31 de julio 2023 - 5:03hs

Por Alan Beattie

No puede haber muchas cumbres internacionales en las que un jefe de Gobierno se ausente por miedo a ser detenido por crímenes de guerra, pero el grupo BRICS lo ha conseguido. Vladimir Putin faltará a la reunión del mes que viene entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica en Johannesburgo porque los anfitriones, como signatarios de la Corte Penal Internacional (ICC, por sus siglas en inglés), tendrían que detenerlo en virtud de una orden de arresto por las actividades de Rusia en Ucrania. Es poco probable que él se pierda mucha sustancia política. Aparte de una gran cantidad de retórica desafiante contra el mundo rico, uno de los temas principales será la tensión escasamente disimulada en torno al papel de China.

Los países BRICS ahora se están viendo seriamente desequilibrados. Inventado, como bien se sabe, por los economistas de Goldman Sachs en 2001 como una herramienta de mercadotecnia, la agrupación se convirtió en una entidad política cuando los primeros cuatro países (Sudáfrica se unió más tarde) celebraron su primera cumbre en 2009. Dan Ciuriak — un execonomista del Departamento de Comercio de Canadá y actualmente asociado sénior del grupo de estudios Centro para la Innovación de la Gobernanza Internacional (CIGI, por sus siglas en inglés) — ha publicado un esclarecedor artículo sobre los fundamentos económicos de las naciones del grupo BRICS. Él señala que sólo una confluencia fortuita de acontecimientos a finales de la década de 1990 y en la década de 2000 hizo que el grupo pareciera vagamente igual, incluso en aspiraciones.

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A la vez que la fabricación de bajo costo de China se estaba beneficiando de las reformas económicas de Deng Xiaoping, Rusia y Brasil estaban saliendo del caos económico (Rusia tras la caída del comunismo, Brasil tras la estabilización de su moneda después de 1994) y aprovechando el auge de las materias primas de la década de 2000. India experimentó una explosión de crecimiento tras la liberalización económica que siguió a una crisis de la balanza de pagos en 1990-91. Sudáfrica se vio impulsada por el fin de la segregación racial, también conocida como "apartheid", en 1994.

Pero durante las décadas de 2000 y 2010, sólo China consiguió avanzar de forma significativa hacia el estatus de país rico adoptando avances tecnológicos para convertirse en una economía basada en el conocimiento. Los demás países siguieron atrapados en modelos de bajo crecimiento excesivamente dependientes de las materias primas, con un aparato político obstaculizado por diversas combinaciones de disfunción política y corrupción.

La economía china actualmente rivaliza con la estadounidense — es mayor en términos de paridad de poder adquisitivo — y su tamaño e ingresos financian una beligerante política exterior y militar.

La idea de una nueva moneda para el grupo BRICS, planteada en particular por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, esencialmente es una fantasía: el renminbi es la única de las cinco monedas internacionales con un papel significativo en el exterior. Los países BRICS crearon el relativamente pequeño Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), el cual, hasta la fecha, ha concedido US$32.8 mil millones en préstamos, mientras que China probablemente ha prestado alrededor de US$1 billón bilateralmente. Su Iniciativa de la Franja y la Ruta no sólo construye infraestructura y proyectos digitales, sino que también persigue el alineamiento comercial y político.

El apoyo de China a otros miembros del grupo BRICS tampoco es exactamente incondicional. Incluso dejando a un lado su antigua rivalidad militar con India, mientras China le ha brindado cobertura diplomática a Putin tras la invasión de Ucrania, Beijing está de hecho cobrando por ello al comprar petróleo ruso por debajo del precio del mercado mundial.

Geopolíticamente, China también desequilibra el club; mantiene una rivalidad económica, tecnológica y estratégica con EEUU, mientras que otros miembros del grupo BRICS intentan mantener buenas relaciones con Bruselas y Washington. Brasil quiere acceder a los consumidores europeos ultimando un acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el bloque sudamericano Mercosur; India forma parte de la alianza de seguridad cuadrilateral (Quad) de EEUU — junto con Japón y Australia — en la región Asia-Pacífico. Si Beijing intenta obligar a los demás miembros del grupo BRICS a abandonar su estrategia de no alineación, y unirse a un bando orientado a China, las tensiones en el grupo se volverán intensas.

China planteó la idea de expandir BRICS el año pasado —Sudáfrica afirma que más de 40 países están interesados en unirse — pero otros miembros actuales, incluyendo Brasil, se mostraron claramente reticentes. Si se incorporan países que tienen obligaciones con China a través de lazos de deuda o de inversión, el grupo BRICS se asemejará cada vez menos a un comité directivo de mercados emergentes y más a un club de fanáticos de un aspirante a superpotencia.

Si los miembros del grupo BRICS siguen siendo un grupo de presión unido por el resentimiento contra el prepotente poder estadounidense a través de sanciones o intervenciones militares, pueden ser cohesivos, aunque no particularmente constructivos. Si el grupo trata de operar por sí mismo, sus dispares perspectivas económicas e intereses estratégicos se convertirán en una poderosa fuerza centrífuga. Tal como lo señala Ciuriak, si se tiene una colección de mercados emergentes cuya ambición es convertirse en economías avanzadas, y sólo el más grande realmente va por buen camino, no se tiene un club cohesivo.

Ahora es sabiduría convencional decir que el grupo BRICS ha avanzado mucho desde que se constituyó como unidad política. Ciertamente, su retórica y ambición lo han hecho. La desarticulada y desequilibrada realidad tiene mucho más camino por recorrer.

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Financial Times

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