Cuando los lectores tengan este ejemplar del suplemento Agropecuario en sus manos, la edición número 18 de la Expoactiva Nacional habrá entrado en su tramo final. Nada podemos comentar sobre los dos primeros días de la mayor muestra de maquinaria en movimiento –y mucho más– porque este artículo lo escribimos el martes de noche en Mercedes, luego de visitar brevemente el predio de la muestra, a escasos 24 kilómetros de la capital de Soriano.
Como el lector sabe, un temporal de viento y lluvia golpeó el lugar el fin de semana anterior, lo que provocó el derrumbe de un centenar de stands que ya se habían levantado de algunas de las casi 300 empresas que participan este año. La Asociación Rural de Soriano (ARS) sesionó de forma extraordinaria el domingo para evaluar los daños y sopesar si era necesario postergar el inicio de la muestra, algo que finalmente no se concretó.
La adversidad climática que vivió la Expoactiva Nacional sirve de ejemplo de los riesgos que corren los productores agropecuarios en una labor que al ser a cielo abierto está expuesta a los avatares del tiempo. Pero más importante ahora es resaltar la reacción de organizadores y expositores que, en lugar de bajar los brazos, se pusieron de acuerdo para seguir adelante.
Esa es la actitud que puede atribuirse como un distintivo de la ARS y las empresas que hacen posible la Expoactiva Nacional. Y el episodio trae a la memoria lo que fueron los comienzos de un emprendimiento en el que pocos confiaban o al que pocos le veían futuro.
Walter Frisch, quien fue director de la Expoactiva entre 2004 y 2009, recordó estos días a El Observador Agropecuario que las primeras tres ediciones, en 1992, 1993 y 1994, se realizaron en el establecimiento de Gonzalo Chiarino Milans, por entonces dirigente de la ARS. “Desde cero y sin plata” y con el apoyo “de cinco u ocho empresas” se concretó la idea pergeñada por los dirigentes de la gremial ruralista de Soriano.
Venciendo el descreimiento inicial, la Expoactiva Nacional se mantuvo de forma ininterrumpida hasta el año 1999. A partir de 2000 llegaron la fiebre aftosa y la crisis financiera, y la muestra no se realizó. Fueron momentos difíciles para el país y para el sector agropecuario en especial. Pasados los malos momentos, el regreso de la muestra en 2004 coincide con el inicio de un período de bonanza que se mantiene hasta la actualidad.
Los tiempos han cambiado. El desarrollo de la agricultura, de la mano de la llegada de productores argentinos, con la soja y la siembra directa, encendió un motor que hoy no quiere detenerse. En la zafra de cultivos de verano de 2003/2004, la soja empezaba un crecimiento que la llevaría de unas 79 mil hectáreas al millón de hectáreas pronosticadas para la actual campaña a punto de cosecharse.
Eso contagió a todo el sector y arrastró al resto de los cultivos de verano y de invierno que, aún con lógicos vaivenes, han situado el área de agricultura continua en 1,4 millones de hectáreas. Esa riqueza, que se suma a la que aporta la ganadería, la lechería, la forestación, los cítricos, la miel y otros rubros, ha permitido poner al agro como verdadera locomotora de la economía uruguaya en la última década.
“Cuando comenzó la Expoactiva tal vez se vendían 50 tractores al año y ahora se venden 400”, tiró el dato una fuente del sector para graficar el crecimiento de la agricultura y el papel fundamental que ha jugado la muestra que organiza la ARS, que durante cuatro días que finalizan mañana recibe a miles de visitantes del país y del extranjero. Se puede decir que es una cita obligada para exhibir lo último en maquinaria, semillas e insumos, pero también para reencontrarse una vez al año con amigos y clientes. Todo ello, contra viento y marea.