasignar partidas o por tener los mismos resultados, con menos recursos, son muy grandes. Y son esos recursos los que van a financiar, por ejemplo, lo que se proponga en términos educativos. Lo central, como en las demás políticas sociales, es ver cómo estamos gastando. Que más allá de eficiencia en otras partidas, en el caso de la educación se destina 4,5%, bueno, cómo se está destinando, cuáles son los resultados. Eso es lo primero que se va a analizar para saber si es eficiente. Es 4,5, 6, no sé cuál es la cifra. Si ese número puede crecer, bienvenido, pero lo importante es que ese número esté bien gastado. Si crece va a crecer por otros lados de la economía, pero además de otros ahorros hay que mirar con lupa adónde está yendo ese 4,5%.
El jefe de la Asesoría Macroeconómica del MEF, Andrés Masoller, dijo que pensar en recortes de cargos de confianza o ahorros de publicidad de las empresas públicas son chirolas para el Presupuesto.
Nada es “chirola”. Ese concepto no es relevante, en el sentido de que un peso gastado mal, está mal. Hay que reasignar ese peso. Aunque sea poco hay que verlo. No estoy de acuerdo en que sea una cifra insignificante lo que se pueda ahorrar no solo en cargos de confianza, sino en los vínculos de funcionarios no públicos. Allí hay cargos de confianza, adscriptos a direcciones… Tenemos las cifras, no las quiero compartir en este momento, aunque las tengo acá (se señala la sien). De vuelta con el tema eficiencia. ¿Vale la pena renovar estos contratos? ¿A qué se estaba dedicando este contrato? ¿Qué estaba rindiendo?
Y después tenemos también los vínculos de los funcionarios públicos, que naturalmente hay cese, y hay que revisar de los que cesan, cuántos de esos vínculos hay que reponer. Porque si miramos lo que ha pasado en los últimos cuatro o cinco años, el número de vínculos de funcionarios públicos se ha ido incrementando de forma significativa. También tenemos los números y no son insignificantes. Hay gente que se jubila o que se va por otros motivos. Quedan vacantes. ¿Vale la pena renovar el 100% de esos vínculos con el Estado? Eso hay que analizarlo con lupa, para renovar con criterio de eficiencia. Como también hay que ver la eficiencia de algunas inversiones de las empresas públicas.