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Cómo afectará la automatización al empleo femenino

En promedio, las mujeres se emplean en sectores con menos riesgo de ser reemplazados por máquinas, pero realizan tareas menos productivas

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13 de junio de 2018 a las 05:00

La primera alerta sobre la cantidad de puestos de trabajo que se destruirían a causa de la automatización surgió a principios de 2016, a raíz de un informe presentado en el Foro Económico de Davos. El escenario que se planteaba era que siete millones de empleos se perderían en los siguientes cinco años a nivel mundial.

La bajada local de ese estudio la brindó, en primera instancia, la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo IEEM en el mismo 2016. Siguiendo una metodología diseñada por la Universidad de Oxford llegó a la conclusión que el 54% de las posiciones de trabajo ocupadas en Uruguay corrían un alto riesgo de automatización en los siguientes 15-20 años.

Los datos indican que las mujeres están empleadas en trabajos con menor probabilidad de robotización que los hombres. Mientras el riesgo de robotización es 46 % en el caso de las mujeres, asciende a 62 % para los hombres.

Un nuevo capítulo de ese informe se presentó en abril de este año, en donde se analiza en qué medida las particularidades de Uruguay y de cada sector productivo incidirán en la velocidad del cambio que se anticipa en el mercado laboral. A esos efectos, el estudio del IEEM analizó los factores locales que aceleran o frenan la incorporación de nuevas tecnologías que impactan en la estructura del empleo y cómo se comportan esos factores en cada uno de los sectores productivos nacionales.


Los factores que se tuvieron en cuenta para la segunda tapa del estudio sobre automatización realizado por el IEEM fueron el peso del sector público en el sector productivo, la transabilidad de los bienes y servicios involucrados, las barreras de entrada al sector, los sindicatos y su actitud ante el cambio tecnológico, el nivel de competencia en el sector y el peso de la masa salarial en la estructura de costos.

Un sector productivo puede enfrentar altas o bajas probabilidades de ser impactado por las nuevas tecnologías.

Para todos, tanto hombres como mujeres, la probabilidad de automatización de los puestos de trabajo en sectores con alta probabilidad de automatización y cuyos factores de contexto estimulan fuertemente los procesos de incorporación de nueva tecnología es de más del 50%. "La inmensa mayoría de los puestos de trabajo están en sectores con alta probabilidad de automatizar y todos los actores están actuando como estímulos para lograrlo, explicó a El Observador el profesor del IEEM, Leonardo Veiga, uno de los responsables de la elaboración del informe.

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Luego, se encuentra el sector con puestos de trabajo en el cual, por la propia naturaleza del trabajo, no hay muchas probabilidades de que vayan a ser automatizados, pero los factores de contexto estimulan el cambio. “Si aparece alguna tecnología que estimule y permita la automatización, la van a aprovechar”, indicó Veiga.

Este sector brinda empleo al 17% de las mujeres ocupadas, y al 2% de los hombres. “Las mujeres hacen determinados tipos de trabajo que es muy difícil sustituir por tecnología porque están muy vinculados en los trabajos en equipo, la relación con las personas”, afirmó. Tipicamente la actividad docente, maestras, la enfermería, la actividad en el hogar.

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Las conclusiones que extrae Veiga es que las mujeres están en una situación mucho menos preocupante que los hombres con vistas al avance de las nuevas tecnologías. “Es cierto que tienen predominio en actividades rezagadas desde el punto de vista salarial, pero eso se puede subsanar con el tiempo. Los trabajos que hacen no están de por si condenados a desaparecer”, sintetizó.

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Por su parte, un informe presentado por la Dirección de Planificación de la Oficina de Planeamiento y presupuesto (OPP), el año pasado sobre la automatización y el empleo en Uruguay, también refleja que los empleos de las mujeres tienen un riesgo de automatización menor, de un 60% en promedio, y los de los hombres un 68%.

El director de Planificación de la OPP, Fernando Isabella, explicó que esto tiene su lado negativo. “En término a actividades que vayan a desarrollarse a futuro y con posibilidades de trabajo mejor remunerado, es importante la incorporación de mujeres en actividades de mayor productividad laboral”, dijo.

Esto incrementa la brecha salarial entre hombres y mujeres. Según Isabella, en las actividades de mayor productividad es donde se generan empleos mejor pagos y mayores posibilidades de crecimiento y de ascenso.

“Más allá de que en promedio las actividades de las mujeres parecen ser un poco menos automatizables, hay un tema que nos parece importante que es una alta concentración de las mujeres en tareas de comercio, que si son altamente automatizables”. Fernando Isabella, director de Planificación de la OPP

Para Isabella, el Sistema de Cuidados va a ser “un generador de empleo a futuro” y no necesariamente de baja calificación. “Son áreas en las que las mujeres tienen experiencia y esa podría ser un área de oportunidades para el futuro, especialmente para las mujeres”, sostuvo.

Por su parte, una de las integrantes del equipo económico del Instituto Económico Cuesta Duarte, Andreina Moreira, dijo a El Observador que aunque es un tema que recién está comenzando a analizarse, ya se empiezan a ver los primeros resultados de la automatización.

“La automatización donde viene impactando es en trabajos mecánicos. Hay varias alertas que uno debería empezar a analizar. Los trabajos que se están destruyendo son los administrativos, un sector con un número importante de mujeres”. En tanto, dijo que el comercio también se está automatizando, fundamentalmente los procesos de logística detrás.

Moreira, al igual que Isabella, destacó la relevancia de los cuidados y la “parte humana” de algunos empleos que cobrarán importancia en el futuro.

¿Hombres en áreas tradicionalmente femeninas?

El pasado miércoles se realizó un seminario denominado El futuro del trabajo y su impacto en las desigualdades de género, organizado por el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo en Uruguay (CIEDUR), la Red Género y Comercio y Cotidiano Mujer.

Allí, más allá de las cifras que presentan estos y otros informes, se analizó el impacto de la desigualdad laboral en el futuro.

Sofia Scasserra es economista e investigadora del Instituto del Mundo del Trabajo de Argentina. En diálogo con El Observador, dijo que los hombres que no van a poder reinsertarse en la fuerza de trabajo porque sus empleos los comience a realizar una máquina, “van a ir al sector en donde habrá trabajo, que es el de cuidados. Vamos a enfrentar una competencia (con los hombres), ya que de a poco se empiezan a ver más hombres enfermeros, maestros, niñeros”, dijo.

En este sentido, Isabella de la OPP comentó que en principio podría suceder esto, pero también hay estereotipos de género que limitan eso. "Hay tareas que aún se consideran propias de las mujeres, aunque eso está cambiando de a poco”, agregó.

Más tecnológicas

La economista y coordinadora del área de género y desarrollo de CIEDUR, Alma Espino, planteó durante el seminario que las innovaciones tecnológicas podrían permitir abrir oportunidades para hombres y mujeres, pero se sigue manteniendo la tensión entre el trabajo doméstico y de cuidados. “Trabajar desde el hogar, trabajar cinco o seis días corridos en horarios rotativos, sigue chocando con las exigencias que nos plantean las responsabilidades familiares, que todavía sigue siendo una tarea de las mujeres”, indicó.

Según una investigación de las economistas uruguayas Soledad Salvador y Cecilia Alemany, la inserción sectorial de la fuerza de trabajo femenina se da en un 41% en sectores de baja productividad, 44% en productividad media y baja y solo un 15% en productividad media y alta.

Espino dejó planteada dos interrogantes que entiende deberán guiar los debates sobre el empleo femenino en el futuro. “¿El rol de las mujeres cambiará respecto a las tareas de cuidado en el futuro con estos cambios tecnológicos? ¿Disminuirá la segregación profesional?”, se cuestionó.

Por otra parte, una de las integrantes del Instituto de Estadística de la Facultad de Economía, la docente Natalia da Silva, se centró en la importancia de fomentar habilidades STEM –ciencia, tecnología, ingeniería y matemática por sus siglas en inglés-.

Según datos de la UNESCO solamente el 30% de las investigadoras en el mundo son mujeres.

Como indicó la estadística, en el mercado laboral las demandas de las habilidades STEM son cada vez mas requeridas. “El mercado está demandando algo y las mujeres estamos participando menos. Eso va a ampliar más la brecha entre hombres y mujeres que ya existe”, dijo.

Para da Silva, la explicación de que las mujeres uruguayas no elijan estudiar carreras vinculadas a estas áreas se debe a tres razones fundamentales. “Seguimos reproduciendo estereotipos y creencias de lo que deben estudiar mujeres y hombres y hay una escasa visualización de las mujeres en estas áreas y lo que realizan”, explicó. Por otro lado, remarcó la falta de roles femeninos que incentiven a niñas y adolescentes a que sigan esas carreras.

La directora ejecutiva de la organización Girls In Tech, Julieta Cayre, dijo a El Observador que ve positiva la revolución tecnológica, que modificó y "seguirá modificando la matriz laboral en todas las industrias o actividades". La organización internacional, con presencia local, busca fomentar la educación e involucramiento de las niñas y jóvenes en tecnologías.

“Lo que la tecnología va a generar en el mercado laboral es alucinante y como eso va a impactar en la sociedad es aún más positivo. Tenemos que ser capaces de adaptarnos y aprovechar esta ventaja única”. Julieta Cayre, directora ejecutiva de Girls In Tech

Girls In Tech en Uruguay apuesta “a un cambio cultural” que permita a las mujeres inculcarse en un mundo en el que la tecnología es, y será, cada día más protagonista. “Nos enfocamos mucho en generar conciencia e inculcar la tecnología como herramienta, pero también en trabajar una problemática detectada que es que la mayor falencia está en la falta de habilidades blandas necesarias para vivir esta transición tecnológica”, explicó.

El impacto de la economía digital

La economista Scasserra ha investigado acuerdos comerciales internacionales y sobre todo, la agenda de comercio electrónico que se está negociando a instancias de la Organización Mundial del Comercio, impulsada por Google, Apple, Facebook, Amazon y Alibaba. “Lo que se negocia a nivel internacional son las reglas para la transferencia de datos”, explicó la economista.

Al analizar las reglas que se promueven, entendió que perjudican a las mujeres más que a los hombres de cara al futuro del trabajo.

“Se está utilizando la excusa de las mujeres para impulsar la agenda de comercio electrónico. Se dice que vendiendo a través de internet se iguala el salario porque no importa si quien vende es hombre o mujer. También que las mujeres podíamos trabajar desde nuestra casa, pero todavía haciéndonos cargo de las tareas domésticas porque somos las que estamos ahí”, sostuvo Scasserra sobre los argumentos planteados por estas compañías.

Sobre la denominada economía de algoritmos –una de las reglas fijadas en la agenda de comercio electrónico que aún no se aprobó-, la economista pidió “algoritmos diferenciados” para hombres y mujeres y citó un ejemplo.

“Hay empresas que empezaron a diseñar algoritmos para reemplazar la oficina de RRHH. Sucedió en EEUU, que se iba a contratar a aquellas personas que den con el perfil de empleado exitoso de la empresa. Exitoso se definía como aquél que se quedó en la empresa más de cinco años y que fue promovido dos veces”, contó y agregó que ese perfil “probablemente sea hombre, blanco, de hasta 35 años con estudios universitarios”, que es lo que más se repite en empresas de EEUU.


Sin embargo, a juicio de Scasserra esta realidad podría impactar en países de América Latina. “Los algoritmos dependen de cómo están programados, si tienen en cuenta estas cosas o no, pueden ir en detrimento de las mujeres”, indicó.

La agenda de comercio electrónico “arma las relaciones de trabajo del futuro”, dijo la economista. “Si yo armo la empresa moderna con reglas comerciales internacionales, estoy armando el futuro del trabajador. Hay que analizar si trabajar desde la casa vendiendo productos o servicios empodera realmente a la mujer o la limita”, resumió.

Las mujeres tendrán una doble carga trabajando desde el hogar, según Scasserra. Por un lado, tendrán el trabajo que realizan de forma freelance. Por otro lado, las responsabilidades en el hogar.
“Al estar la mujer en la casa, se tendrá que hacer cargo de su trabajo y de las tareas del hogar. Eso es lo mismo porque no se va a concentrar en lo que debería”, sostuvo.

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