5 de octubre de 2013 20:31 hs

"¡Está cerrado!”, gritó una joven rubia al llegar al monumento a Abraham Lincoln. Las vallas rodeaban las ampulosas escalinatas de mármol que separan al magnánimo Lincoln de los ansiosos turistas y otros mortales. Debido a la parálisis del gobierno de EEUU, muchos de los monumentos de Washington DC fueron cerrados al público. La muchacha formaba parte de un grupo de estudiantes de octavo grado que llegaban de California a visitar la capital estadounidense para una clase de educación cívica.

En la tarde inusualmente veraniega (ya tendría que ser otoño) y con el ruido del tráfico languideciente y las cigarras a lo lejos, los turistas se resignaban a espantar mosquitos y sacar fotos desde la valla.

“Es una pena, pero es mejor que nada”, dijo casi optimista Dan Rouhier, guía del grupo de liceales, señalando a los revoltosos adolescentes que ahora se habían sumado al grupo de turistas y trataban de sacar una foto a Lincoln como podían, desde la lejanía.

Más noticias
El monumento al prócer estadounidense mira hacia una pequeña piscina, la misma que fue testigo del famoso discurso de Martin Luther King hace 50 años y del abrazo de Jenny y Forrest Gump hace muchos menos. Más al norte se encuentra el monumento a los caídos en la segunda guerra mundial, que fue la escena de un hecho insólito hace unos días: un grupo de veteranos fue a visitar el monumento hecho en su honor y, al ver que estaba vallado por el cierre del gobierno, los veteranos, que otrora lucharon contra alemanes y hundieron U-boots, ahora en sillas de ruedas y peinando canas, tiraron las vallas y entraron al monumento.

“Nada tendría que estar cerrado. Este es el país por el que luché. Luché para abrir todo y el Congreso debe trabajar para el pueblo. Este es un Congreso que no hace nada”, dijo a los medios locales Don Mueller, un veterano oriundo de Missouri, luego de sortear las vallas.

El descontento que la parálisis del gobierno y las fracasadas negociaciones en el Congreso han generado es palpable en cada esquina de DC.

Con el fin de trabar la reforma de la salud de Obama, aprobada hace tres años pero cuyas más importantes disposiciones entraron en vigencia el 1º de octubre, el Congreso no acordó una ley de presupuesto, lo que activó “el cierre” del gobierno. Esto implica suspender momentáneamente las actividades no-esenciales, como por ejemplo el servicio de Parques Nacionales, encargado de mantener los monumentos, o buena parte de las actividades que realiza la NASA.

Suspender las actividades no-esenciales implica también suspender a cerca de 800.000 empleados federales, la gran mayoría de los cuales vive en Washington y no van a trabajar por el tiempo que dure el cierre.

Esto generó un inesperado alivio al sobrecargado sistema de transporte público de Washington. El Metro de DC amaneció con varios asientos vacíos durante la hora pico del martes, sorprendiendo a pasajeros acostumbrados a viajar incómodamente apretados. El Washington Post afirmó que el sistema registró 10% menos de pasajeros ese día y la administración del Metro decidió utilizar trenes con menos vagones por el tiempo que dure el cierre.

“No sé si me van a pagar”, dijo Micah, un joven empleado que trabaja para el departamento del Tesoro hace seis años y que prefirió no ser identificado con su nombre completo. Según el Washington Post, el 18% de los empleados del Tesoro fueron declarados esenciales y están trabajando normalmente; Micah forma parte del otro 82% que recibió una carta el lunes a la noche diciéndole que no fuera a trabajar al día siguiente.

Ahora pasa sus tardes en el centro de recreación de una sinagoga ubicado en el barrio chino, donde un grupo de empleados también no-esenciales se juntan a comer cupcakes, pintar y ver episodios de The West Wing, la popular serie de Aaron Sorkin sobre los pormenores de la política estadounidense y se transformó en una serie de culto.

Si bien todo puede parecer idílico en esta especie de guardería para adultos, la rabia y la frustración no pasan desapercibidas: en las paletas de ping pong se puede ver una foto de la cara de John Bohener y Nancy Pelosi, dos de los políticos de más alto perfil del partido republicano y demócrata respectivamente, y en la mesa con comida no faltan los chistes ridiculizando al gobierno y a otros actores políticos.

“Es duro que te digan que sos un empleado no-esencial, que no te paguen el sueldo”, dijo Hannah Orenstein, quien trabaja en el departamento de comunicación de la sinagoga. “Estos son tiempos frustrantes no solo para ellos pero para muchos en DC. (…) Queríamos crear un lugar agradable donde ellos pudieran venir a olvidarse de sus problemas y divertirse un poco”.

Más de 50 comercios, bares y restaurantes adoptaron la misma filosofía y ofrecen todo tipo de descuentos a empleados no-esenciales: desde tragos a mitad de precio y descuentos en la comida hasta pop gratis en el cine y clases de baile. Thomas Foolery, un minúsculo bar ubicado en el ultra caro y popular barrio gay de DC, extendió su “happy hour” todo el día a empleados no-esenciales frustrados por la situación.

Es por eso que para Micah el cierre del gobierno tiene su lado positivo. “No es algo divertido, pero no es tan dramático. Si trabajás en DC es diferente. Te dan un montón de cosas gratis, tragos gratis, hamburguesas gratis”, dijo, agregando que esa misma noche se iba a comer a Jaleo, un restaurante español conocido por sus deliciosas tapas.

Nadie tiene claro cuándo terminará esto. Algunos argumentan que esta no es la pelea que preocupa a Obama. En unas semanas el Congreso debería elevar el “techo de deuda”, la autorización para aumentar la deuda pública. Esta autorización es esencial para que el gobierno federal pague sus obligaciones y normalmente es un acto rutinario, pero se ha vuelto objeto de pelea en el Congreso. De no hacerlo, algunos analistas advierten que el país podría entrar en una nueva crisis, arrastrando al mundo consigo.

Entonces la clase política habrá terminado de decepcionar a todos los que viven sobre esta ciudad construida sobre un pantano: a los empleados como Micah, a Don Mueller y el resto de los veteranos de la segunda guerra mundial, a los estudiantes de octavo grado y a los turistas que viajan especialmente a sacar fotos a Lincoln. Y probablemente hasta al propio Lincoln, observándolo todo desde su lecho de mármol.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos