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Después de pasar gran parte de la última década en suspenso, el temor ha regresado a los mercados. La venta masiva de acciones globales de los últimos días fue la mayor desde las profundidades de la crisis financiera en 2008. La creciente preocupación por la rápida propagación del coronavirus causó una de las más rápidas correcciones de mercado en el índice de referencia S&P 500 de EEUU desde la Gran Depresión en la década de 1930.
La velocidad del declive de las acciones sugiere que puede haber razones para un repunte en los próximos días, pero también destaca que los mercados estaban en camino hacia una caída. Los inversores, acostumbrados a un entorno de tasas de interés persistentemente bajas y dinero barato de los bancos centrales, se habían vuelto complacientes y habían ignorado las crecientes señales de una desaceleración económica. Las acciones, en particular las acciones tecnológicas de EEUU, habían comenzado a verse sobrevaluadas. Una corrección era necesaria — aunque se había postergado — incluso antes del brote del coronavirus. El colapso del mercado se ha visto amplificado por el creciente dominio de los fondos de índice pasivo, así como por el comercio algorítmico.
Las anteriores ventas masivas en respuesta a una epidemia mundial de salud proporcionan sólo una idea de hacia dónde se dirigen los mercados. Una evaluación del impacto de brotes pasados en el mercado realizada recientemente por JPMorgan, incluyendo SARS y la gripe porcina, encontró que una fuerte caída inicial del mercado de valores rápidamente dio paso a una recuperación. No hay certeza de que ocurra un repunte similar esta vez. Hay nuevas preocupaciones de que los riesgos de una recesión global están aumentando. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años cayó por debajo del 1.2 por ciento el viernes por primera vez para alcanzar el 1.167 por ciento, ya que los inversores buscaron refugios seguros. Goldman Sachs advirtió que las ganancias de las compañías estadounidenses se estancarán este año.
El brote de coronavirus, y la respuesta política mundial al mismo, están creando una reacción negativa tanto en la oferta como en la demanda que reducirá el crecimiento. La fuerte actividad del consumidor ha apuntalado las economías de EEUU y la eurozona. Las restricciones de viaje, los cierres de escuelas y el aislamiento de comunidades enteras tendrán un efecto inevitable en el gasto.
Dadas las tasas de endeudamiento ya bajas, la política monetaria es limitada en lo que puede hacer para mantener la demanda debilitada y evitar problemas de liquidez. La semana pasada Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, minimizó las posibilidades de que el banco brindara una respuesta inminente al virus. Mientras tanto, Mark Carney, gobernador saliente del Banco de Inglaterra, dijo que Gran Bretaña debería prepararse para una rebaja en el crecimiento económico. La Reserva Federal señaló el viernes que estaba preparada para actuar.
A pesar de las limitaciones, los formuladores de políticas tal vez necesiten implementar herramientas de política monetaria no estándar. El banco central de Corea del Sur la semana pasada decidió no reducir su tasa de interés de referencia, pero señaló que una respuesta más efectiva en esta etapa era proporcionar apoyo a los sectores y empresas más afectados por el virus.
Un área de enfoque debería ser los mercados crediticios y las próximas renovaciones de deuda. La deuda corporativa se ha disparado en la última década. Una primera prueba podría realizarse tan pronto como a principios de junio, cuando vencerán unos US$200 mil millones en deuda en los sectores más expuestos a una desaceleración. Las líneas aéreas y los grupos de viaje en particular están preocupados por perder negocios durante la temporada de verano.
Las consecuencias económicas a largo plazo siguen siendo la gran incógnita. El número de casos nuevos en China parece haber disminuido, pero en Europa, las Américas y otros lugares han seguido aumentando. La preocupación es que el colapso del mercado se convierta en una crisis crediticia. Si eso parece probable, los responsables políticos deben mostrar que están listos para tomar medidas decisivas.