13 de enero 2014 - 21:22hs

“Que no explote”, “que no reviente”, era los comentarios de todo aquel que asistió y resistió el hedor de un hecho inédito en la rambla de Montevideo: el retiro de un cachalote que llegó muerto a la playa Carrasco el pasado viernes. Eso no pasó pero se temió lo peor cuando la grúa no soportó su peso.

El retiro del cachalote del mar a fuerza de las retroexcavadoras fue el primer error que Rodrigo García, coordinador de la Organización de Conservación de Cetáceos, vio en el operativo. El procedimiento ideal hubiera sido “arrearla lejos de la costa”, explicó a El Observador. Para eso se hubiese necesitado remolcadores. “Pero el costo operativo es grande y es una tarea complicada”, apuntó.

El Coordinador de Emergencia Departamental, Jorge Cuello, dijo a El Observador que ni la Intendencia de Montevideo ni Prefectura poseen una grúa con la fuerza necesaria para mover 25 toneladas. Agregó –con cierto enfado en su voz– que no se podía llevar el cadáver al mar ni enterrarlo en la playa; una solución que podría haber servido si el animal hubiese llegado a Canelones (ver despiece).

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La maniobra en tierra era más sencilla. Pero, en primer lugar, García apuntó que se tendría que haber troceado el animal. Eso no se realizó puesto que la idea era levantarlo entero. No obstante, en la mañana del lunes los funcionarios municipales utilizaron motosierras para cortarle la mandíbula inferior y las tripas que habían salido por un orificio próximo a una de sus aletas laterales.

Jorge Alsina, director interino del departamento de Desarrollo Ambiental de la IMM, indicó que se retiró “lo que se descomponía más rápido y lo que (tenía) riesgo de caerse” cuando se levantara el cachalote con la grúa. La mandíbula, cuyo corte fue aplaudido por los curiosos en señal de apoyo al operador, fue dejada sobre un montículo de arena.

El desmembramiento hubiese facilitado la carga. Al levantar el animal entero, se tardó 95 minutos. Se había estimado en 30. Cinco hombres sostuvieron la cuerda que se le ató a la cola. Los cables no aguantaron y el cachalote cayó sobre el camión, derramando sangre y vísceras sobre la vereda. El posterior atado agregó otros 45 minutos. Fue sujeto con cadenas y con las mismas cintas que se le había colocado en la arena. No se le colocaron redes ni ninguna otra protección como García relató que se debía hacer para evitar una “explosión” (el “mayor riesgo”, según el experto, por el gas metano que se acumula en el cuerpo), o una caída.

Por fortuna se equivocó el vecino que pronosticó que estallaría y Carrasco quedaría “todo enchastrado”, aunque para la decepción de los niños que esperaban que lo hiciera como una “bombita de agua”.

Alberto Ponce de León, jefe del Departamento de Mamíferos Marinos de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos, expresó que la mandíbula inferior fue cortada para determinar la edad del ejemplar. Ahora se esperarán al menos dos años para exhumar el cuerpo y armar el esqueleto. La fosa será controlada mediante GPS en el relleno sanitario de Felipe Cardozo, donde fue enterrada una ballena austral en 2011. Si logra armarse, el animal es tan grande que no podrá ser exhibido en el Museo Oceanográfico a menos que se construya un anexo (ver contratapa).

No se puede conocer a priori la causa de muerte puesto que no había ninguna laceración. Solo se pueden proponer dos hipótesis: una enfermedad (por parásitos, o por contaminación), o daños en la audición y desorientación por exploraciones sísmicas, una actividad que se realiza en las costas montevideanas desde 2012 para las exploraciones en busca de hidrocarburos.

Las exploraciones se realizan mediante fuentes de aire comprimido que emiten sonidos de muy alta frecuencia para obtener datos sobre la geología del suelo y que pueden causar daños a los animales marinos que rondan la zona. Ponce de León no descartó esta causa, máxime que desde Ancap se ha advertido que los cachalotes nadan cerca del área.

Las exploraciones se realizan a más de 100 kilómetros de la costa y los controles se extienden a una zona a de seguridad que va 500 a 700 metros de donde se encuentra el buque, lo que asegura que los daños por el sonido de los impactos no dañen a los mamíferos.

El traslado del cachalote se hizo sin ningún otro inconveniente, salvo que la chata del camión quedó corta y la cola iba tocando el piso.

Recién a las 19:15 –luego de más de tres horas de haberse iniciado el operativo de extracción–, el cachalote que llegó a Montevideo fue depositado en su sepulcro: una fosa abierta cerca de la puerta de la usina municipal. Se necesitaron varios empujones de la retroexcavadora para que, al fin, se pueda decir que ahora descansa en paz. (Producción Mariana Castiñeiras).

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