23 de noviembre de 2011 13:14 hs

De pequeño recorría las obras con su padre que era comerciante dedicado al rubro de la construcción. Esa influencia lo llevó a ser arquitecto, cuenta Roberto Kimelman desde el piso 11 de la Torre I del World Trade Center (WTC) Montevideo, complejo que él mismo diseñó.

El profesional empezó su carrera en Montevideo y en 1973 viajó a Israel donde completó la universidad. En 1977 regresó y abrió su propio estudio junto al arquitecto David Flom.

“Empezamos con una oficina en el subsuelo de un edificio de Yí y Soriano”, recuerda Kimelman. Su primera obra fue el Palacio de la Prensa en 18 deJulio y Martín C. Martínez ; a partir de ese momento, su portfolio comenzó a crecer.

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Tras una década en la construcción de viviendas sociales, Kilmelman se abocó a la rehabilitación de la Ciudad Vieja, misión que lo desveló varias noches, pero que recuerda como “una gran experiencia”.

En 2002, ante la crisis económica, abrió un estudio en España junto a su colega Roberto Moraes, a quien conoció trabajando en el estudio que tenía con Flom. Luego esa alianza se trasladó a Uruguay y hoy dirigen la firma KGM & Asociados, cuyo fuerte es el interiorismo. Paralelamente, continúa trabajando con David Flom, con quien comparte ambiciosos proyectos, entre ellos, el complejo WTC, que dirige su socio y amigo Carlos Lecueder.

Kimelman se continúa caracterizando por la vanguardia de sus obras, con innovaciones como los techos con jardines y las cañerías de PVC que tiene el WTC y los ascensores que viajan a 5,0 metros por segundo, que tendrá la cuarta torre del complejo.

Está convencido que “la capacidad de soñar” y el “trabajo” duro son la clave del éxito.

¿Qué ha sido fundamental para posicionarse como un arquitecto muy demandado para proyectos de gran envergadura?

El trabajo intenso. Siempre me ha tocado participar en proyectos de alta complejidad. Por ejemplo, cuando trabajamos con la Ciudad Vieja fue muy difícil convencer a todos los actores implicados en el proyecto, pero mezclar la gestión con la arquitectura me apasiona. Luego nos tocó el WTC, un desarrollo que también nos obligó a sortear dificultades que surgen cuando se trata de modelos de construcción innovadores.

¿Cómo ve el mercado inmobiliario actual?

Muy activo. Se está construyendo mucho en Montevideo y Punta del Este. Hay una mayor demanda a raíz de la crisis económica mundial. El dinero colocado en los bancos no rinde y la gente está temerosa porque le ha tocado perder mucho. Por eso prefieren comprar un inmueble. Lo ven como algo seguro. Saben que si lo alquilan reciben una renta que en un año es entre 30 y 40 veces lo que podría pagar el banco por ese dinero.
El resguardo está en los inmuebles. Igual estamos expectantes a lo que está sucediendo en el mundo, porque la situación se está complicando y no sabemos como impactará en Uruguay.

¿Cómo es su relación con el empresario Carlos Lecueder, con quien trabaja hace muchos años?

Tenemos una relación entrañable, de recíproco afecto y respeto. Además de una persona de bien, lo considero un gran creativo. Trabajamos muy cómodos juntos. A veces, cuando hay temas de costos, nos peleamos, pero siempre con mucho respeto y afecto. Lo considero un amigo y un gran emprendedor.

¿Qué aporta cada uno a los proyectos que tienen en común?

Creo que somos creativos, nos complementamos muy bien y los dos respetamos el campo de acción del otro. Nos escuchamos, analizamos las cosas en profundidad, discutimos lo que hay que discutir y siempre vamos para adelante respetando las decisiones que se tomaron en su momento. Pasamos muchas horas juntos y nunca fui a una reunión con pesar.

¿Cuál fue el proyecto más difícil que le tocó encarar?

La rehabilitación de la Ciudad Vieja. Lo hicimos motivados por una campaña que hizo el arquitecto Mariano Arana para que la población tomara conciencia de que el patrimonio inmueble de los uruguayos se estaba demoliendo. Pensamos que otros arquitectos jóvenes se iban a sumar, pero no fue así, quedamos trabajando solos diez años. En lo personal fue una experiencia maravillosa, pero a nivel económico fue ruinosa, tanto para los inversores como para nosotros mismos. Igual rescato el aprendizaje que nos dejó el proyecto y además creo que algo llegamos a aportarle a la ciudad.

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