En estos días se cumple un año desde que compré lo que entonces era el último modelo disponible de iPhone, el 5S, y de que tomé la arriesgada decisión de no ponerle una carcasa ni un film protector. Muchos me advirtieron sobre la fragilidad de su pantalla y bordes, sobre los golpes, rayaduras y quiebres que indefectiblemente iba a sufrir si no le colocaba protección extra. Durante un año tuve que soportar caras que mezclaban sorpresa y horror al ver mi smartphone desnudo, seguidas de detalladas historias de caídas con finales trágicos. Pero me mantuve firme.
Contra la carcasa y el film protector
A un año de un experimento tecnológico y sociológico, se impone la pregunta: ¿por qué colocarle una cobertura de $ 100 a un dispositivo que vale US$ 700?