No cobrar boleto en el transporte público es una vía para disminuir el flujo de autos particulares y reducir las emisiones que dañan el medioambiente.

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Con la “tarifa cero”, casi 90 ciudades brasileñas tienen transporte de colectivos gratuitos

San Pablo, con 12 millones de habitantes, lo tiene en estudio, y hace una década hubo fuertes protestas sociales en ese estado pidiendo que se efectivice la medida
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13 de noviembre de 2023 a las 05:04

Hace una década, el aumento del precio del boleto de autobús generó grandes protestas en San Pablo, la ciudad más poblada de Brasil. En la actualidad, esa megaurbe estudia la posibilidad de que los gastos de transporte corran por cuenta del erario público.

Pero no surge de una aventura. Ya hay casi un centenar de ciudades de mucha menor talla que pusieron en práctica lo que en muy pocos países del planeta se lleva a cabo. La “tarifa cero” existe en Luxemburgo y Malta, dos pequeños países europeos que tienen sus arcas muy bien cubiertas por las facilidades financieras que les otorgan a quienes operan en esos lugares de opacidad fiscal. La Gran Manzana, Nueva York, lo aplica de manera experimental.

No cobrar boleto en el transporte público no es una medida para ganar adeptos políticos sino una vía para intentar disminuir el flujo de autos particulares en el tráfico urbano y para reducir las emisiones para dañar menos el medioambiente.

La primera experiencia en Brasil es de 1994 y fue en una pequeña ciudad del estado de Minas Gerais, Monte Carmelo, de 48.000 habitantes. Pero luego fueron más las comunidades que se volcaron a financiar el transporte con presupuesto público. “El ritmo se aceleró tanto este 2023 que yo mismo estoy sorprendido, las cosas están cambiando a mucha velocidad”, dijo el investigador de la movilidad brasileña Daniel Santini al diario español El País.

La incorporación más reciente a esa lista que ya suma 87 municipios es San Caetano do Sul, de 160.000 habitantes, en la zona metropolitana del estado de San Pablo. Se estrenaron con esta modalidad el 1° de noviembre de este año y en la primera semana los usuarios se duplicaron. Pasaron de 25.000 a 50.000.

Muchas personas que caminaban 15 cuadras para ahorrarse el boleto ahora tomaron el autobús.

El precio del transporte público es asunto sensible en Brasil, como quedó demostrado en 2013. El anuncio de que la tarifa subiría 20 céntimos en San Pablo desató las protestas que tenían como consigna “pase libre”.

Se sumaron otras demandas y las calles de esa populosa urbe estuvieron en ebullición como lo estuvo Santiago de Chile en 2019 con el precio del subterráneo. Así como en Chile fue un espaldarazo para la izquierda que permitió a Gabriel Boric convertirse en presidente, en Brasil se produjo lo inverso. Gobernaba Dilma Rousseff y el inconformismo le sumó votantes a Jair Bolsonaro.

Los colectivos de San Caetano ahora llevan un letrero que dice “Tarifa Cero”. El municipio amplió la flota y, lo mismo, se saturan de pasajeros.

En Maricá, la ciudad que recibe más regalías petroleras de Brasil, también hay colectivo gratis.

El experto en movilidad Santini advierte que las redes de transporte público en Brasil están colapsando. San Pablo es un ejemplo. “En 2013 tenía 3.000 millones de pasajeros anuales y perdió 1.000 millones desde entonces. La pandemia aceleró un declive que venía de antes”. La fuga de usuarios sucedió en muchas ciudades. Los usuarios disminuyen y sube el precio del boleto o disminuye la frecuencia.

Teresina, la capital del estado de Piaiuí, llegó a quedarse sin transporte público durante una temporada. Que el servicio sea viable requiere lograr un finísimo equilibrio. Muchos países cobran pasaje, pero dan fuertes subsidios a las empresas privadas de transporte. De lo contrario, la explosión social sería inevitable.

El alcalde de la ciudad del estado paulista de Vargem Grande, Josué Ramos, dijo a la BBC Brasil: “Es una cuestión mucho mayor que la movilidad. En cuanto implanté la ‘tarifa cero’, aumentó el gasto en el comercio, la recaudación de impuestos. Y hasta la cuestión sanitaria. Un 30% de las personas faltaba a las citas médicas porque no tenía dinero para llegar a la consulta”.

Combatir la congestión en horas pico y los accidentes, y disminuir los gases contaminantes requiere de mucho más que abaratar o hacer gratuito el pasaje. Pero es un paso fuerte de políticas públicas en un mundo que cada vez más busca refugios en las grandes urbes, valga la paradoja.

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