Dicen que en Uruguay el año comienza con la llegada del último ciclista, en referencia a la carrera de ciclismo más antigua de América y que ocurre en el país cada semana de Turismo. Pero, en la práctica, las rutinas anuales bailan al compás de las clases escolares: los horarios familiares, la concurrencia en el transporte público, la movilidad en las calles y un movimiento que involucra a unos 60.000 docentes y 800.000 estudiantes.
Por eso, a pocos días de un nuevo año lectivo, la Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP) recomienda algunas (buenas) prácticas para que el retorno a las aulas sea lo más seguro y saludable posible.
1. La carga
Detrás de la imagen romántica de un niño con túnica o uniforme cargando en sus espaldas una mochila que es más grande que él, yacen problemas latentes en pediatría: la escoliosis, la fatiga muscular y las complicaciones posturales.
Para evitar estas patologías —u otras asociadas a la carga—, la presidenta de las SUP, Mónica Pujadas, recomienda que en las instituciones educativas se planifique qué materiales son imprescindibles que el alumno cargue en su mochila: “cuanto menos y por menos tiempo, mejor”.
La mochila debe pesar menos del 10% del peso del niño, se apoya en la zona lumbar a unos cinco centímetros por encima de la cintura y se sugiere que se cargue por menos de 15 minutos.
En el siguiente infográfico podrás ver más tips:
@MarceloMorillas Tips sobre cómo usar las mochilas. 2. La rutina
El ser humano es un animal de costumbres. De hecho, distintos estudios antropológicos demostraron que el hombre suele frecuentar los mismos lugares y repite conductas aprendidas. Para que el niño esté lo más seguro posible y para que potencie el tiempo de aprendizaje, dice la Sociedad Uruguaya de Pediatría, es necesario reorganizar la rutina familiar que se vio alterada durante las vacaciones estivales.
Hay un tiempo para dormir (que en los escolares suele superar las nueve horas y en los adolescentes las ocho), hay un tiempo para mirar pantallas (que los pediatras recomiendan que sea lo más alejado posible de la hora en la que se concilia el sueño) y hay un tiempo para alimentarse.
“Es bien importante que el niño o el adolescente se despierte con tiempo, descansado, y desayuno previo a acudir al centro educativo”, dice Pujadas. “De lo contrario, el ayuno que el menor inició en la noche anterior, previo a dormirse, continúa hasta media mañana o el mediodía y eso baja su rendimiento, su capacidad de concentración y sus ganas de realizar actividades”.
En ese sentido, insisten los pediatras, sería deseable que se adelante la hora de irse a dormir y que el despertar sea “más placentero y no a las corridas”.
3. La vacunación
Uruguay es uno de los países que “pudo mantener coberturas aceptables de vacunación” pese a la emergencia sanitaria del covid-19, dice Pujadas. Sin embargo, el país no escapa a la tendencia global en que las vacunas, sobre todo las de adolescentes como el HPV, son cuestionadas. Incluso desde antes de la pandemia venía a la baja la cobertura.
Tampoco es ajeno a la reemergencia de sarampión que hay en países de la región. Por eso la Sociedad Uruguaya de Pediatría insiste en revisar qué vacunas recibieron los niños y qué dosis deberían administrarse.
La vacuna contra el sarampión, las paperas y rubeola cuenta con una dosis al año de vida y otra a los 15 meses (a diferencia de hace unos años en que se daba poco antes del ingreso a Primaria). Ese acortamiento del período ventana responde, justamente, a la necesidad de reforzar la inmunización contra una enfermedad que es de las más contagiosas.
“Cuando inicie la campaña antiviral, también hay que tener en cuenta que los niños son población de riesgo y que en la edad pediátrica la gripe es potencialmente grave: hay que vacunarlos”, dice Pujadas.
Tras lo que se llamó el “silencio inmunológico” de la emergencia sanitaria, en 2022 hubo un rebote de las infecciones respiratorias virales y bacterianas. ¿Qué pasará en 2023? “En epidemiología siempre hay un nivel alto de incertidumbre, pero lo seguro es que debe prevenirse la propagación infecciosa con una correcta ventilación, el lavado de manos (más en niños chicos que comparten juguetes y gatean), y disminuir el hacinamiento.
4. La calle
La entrada y la salida de los centros educativos son uno de los momentos más críticos en el tránsito. Por eso la recomendación, aunque parezca obvia, es que el niño siempre vaya y regrese de la institución de enseñanza acompañado de un adulto conocido.
Si se va caminando, debe cruzarse en las sendas peatonales y con el semáforo en luz verde (la amarilla no habilita a cruzar). Estos detalles, dicen los pedagogos, son incluso parte de la enseñanza integral del niño.
En el transporte público el niño debe subir ante que el adulto, pero tiene que descender después para evitar los accidentes en la bajada.
En el caso de transportarse en un vehículo particular, los menores de 12 años viajan en el asiento trasero y con silla infantil, así como si no se supera el metro y medio de altura. La Fundación Gonchi Rodríguez y la Sociedad Uruguaya de Pediatría cuentan con los detalles en sus sitios web.
Si el niño va en bicicleta debe hacerlo con casco, chaleco reflector, un asiento adecuado y por las vías apropiadas para este tipo de transporte.
5. La temperatura
Las clases comienzan en verano. Eso significa que los niños tienen que ir a clase con protector solar, gorro e hidratados. El consumo de agua potable es uno de los elementos más relevantes según los pediatras, dado que muchos pequeños pueden pasar varias horas sin consumir líquidos.
Los pediatras recomiendan que los niños cuenten con distintas mudas de ropa y de distinto grosor para atender la variación climática.