14 de agosto de 2011 19:13 hs

Entre los muchos récord que rompió Brasil en los últimos años, se encuentra también el de mayor cantidad de elogios recibidos. La combinación de un contexto internacional favorable y una conducción económica sólida y decidida, llevaron a ese país a convertirse en el niño mimado de los mercados de capitales.

Sin embargo, no todo brilla al norte de la frontera uruguaya. La crisis internacional abre una brecha en la confianza de los analistas y de los operadores en el porvenir del país vecino. Las vulnerabilidades están a la vista y la historia deja en claro que las debilidades de Brasil son también las de Uruguay.

Mantiene un importante ritmo de crecimiento impulsado por el mercado interno, con un nivel de desocupación en mínimos históricos y un crecimiento vertiginoso del crédito bancario. La inversión crece al influjo de los capitales extranjeros y la clase media cobra fuerza año a año, luego de despertarse de una larga siesta. Pero el país tiene también sus puntos débiles. Y lo que más preocupa a los expertos, es que serán puestos a prueba ante un agravamiento de la crisis de deuda que atraviesan las economías europeas y EEUU.

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“Es un país que aparenta estar en una muy buena posición pero cuando se lo ve en detalle, no convence tanto”, dijo a El Observador Alejandro Van Cleef, socio director de la firma Investo Consulting. El experto coincide con el resto de los analistas en que ese diagnóstico enciende una luz amarilla para la economía uruguaya, que mantiene estrechos lazos con su vecino del norte.

El crecimiento de la economía brasileña se ve fuertemente condicionado. En el correr del año, los expertos corrigieron a la baja las expectativas de crecimiento. Según el sondeo realizado por Bloomberg en agosto entre agentes de mercado, el crecimiento del gigante latinoamericano se desacelerá desde 7,5% en 2010 a 4% al cierre de este año.

La economía brasileña está al rojo vivo. En una situación de pleno empleo –con una tasa de desocupación de 6,2% y una elevada utilización de la capacidad instalada–, una inflación de 6,9% –superior a la meta oficial–, un impactante crecimiento del crédito a las familias –el año pasado igualó el monto otorgado a las empresas–, y un tipo de cambio fuertemente apreciado – en lo que va del año es la segunda moneda a nivel mundial en ganar terreno frente al dólar, después del franco suizo–.

A una economía sobrecalentada solo le queda reducir su velocidad, salvo que la inversión le permita dar un salto en su capacidad productiva. Y no cualquier inversión, sino aquella proveniente de fuera de fronteras.

“La inversión es un tema muy complicado en Brasil, porque dependen de la inversión extranjera. Si la crisis se agrava, los flujos de capitales podrían verse seriamente afectados”, explicó Van Cleef.

Para el economista Clodoir Vieira, de la corredora Souza Barros de San Pablo, “la crisis está empeorando, principalmente en Europa y EEUU, y eso va a afectar a Brasil”. Según dijo el experto a la agencia Dow Jones, “las empresas exportadoras serán las primeras en sentir la desaceleración”.

De las exportaciones brasileñas, 22% van a la Unión Europea, que enfrenta serios problemas de crecimiento. El segundo destino es China (17%), cuya perspectiva es de desaceleración; mientras que EEUU, el tercer socio comercial de Brasil con 10% de las ventas, muestra una magra expansión económica. Un problema adicional es que con los tres destinos, Brasil está perdiendo competitividad.

Los productos brasileños, principalmente los de origen industrial, se aprecian respecto a los del resto del mundo y eso fuerza a las autoridades a tomar medidas. El gravamen a la entrada de capitales especulativos y las compras masivas en el mercado de cambios buscan quitarle presión a la moneda doméstica.
Esa es la principal preocupación para Uruguay respecto al gigante. Si el gobierno vecino tiene éxito en su afán de subir el dólar, la competitividad uruguaya se verá seriamente afectada.

Según el economista Alfonso Capurro, de CPA Ferrere, las autoridades uruguayas se han mostrado atentas a esa situación. Al graficar la relación entre el tipo de cambio entre Brasil y Uruguay, se hace evidente la paridad bilateral en una estrecha banda de flotación.

“Hay un nivel que genera comodidad para las autoridades, asociado al mantenimiento de la competitividad con Brasil”, agregó. En los momentos en los cuales el tipo de cambio amenazó con salirse de la banda, las autoridades actuaron “de forma deliberada” para evitar su salida. “La historia nos muestra que uno de los errores más grandes a fines de los ‘90 fue despegarse de Brasil”, explicó el experto a El Observador. Coincide con Van Cleef y los analistas internacionales en que son crecientes los incentivos para que la moneda brasileña se ajuste con el aumento del deterioro de la situación de Europa y EEUU. Llegado el momento el peso uruguayo deberá acompañar a la moneda brasileña, explican. El nivel de dolarización de la economía local y el alza de precios ya en niveles altos, hacen que el ajuste sea más doloroso para Uruguay que para el gigante del norte.

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