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Boris Johnson, el probable próximo primer ministro del Reino Unido, quiere un brexit en seco

Todo indica que Johnson, una celebridad entre los ingleses, arrasará en la contienda del Partido Conservador y que desde la próxima semana gobernará el Reino Unido hasta 2022

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21 de julio de 2019 a las 05:00

Amediados de febrero de 2016, en pleno arranque de la campaña para el referéndum sobre el brexit, el carismático y todavía alcalde de Londres Boris Johnson anunció que se tomaría el fin de semana en su casa de campo para decidir si acompañaba al gobierno de su correligionario y amigo David Cameron en la campaña para que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea, o si en cambio apoyaría la salida del bloque. Su decisión, dijo, sería publicada el lunes siguiente en su columna semanal en el diario The Telegraph.

El problema es que Johnson escribió dos artículos ese fin de semana, ambos igual de convincentes: uno a favor del brexit, y el otro en contra. Finalmente se decantó por publicar el primero, con lo que dio inicio a su polémica andadura pro brexit, el mal que ha sumido al Reino Unido en una inusual crisis de gobernabilidad que ya lleva tres años largos.

Histriónico, controvertido, simpático y, no pocas veces, desopilante, Johnson está ahora a punto de convertirse en primer ministro. Y lo que más preocupa a muchos precisamente a la hora de desembarcar en el número 10 de Downing Street es que el exalcalde lleve en sus maletas esa ambigüedad, esa dualidad de criterio. En un reciente debate, cuando le preguntaron a su rival, el ministro de Relaciones Exteriores, Jeremy Hunt, qué era lo que más admiraba de su oponente, respondió: “Admiro enormemente su capacidad para cambiar de opinión”.

Hunt tampoco es el más indicado para andar acusando a nadie de “veleta” en esta historia: en 2016 votó Remain (permanecer en la UE); luego, ya como canciller, fue el más ferviente defensor del plan del brexit impulsado por la primera ministra saliente, Theresa May, obligada a dimitir el pasado 7 de junio precisamente por su incapacidad para lograr la salida de la UE. Ahora en la campaña por sustituirla, tras Hunt negarse en redondo al “brexit duro” con el que amaga Johnson, empieza a coquetear con la idea. Aunque, hoy por hoy, encontrar a un político en Londres que no haya ido y venido sobre este tema debe ser muy difícil.

Como sea, el favorito, y por mucho, según todas las encuestas es Johnson. La enorme mayoría de los 160 mil militantes del Partido Conservador, que son los únicos habilitados para votar en esta suerte de elección, le creen a él. Y son los únicos habilitados porque, al no cambiar la configuración del Parlamento tras la dimisión de May, los conservadores retienen el control y, por tanto, el nuevo mandatario debe salir de sus filas. Esos votantes tories lo sienten a Jonhson como más sinceramente brexiteer; después de todo, votó Leave en 2016 y ha prometido que se van el 31 de octubre llueve, truene o relampaguee. En cambio, esos mismos electores ven a Hunt como la continuación de May y de estos dos años de limbo político y diplomático que los británicos han arrastrado por Europa. O, como dijo en estos días un comentarista de la BBC, “ven a Hunt como a una Theresa May en pantalones”. 

Por otra parte, a esta altura Johnson, que luego de ser alcalde ocho años fue también canciller, es una celebridad entre los ingleses, mientras que Hunt es poco conocido. Tiene un aspecto más serio y fue un empresario exitoso antes de dedicarse a la política. Todo parece indicar que Johnson arrasará en esta contienda por correo, cuyo ganador se dará a conocer el próximo martes y que, de no suceder nada extraño, gobernará el Reino Unido hasta 2022. Aunque esto último –lo extraño– se ha vuelto más bien la norma en la política británica de un tiempo a esta parte.

Johnson proviene de una familia londinense acomodada; su padre, Stanley, era diplomático de confianza y representante del Reino Unido ante diversas instancias internacionales, entre ellas, paradójicamente, la Unión Europea. 

El joven Boris estudió en Eton College y en Oxford; y pronto pasó a formar parte de la élite periodística, trabajando primero para el Times, de donde, sin embargo, lo echaron por inventar una cita, y luego para el Telegraph.

A menudo se lo compara con Donald Trump, tal vez por lo irreverente y, en ocasiones, bufonesco. Pero en todo caso sería un Trump con otra educación, ¡un Trump de Oxford! Aunque Trump dice que él estudió en la muy prestigiosa Wharton, en Pensilvania. Pero si es verdad que Trump pasó por Wharton, evidentemente Wharton no pasó por Trump. Sea como fuere, no se puede comparar la profundidad intelectual de Johnson con las llanuras habituales por las que suele deambular el discurso de Trump. Es algo que se nota hasta en sus columnas del Telegraph, donde Johnson hace gala de un fino humor e ironía y de una prosa sagaz, por momentos combinando el atildado inglés de Oxford con alguna expresión del más ingenioso “colloquial English”.

En lo que sí se parece a Trump es en que, a pesar de no tener convicciones muy firmes, sabe cómo explotar los sentimientos tribales y nacionalistas de los ingleses. Toda su propaganda a favor del brexit durante la campaña del referéndum, semanas después de haber escrito los dos famosos artículos a favor y en contra, estuvo plagada de afirmaciones harto discutibles, como la de los 350 millones de libras que el Reino Unido supuestamente se iba a ahorrar a la semana tras salir de la Unión Europea. Su demonización de Bruselas y, sobre todo, sus declaraciones de que el libre tránsito de personas que impone la UE convertía al Reino Unido en “un lugar menos seguro” y que tras el brexit recuperarían otra vez “el control sobre las fronteras”, son todas cosas que también lo asemejan a Trump, si bien mucho más descafeinado, tanto en la forma como en el fondo.

En lo que hace a la política propiamente dicha, la diferencia más clara con su rival Hunt es que con Johnson habrá brexit sí o sí el 31 de octubre, haya o no haya acuerdo con Bruselas. Esto puede ser devastador para el Reino Unido. Sin embargo, parece ser la voluntad de los conservadores, tanto de los líderes partidarios, que temen seguir perdiendo terreno frente al insurgente Partido del Brexit (este hace poco ganó las elecciones europeas en el Reino Unido, vapuleando a los tories), como de sus militantes, hartos, como la mayoría de los británicos, con el atolladero en que se ha convertido el conversado divorcio de Bruselas.

El otro atractivo que presenta Boris Johnson en esta lucha por Downing Street es que, aunque Hunt trasunta una imagen más seria, Johnson da la sensación de ser un líder más fuerte, o así lo pareció en los debates. Y esa no es una ventaja menor, no solo con los conservadores, sino con los británicos en general. El “strong leadership” es una característica muy valorada por el electorado británico, incluso admirada. Cuando uno repasa su memoria histórica, los nombres que permanecen son los Churchills, las Thatchers y las Victorias. Líderes fuertes siempre han sido los héroes del Reino Unido.

Johnson, historiador part-time, que incluso ha escrito una biografía de Churchill bastante potable, lo sabe. Por eso utiliza la consigna “do or die” (hacer o morir) en lo que concierne al brexit y su fecha límite de desacople es el 31 de octubre. Y eso suena bien para muchos ciudadanos cansados de tres años de medias tintas y poca determinación en la dirección de sus destinos. 
En contrapartida está el complicado trance por el que le tocará conducir a su país de salir finalmente victorioso, con las enormes dificultades que a buen seguro habrá de enfrentar tras la partida, sea como sea, de la Unión Europea y con la población amargamente polarizada. El propio Johnson es hoy una figura sumamente polarizante, con altos negativos; no como Hunt, que no despierta mayores anticuerpos. De no salirle bien las cosas de entrada al mal peinado rubio, su gobierno podría ser tan corto como el de May.

Peor aun para los intereses tories, eso podría también allanar el camino para un eventual gobierno de los laboristas –después de casi 10 años en el llano–, que abogan por un segundo referéndum sobre el brexit, con una agenda proeuropea y, en este momento, bastante más moderada y sensata que la que resulta de la barahúnda al interior del Partido Conservador. De hecho, lo único que hasta ahora ha salvado a los tories de eso ha sido la presencia de un señor de nombre Jeremy Corbyn, el peor y más evasivo líder que el Partido Laborista haya tenido en más de medio siglo. 

De llegar a jurar el próximo miércoles ante Isabel II, Johnson tendrá el gobierno más difícil en varias décadas. Aunque nunca se sabe con Boris, siempre puede tener un texto diametralmente opuesto bajo la manga.  

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