Aunque a los blancos no les guste admitir batallas perdidas de antemano y prefieren sugerir que la taba todavía está en el aire, lo cierto es que ya casi nadie duda de que lado caerá ese hueso en el balotaje del 30 de noviembre.
Por eso, el acto de cierre de la campaña del Partido Nacional, realizado ayer en San Carlos, tuvo como epicentro las ya fatigadas propuestas de un gobierno que seguramente no será, y las críticas a una izquierda que ya festeja de antemano su triunfo.
Pero además mostró uno de los últimos pantallazos de una fórmula presidencial cuya estrategia tuvo vaivenes y cuyos protagonistas terminaron exponiéndose tal cual son, más allá de lo que los unió para las internas.
El candidato presidencial Luis Lacalle Pou prefirió abrazarse en esta etapa que termina a su propalada invitación a tomarse la política “por la positiva”, y evitó algunos apartamientos de ese camino, como el que en los últimos días lo llevó a referirse a Tabaré Vázquez como “el dueño del monopolio” del cáncer.
Por su parte, el candidato a la vicepresidencia, Jorge Larrañaga, fue consecuente con un discurso aguerrido, que se hizo cada vez más evidente luego de la primera vuelta, y que, finalmente, parece haber interpretado mejor el deseo de la mayoría de los dirigentes blancos, que en voz baja se terminaron preguntando si tantos mensajes de amor y paz no terminaron siendo contraproducentes.
En San Carlos, lugar elegido para la despedida de la campaña, Larrañaga se refirió a integrantes del gobierno como “un elenco de iluminados”, con los que dijo, “a veces no hay que gastar pólvora en chimangos”. Larrañaga señaló que desde el gobierno utilizan algunos términos economicistas, que antes les atribuían a “los perversos partidos tradicionales”, e insistió en que esta no es una década ganada.
“Castigaron a la clase media, se olvidaron de los jóvenes, de los jubilados, y de la educación”, dijo.
El candidato a la vicepresidencia terminó su discurso gritando “¡Volveremos a luchar por la libertad hasta la victoria!”.
A su turno, Lacalle Pou hizo mención a los jóvenes “que militan enamorados de su partido”, dijo que las enseñanzas políticas lo llevaron a “aprender para no dañar al otro”, y señaló que terminó la campaña electoral con mucha serenidad y enorme alegría. Afirmó que, a diferencia del cuento infantil de Hansel y Gretel, que tiraban miguitas para no perderse en el camino de regreso, él tiró “migas hacia adelante para sembrar acuerdos en el futuro”.
Luego informó que, por la tarde, visitó el asentamiento Kennedy de Maldonado, donde, aseguró, la bonanza económica no pasó.
Tras la despedida, Lacalle Pou y Larrañaga se fueron de San Carlos sabiendo que su próxima aparición pública los encontrará juntos bien entrada la noche del domingo 30, y que a partir de allí lo más probable es que comience otra historia en los que sus senderos se bifurcan.