9 de enero de 2014 17:29 hs

"Si me agarran, les hago el amague para que me maten o me mato yo”, le dijo El Canario a los otros cuatro delincuentes que en la madrugada del 2 de enero mataron en la ruta 5 a un comerciante de 33 años que volvía de pasar fin de año en San Gregorio de Polanco con su familia.

Según relató la jueza de feria Elisa Zurbruck en el auto de procesamiento al que accedió El Observador, al verse rodeado por la policía el delincuente cumplió con su palabra y se quitó la vida con una de las armas que llevaban en una mochila.

La banda que ha sido denominada “los piratas del asfalto” y que estaba integrada por uno de los integrantes de la “Polibanda”, que actuó en la década de los 90, preparaba el robo de una caja fuerte pero el plan les salió mal.

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Los cuatro primeros, entre ellos el que se quitó la vida fueron detenidos el viernes 3 y procesados por la jueza Zurbruch por dos delitos de rapiña, uno en grado de tentativa en concurrencia fuera de la reiteración con un delito de homicidio en calidad de autores y están en el Penal de Libertad. El quinto asaltante fue capturado el miércoles 8 y también procesado.

Iban tras “la burra”

La idea original era robar una “burra” (caja fuerte) con plata, en una estación de servicio que estaba cerrada, en Villa Ansina, Tacuarembó. Uno de los integrantes de la banda, un joven de 20 años, declaró que otro, de 45 años, lo contactó para el robo junto a otros tres. El hombre le dijo que tenía las armas.

La banda salió a la medianoche del 2 de enero desde Las Piedras, rumbo a Tacuarembó en un auto Nissan. A la altura de Paso de los Toros, el vehículo pinchó y tuvieron que parar. A partir de ese momento, el plan se desvirtuó.

El delincuente que tenía las armas decidió robar un auto para volver a Las Piedras sin robar, según relató a la jueza. Para ejecutar el plan, El Canario puso el auto cruzado en la ruta y chocó a una camioneta. El hijo del conductor de la camioneta se bajó del auto y vio a tres personas encapuchadas, por lo que corrió hasta su auto y le gritó su padre: “acelerá, acelerá”. El chofer le hizo caso y salieron de allí rápidamente.

Como su plan no había funcionado, los delincuentes pararon a otra camioneta en la que viajaba una familia y uno de ellos simuló estar lastimado.

Algunos miembros de la familia que viajaba en la camioneta se bajaron a prestarles auxilio. Una de sus integrantes tenía una linterna y alumbró al Nissan, supuestamente accidentado, y vio a una persona agachada y escuchó que dijo: “van a salir”. Vio que tenía un pasamontañas. Luego, alumbró hacia un monte y vio que tres hombres, uno de ellos armado, corrían hacia la camioneta.

Al darse cuenta que iban a ser víctimas de un robo, la familia, corrió también a la camioneta para escapar. Uno se cayó en la banquina y quedó rezagado.

“No disparen que los vamos a matar”, les gritó uno de los delincuentes. Otro lo alcanzó y le dijo: “bajate o te mato”.

Mientras, el joven de 33 años que iba al volando prendió el motor y arrancó. En ese momento, el delincuente le pegó dos tiros, uno en la pierna y otro en la nuca. El conductor falleció en el lugar.

Los otros cuatro integrantes de la banda dijeron a la jueza que su compañero “asustado apretó el gatillo”. El Canario repitió unas cuantas veces: “lo maté, lo maté”.

Uno de los delincuentes dijo a la jueza que la intención de El Canario nunca fue matar al fallecido: “No quería hacer eso. Estabámos todos mal por eso”, afirmó.

Como ninguno quería seguir manejando, El Canario fue quien tomó el volante de la camioneta del fallecido y tiró el cuerpo. Avanzaron unos kilómetros y decidieron huir a pie. Se quedaron en un bosque de pinos de día y caminaban de noche para evitar a un helicóptero que los estaba buscando. Finalmente, dos policías y un perro los detuvieron.

Según relataron no tenían claro cómo realizar el robo a la caja fuerte y, en el camino hacia Tacuarembó iban “tirando ideas” sobre cómo efectuarlo. La pensaban sacar con un fierro y declararon que las armas no eran para dispararlas, sino para asustar. Llevaban un calibre 38 y una plateada con mango negro, según el auto de procesamiento.

Sin embargo, la jueza afirmó que “de acuerdo a lo que comúnmente ocurre, quienes participan de un grupo armado con finalidad de delinquir, con armas de fuego y además, todas ellas cargadas, esperan usarlas”.

Además, dijo que al menos cuatro de ellos estaban armados y fue por el homicidio cometido que pudieron hacerse del vehículo y luego huir.

Un sexto sospechoso que había sido detenido e indagado como cómplice de la banda fue liberado pero continúa bajo investigación judicial.

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