La noticia generó preocupación en gestores, abogados y en el medio millón de uruguayos que de alguna forma u otra están intentando obtener la ciudadanía italiana: los portales de noticias de América Latina y de Europa decían que el senado italiano estudiará cambiar algunos requisitos para reconocer a nuevos italianos. Por ejemplo, que los aspirantes a obtener la ciudadanía sepan el idioma en el nivel B1, es decir, un nivel intermedio, algo que restringiría la cantidad de candidatos.
El senador Roberto Menia, quien presentó el proyecto de ley, argumentó ante los medios que "la pertenencia a Italia debe conjugarse con saber italiano para ser parte de la identidad" y que "hay que reflexionar" si los aspirantes –principalmente latinoamericanos– son o no personas que tienen suficientes argumentos para obtener la ciudadanía por la vía ius sanguinis, es decir, por la descendencia, "solo porque en 1870 un antepasado estaba radicado en la otra parte del mundo".
Para la jefa de Asuntos Consulares de la embajada en Montevideo, Alessandra Crugnola, la ley actual "es muy amplia" porque el 40% de los uruguayos tiene ascendencia italiana y con esas condiciones "prácticamente todos tendrían acceso a la ciudadanía".
A los gestores que se dedican a juntar la documentación, atender las cuestiones legales y conseguir un turno en la embajada de Italia en Uruguay les llovieron las consultas de clientes preocupados y frustrados.
Inés Guimaraens
Casi la mitad de los uruguayos tienen descendencia italiana
Graciela Cerulli, abogada argentina e italiana, radicada en Milán, hace 25 años que se dedica a atender clientes que buscan obtener la ciudadanía italiana por la vía de la descendencia explicó los cambios en caso de que la propuesta del senador Menia prospere: "La ley actual de ciudanía no tiene límites generacionales y no es necesario conocer el idioma italiano. Una persona que pueda demostrar que desciende en línea recta de un italiano puede solicitar el reconocimiento de la ciudadanía ya que adquiere el derecho al momento de su nacimiento", explicó la abogada italiana.
Esto podría cambiar si el legislativo aprueba el proyecto de ley que dice que el derecho a la ciudadanía italiana se reconoce a quienes muestren ser descendientes de italianos en línea recta, pero hasta el tercer grado.
Si el familiar italiano es más lejano que el tercer grado, la persona que solicita la ciudadanía debe demostrar que residió en Italia al menos un año. En ambos casos –es decir, sin importar el grado de parentesco– el aspirante debe manejar el idioma italiano nivel B1.
En la exposición de motivos del proyecto de ley, el senador argumentó que la ciudadanía italiana "para algunos surge de una condición y de un redescubrimiento orgulloso de sus raíces y para otros de una conveniencia" por obtener el pasaporte.
Sin embargo, la abogada Cerulli cree que la propuesta no tendrá éxito y aseguró que "en su experiencia profesional" ha visto a descendientes de italianos que "se sienten muy orgullosos de sus orígenes".
"Solicitar el reconocimiento de la ciudadanía significa para la mayoría pertenecer a una cultura y recibieron un tipo de educación que fue trasmitida en el seno del hogar", dijo.
¿Cómo es el trámite parlamentario?
El proyecto de ley ingresó al senado italiano el 7 de junio pero los legisladores aún no comenzaron su tratamiento, según consta en la web oficial.
"En Italia el proceso para la promulgación de una ley es muy pero muy complejo y los tiempos son muy largos", dijo la abogada Cerulli. En ese país, el Poder Legislativo funciona con el modelo de bicameralismo perfecto, es decir, que el texto del proyecto que se apruebe en la cámara de senadores y en la de diputados debe ser idéntico.
La experta en derecho italiano explicó que la propuesta del senador Menia fue asignado a la comisión de cuestiones constitucionales el 22 de junio y, a su vez, esa comisión pidió la opinión de las comisiones de Justicia, Relaciones Internacionales, Presupuesto y Cultura, que aún no se expidieron sobre el tema.
Pero, según la abogada, el proyecto no va a pasar por el tamiz de la comisión de cuestiones constitucionales porque el tope en la línea del parentesco hasta el tercer grado que propuso Menia "propone un límite a un derecho fundamental" que se adquiere desde el nacimiento, según la Constitución italiana y, por lo tanto, "siendo un derecho absoluto no puede ser condicionado", según Cerulli.
La abogada recordó además que en 2018 se presentó un proyecto similar, pero que "no llegó a nada". Al ser consultada sobre la situación de las personas que ya tienen en trámite la ciudadanía si se modifica la ley italiana, Cerulli respondió: "En base al principio de irretroactividad de la ley no creo que quien haya ya iniciado su tramite se le pueda aplicar una ley que todavía ni siquiera fue tratada".
Larga espera
La embajada de Italia en Montevideo abrirá turnos el próximo miércoles para que los uruguayos puedan solicitar el inicio del trámite. Pero, eso no ocurre siempre y algo tan simple como solicitar un turno es, en realidad, una tarea tortuosa. De hecho, la embajada pasó más de un año después de la pandemia sin entregar citas.
Según dijeron desde la embajada a El Observador, esta vez se abrirán unos 80 turnos, aunque aseguraron que la cantidad no es fija porque depende de la organización del trabajo en la embajada.
Muchos de esos 500 mil uruguayos que quieren tener vía libre en Europa deben sortear las promesas irrisorias de los intermediarios, que cobran cientos de dólares por conseguir citas con la embajada. Y también tienen que sortear la guerra que la embajada tiene con ellos: gestor que detecta, gestor al que le bloquea el acceso a la cita consular.
Este aspecto también fue uno de los argumentos para que el senador italiano pretenda restringir el acceso a la ciudanía: "En América Latina, donde hay un hecho que es justo informar: hay una compra y venta de los pasaportes. La pertenencia a Italia no puede ser una suerte de venta de pasaportes, venta de turnos en los consulados y certificaciones falsificadas" dijo Menia ante la prensa italiana en junio.
Para obtener la ciudadanía italiana, cada postulante tiene que armar una carpeta que incluya partidas de nacimientos y de defunción, y de matrimonio y divorcio en algunos casos, de todos los ascendientes hasta la persona italiana de la que se quiere heredar la ciudadanía. Los documentos deben estar traducidos y apostillados. Una vez que se juntaron todos los documentos el postulante está pronto para sacar hora en la embajada.
La jefa de Asuntos Consulares de la embajada, Alessandra Crugnola, dijo en marzo a El Observador que en la embajada tienen un problema de recursos: "La política es: prioridad a los que ya son italianos, que acá son 134 mil personas. Somos poquitos para hacer todo: pasaportes, actualización de estado civil, escribanos, asistencia social, traducciones para gente que se va a estudiar a Italia", explicó.
En Milán, Cerulli sabe que los trámites dependen de cada consulado, que es diferente en Montevideo, Buenos Aires o San Pablo, por ejemplo. Y por la falta de turnos, la abogada también ha recurrido a iniciar juicios, algo que le ha permitido que sea la propia Justicia quien reconozca la ciudadanía. "Yo le digo a mis clientes, para no generar ansiedad, que un juicio puede durar dos años o dos años y medio, pero es un tiempo máximo que me permite resolver cualquier problema que pueda surgir", dijo.