Un recorrido de 35,500 kilómetros desde la terminal de ómnibus de Maldonado hasta el final de La Barra, ida y vuelta, significó el martes al mediodía un viaje de casi dos horas. El auto no pudo superar los 20 kilómetros por hora. Y en la rambla portuaria –donde llegaban los pasajeros de dos cruceros– fue a menos de 10. En invierno se hubiese tardado no más de 40 minutos. La lluvia que cayó ese día facilitó un poco la circulación pero no el estacionamiento. No había lugar ni en Gorlero ni en la calle 20 ni en las paralelas ni en las perpendiculares. Tanto así que había vehículos estacionados en los tramos donde está prohibido estacionar.
La situación se agrava irremediablemente entre viernes y domingo y, en particular, al mediodía y al atardecer, momento en que la gente abandona la playa. El mismo recorrido supondría una prueba de tolerancia. Los autos se estacionan hasta en tercera fila. En un horario pico, el viaje entre el faro –calle El Faro esquina 2 de Febrero– y la escultura “La Mano”, en la parada 1 de la Brava, separados por 2.100 metros, lleva 40 minutos. El paseo por Playa Mansa hasta parada 11 de la Brava lleva alrededor de una hora; lo mismo que para ir de Manantiales a La Barra: no más de cuatro kilómetros.
Una joven relató a El Observador que tardó una hora en ir a comprar un helado el sábado a la noche. A la vuelta optó por un camino interior que la dejó en pocos minutos en la parada 47 y con el helado en estado sólido, pero ése es un atajo que los lugareños prefieren no revelar. “Vas a paso de hombre”, fue la conclusión de todos los conductores.
La baja velocidad no es garantía de salvarse de un accidente. El choque más frecuente es el trasero, producto de una frenada brusca y la poca distancia entre un vehículo y otro. De Policía Técnica se dijo a El Observador que no se tienen las “posibilidades materiales” de acudir a los “choquecitos” puesto que el índice de siniestralidad de Maldonado mantiene ocupados a sus efectivos: duplica los guarismos nacionales (31 frente a 15,5 muertos cada 100 mil habitantes. En la medianoche del martes, un motociclista se convirtió en la primera víctima fatal del año.
Cóctel mortal
Hay varios ingredientes para este cóctel. El parque automotor de Maldonado se duplicó en los últimos ocho años: de 45 mil automóviles se saltó a 98 mil. También había 40 mil motos y ahora hay 105 mil; pero se estima que hay entre 15.750 y 18.900 motos más sin empadronar. Y, por si fuera poco, en verano se agregan alrededor de 60 mil autos de turistas. “Efectivamente, en las zonas costeras toda la red vial se satura; rotundamente se satura”, reconoció el director de Movilidad Ciudadana de la Intendencia de Maldonado Máximo Oleaurre.
Para el experto en tránsito Martín Clavijo, fernandino de nacimiento, una falla importante es la distribución del espacio público: avenidas y calles que no se ensanchan, o el permiso municipal de que las motos puedan estacionarse sobre la izquierda. La rambla, en sí misma, es una vía de paseo y no una vía rápida.
Y para el ingeniero vial Lucas Facello es la “falta de previsión” en materia de estacionamientos. Nunca se exigió a los comercios –como se hace con los edificios– que dispongan de espacios reservados para sus clientes por fuera de la vía pública. “Ahora la situación es caótica”, afirmó a El Observador.
A esto se suman dos formas de vida: la del turista y la del lugareño. El primero, o no tiene prisa, o conduce sin reglas. Muchos llegan con el agravante de hacerlo por primera vez y no cuentan con la más mínima información, por ejemplo, de las calles preferenciales. El otro vive a lo loco. Al tiempo que muchos ciudadanos del interior no tienen incorporadas las reglas de tránsito; y a juicio de Oleaurre, se comporta como el perro al que le sueltan la cadena. “Mezclás todo y vas a tener a Maldonado”, lamentó Oleaurre.
La diferencia de costumbres se hace evidente frente a una rotonda. En Uruguay tiene preferencia quien transita por ella, pero los extranjeros no obedecen la señal de “ceda al paso” y se produce la colisión. Por ejemplo, en la rotonda del Club del Lago ya murieron ocho personas.
Facello propone la construcción de un “megaestacionamiento” en las paradas siguientes a “La Mano”, lo que descomprimiría a la península. Mientras que eso no se realice, la solución que encuentra es estacionar en el casino Nogaró.
Otra solución es flechar toda la rambla portuaria para darle mayor fluidez aunque eso signifique la resistencia de los comerciantes. Un cambio de circulación exitoso fue flechar una de las dos calles que desembocaban en la playa La Olla de la Brava. “Punta del Este tiene puntos no bien resueltos como el acceso a la altura de la parada 20 de la Mansa y tiene esquinas ciegas”, afirmó.
Respecto a las rotondas, explicó: “Están pensadas para un crecimiento automotor de otra época. Funcionan mal durante cinco horas todos los días del verano. Por ejemplo, la rotonda de avenida Roosevelt y bulevar Artigas hace años que no tiene capacidad” para ordenar el tránsito.
A su juicio la solución podría ser que bulevar Artigas se convirtiera en un paso elevado.
Atajos
“Por La Barra agarra el que no conoce”, dijo Leonardo, oriundo de la ciudad de Maldonado. En vez de ir por la avenida Eduardo Víctor Haedo (ruta 10), él toma la calle que desemboca en la estación de ANCAP, a la entrada del balneario, y acorta por caminos internos que lo conducen hasta el Mantra Resort Spa & Casino, para desembocar en la parada 47, casi al final del balneario, donde ya hay doble vía.
El otro atajo posible para quien conduce hacia José Ignacio es tomar el primer acceso a mano izquierda antes de Manantiales, continúa por calles casi paralelas a la carretera, hasta llegar a la Ruta 104 y a la rambla a la altura de Punta Piedras.
Pero en la península hay pocas posibilidades. Las calles 20 –donde para colmo de males se puede estacionar en ambas veredas– y 24 son las únicas vías de salida. La rambla José Artigas nunca es una buena opción: tiene un solo sentido y se satura de turistas y de ómnibus.
La única chance está en tomar las grandes avenidas. Un camino más rápido para llegar a Punta del Este es abandonar la rambla Claudio William para tomar Acuario (al lado de la Laguna del Diario) y luego doblar por camino La Laguna hasta avenida Roosevelt y continuar por bulevar Artigas.
Si el destino es La Barra o alguna playa más al este, una buena opción es doblar por avenida Pedragosa Sierra hasta Aparicio Saravia en la zona del parque El Jagüel. El desvío llega hasta el emblemático doble puente de Leonel Viera sin haber sufrido los dolores de cabeza ocasionados por el tráfico de Playa Brava.